miércoles, 20 de marzo de 2013

CORRUPCIÓN

Como veníamos comentando en el post anterior, el sistema ha encontrado la vía de escape oficial con el tema de la corrupción y la necesaria regeneración política y democrática.
Los últimos acontecimientos referidos a la financiación ilegal del PP y a los, ya famosos, papeles de Bárcenas y sus sobres han vuelto a incendiar a la sociedad. Todo el peso mediático se ha centrado en ello y los grandes medios de desinformación llenan páginas y horas sobre ello (a excepción de la radiotelevisión pública fiel a su papel de altavoz oficial del régimen). Siguiendo a rajatabla las órdenes dadas desde sus cúpulas empresariales que dirigen los hilos en función de sus intereses, ya que no hay que olvidar que estos medios forman parte de grandes conglomerados multinacionales.

La idea que se está tratando de transmitir es tan simple como atractiva: el problema es la corrupción política y el deficiente sistema democrático fruto de la transición. Por tanto, la solución a todos nuestros problemas reside en arreglar esto. Así, siguiendo esta línea argumental, nos encontramos con la corrupción política generadora de una crisis de representatividad (de paso aderezado con la corrupción de la casa irreal) y un bipartidismo incapaz de seguir creando ilusiones creíbles para la población son los nuevos mártires a sacrificar en el teatro capitalista.

Seamos sinceros, la corrupción en el PP es intolerable y una muestra más del desprecio absoluto que sienten por aquellos a quien dicen representar pero, desde luego, no es la excepción dentro de la normalidad democrática en la que nos dicen que vivimos. El PP no es más que un botón de muestra, la corrupción es algo inherente al sistema capitalista.

No hay que entrar demasiado en detalle para que cualquiera pueda ver claramente que todo gobierno no es más que un órgano gestor de los intereses de los poderosos. El poder económico se sirve del político y, éste, recoge el fruto por el trabajo bien hecho. Los gobernantes, como buenos empleados, venden su fuerza de trabajo al mejor postor. Eso es todo. Unos lo llaman corrupción; otros funcionamiento normal de las dictaduras parlamentarias. No podemos esperar otra cosa de un sistema en el que todo y todos somos meras mercancías y cuyo único objetivo es el beneficio económico y la dominación. El PP es un granito más de la corrupción dentro de un sistema corrupto hasta la médula.

Un sistema político social que ensalza valores como el éxito, la competitividad, el crecimiento ilimitado, la posesión personal a través del ejercicio de la dominación y el fomento del consumo desmesurado y llevado al límite de lo absurdo lleva, irremediablemente, a la corrupción como vía rápida de conseguir todo esto. Así, el capitalismo, premia la corrupción como método a seguir en cualquier esfera de la vida.

Corrupción en la política cuando se usa el poder para el propio beneficio o el de terceros, corrupción en la esfera laboral cuando se pagan salarios de miseria y se exige la vida del trabajador, corrupción en la educación cuando se fomentan los valores capitalistas a sabiendas de que esto conlleva una sociedad desigual, corrupción en la sanidad cuando se medicaliza a las personas bajo cualquier pretexto y se ignoran los factores sociales y ambientales que nos enferman, corrupción en las relaciones sociales cuando se intenta aparentar lo que no se es a base de posesiones materiales sin sentido, corrupción en la justicia cuando sistemáticamente se criminaliza a la gente que lucha, corrupción en la universidad cuando la intelectualidad justifica y legitima un sistema criminal, corrupción en los servicios sociales al permitir la miseria oficializada en lugar de denunciar la injusticia social, corrupción en los medios de comunicación cuando sirven de altavoz del poder en lugar de avanzadilla de la sociedad, corrupción en los cuerpos policiales y militares que defienden los intereses del poder a sangre y fuego,…

Por eso, el poder pretende centrar toda la rabia y el desengaño de la gente en  la corrupción política, porque así mantiene intactos todos los otros ámbitos de corrupción, que son mucho más importantes para el buen funcionamiento del sistema. Al fin y al cabo un gobierno es lo más fácil de sustituir (incluyendo la jefatura de estado si hace falta). Si el PP no resiste el desgaste, se podría dar un par de situaciones que el sistema contempla: elecciones anticipadas con un más que previsible gobierno PPSOE puesto que no hay alternativa viable en la actualidad; o bien, un gobierno de tecnócratas impuesto por la Troika. La estrategia está servida: como siempre, el sistema se adelanta a los acontecimientos y lo hace antes de que tanta indignación y rabia se autoorganice creando una red de poder popular (cosa en mi opinión todavía poco probable pero, desde luego, para nada imposible). No hay que olvidar que todo el asunto lo destapa El País que es la voz oficial del capitalismo en España y lo secunda El Mundo que, además, aglutina al sector más nacionalista del sistema. Por tanto, parece claro que la elección del momento no parece casual.

Sin embargo, como cada vez que el poder se descubre, abre una ventana a la oportunidad de la respuesta popular y eso es algo que no podemos desaprovechar. Si la chispa que lance definitivamente a la gente a la calle son los sobres y la corrupción del PP, pues que sea. Pero que no se pierda la perspectiva de lo que realmente es el problema: el Capitalismo.
 

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