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jueves, 5 de noviembre de 2015

¿Es el apoyo mutuo un juicio racional o una habilidad espontanea?

Si hay algo que puede caracterizar a la tradición filosófica occidental dominante, de acuerdo al biólogo Francisco Varela es su tendencia a la abstracción, un habito caracterizado por ir hacia lo más general, formal, lógico y bien representado, básicamente establecer principios generales que poder aplicar a distintas clases de situaciones. En este sentido las ciencias cognitivas poco a poco se han percatado que el problema ha sido planteado al revés, arribando a la tesis de que las unidades de conocimiento son de naturaleza concreta y encarnada, totalmente vivas, enmarcada en su historia y contexto especifico, en que este giro a lo concreto no es un transitar a algún lugar, es simplemente como llegamos y donde permanecemos en el acto de vivir.
Las premisas centrales serian:
- La cognición proviene del tipo de experiencia asociada a tener un cuerpo con diversas habilidades sensorio-motrices
- Las habilidades sensoriomotrices están acopladas o insertas a un contexto biológico y cultural más amplio.
Estas ideas implican que nuestra percepción es acción perceptualmente guiada y que la cognición surge de esquemas sensoriomotrices recurrentes que nos guían perceptualmente, básicamente somos aquello que hacemos, de ahí la preponderancia del control social en las sociedades jerarquizadas de introducir condicionamientos en términos de pautas conductuales, afectivas e ideacionales, amóldanos a un conjunto de microidentidades que conforman un “yo” basado en el miedo y la administración de nuestros deseos.
Una prueba de lo anterior es un experimento con gatos recién nacidos criados en la oscuridad, al ser expuestos a un entorno visual unos fueron sobre un carro y otros tiraban del carro, es decir tenían la misma experiencia visual, sin embargo al ser bajados del carro, estos chocaban con las cosas y perdían el equilibrio, a diferencia de los que tiraban del carro que se movían sin dificultad. Esto demuestra que no extraemos para procesar características visuales del entorno, si no que estas se forman como acción guiada visualmente, Varela comenta de la obtención de resultados similares a un a nivel de una sola célula.
El punto clave es que la percepción determina principios recurrentes de interacción entre lo sensorial y lo motriz reajustándose con cada situación ambiental, las que a su vez están sufriendo constantes variaciones. En el caso de seres humanos ha sucedido algo similar cuando a personas ciegas se les han puesto cámaras de video que estimula la piel mediante vibraciones activadas eléctricamente, al cabo de unas horas la persona ya no identificaba las sensaciones como corporales, si no como imágenes proyectadas en el espacio de la cámara de video por esta “mirada” dirigida corporalmente, por los movimientos que realiza con sus manos o la cabeza, de esta forma tiene que ser plenamente activo, para tener la sensación de objetos ahí “afuera”.
Varela cita como antecedente al filósofo chino Meng Tzu o Mengcius (Siglo IV A.C) para enmarcar la dimensión ético-social de estos hallazgos: Este filosofo planteaba la idea de “extensión “es decir trasladar conocimientos y sentimientos en que la situación es considerada correcta a otra situación análoga, lo que además implica el deseo de hacerlo y la atención para poder reconocer la situación. En este punto es interesante recordar que el físico David Bohm planteaba que la creatividad es reconocer diferencias en lo que aparece como similar y similitudes en lo aparentemente diferente, por lo que la creatividad y la empatía estarían relacionadas con respecto a su versatilidad.
Volviendo a Meng Tzu la idea es utilizar las capacidades naturales para poder atender a los objetos concretos, lo que se opone a la tradición occidental en el sentido de aplicar reglas o principios generales. En el caso de Meng Tzu una atención detallada no forzada de la situación concreta, puedo trasladarla o “extenderla” a otras, algo así como el concepto contemporáneo de transferencia del aprendizaje de la psicología, entonces la habilidad decisiva seria apreciar correspondencias y afinidades, comprendiendo la situación como un todo, antes que recluirla en la dimensión abstracta de un análisis de categorías conceptuales. De esta forma una acción ética de solidaridad o apoyo mutuo está centrada en la descripción correcta de la situación y la acción que surge en forma espontanea.
Para Meng Tzu hay otros requisitos para que la acción pudiera ser considerada como ética, ya que para que la respuesta sea espontanea, esta no puede surgir ni del habito o de una costumbre, cumplimiento de reglas o por alguna ganancia, solo del proceso de extensión, vinculado a la atención necesaria que describe en forma correcta la situación, cuando esta acción es espontanea, el individuo ya no actúa en forma ética más bien es la encarnación de dicha ética.
Como esta encarnación de una conducta ética no sigue reglas previas, si no que es fruto de la flexibilidad que demanda la situación descrita en forma atenta, esta no siempre puede ser del todo comprensible para un tercer observador y parecer a simple vista algo loco o una sabiduría loca como la denominan en algunas escuelas de la filosofía budista. Esta flexibilidad que vincula empatía y la creatividad es lo que distinguen como “sabiduría” o prajña y que para otros como Krishnamurti no es algo cultivable en el tiempo, si no que tiene que ver con un radical silenciamiento de la mente en el ahora para comprender con la atención necesaria.
La idea de Meng Tzu es una vía intermedia entre una espontaneidad más bien burda ligada al mero reflejo automático en que no interviene la razón y otra en que la razón en forma abstracta calcula fines y medios. La propuesta de Meng Tzu para Varela se manifiesta como un equilibrio en que nuestra inteligencia, guía nuestros actos pero jamás pierde la textura concreta de la situación, una integración afectivo-racional, lo que a su vez permite que una acción ética que aparece desde una espontaneidad fruto de la comprensión total de la situación, pueda ser reconstruida a posteriori por quien la ejecuto y explicar su sentido. En el taoísmo de Lao Tse existe la misma idea en el concepto de Wu wei que se expresa en términos de paradojas, al igual que en Nagarjuna con el fin de detener el curso habitual del pensamiento, permitiendo actuar en forma espontanea pero desde un campo de reflexividad más amplio, es el mismo principio de comprensión de las artes marciales que por ejemplo planteo Bruce Lee, en que mas que adquirirse algo como un virtuosismo en el arte marcial o en la ética, se buscaba la causa de la ignorancia, es decir es una acción sin esfuerzo. Varela lo plantea con la imagen de en vez de realizar una ejecución cada vez mejor de un instrumento musical con su afinación. 
Esta actividad aparentemente “no intencional” no quiere decir caótica o azarosa si no en la extensión y atención adecuadas, porque en realidad vamos descubriendo que pocas veces somos conscientes de una serie de actos automáticos, tales como vestirse, comer, creer que lo que una autoridad dice es verdad solo por ser autoridad,etc.

martes, 23 de septiembre de 2014

Utopodcast - Utilidad Marginal


En este audio y en compañía de Carlos (letrista de Dialectica Revolucionaria y buen amigo), reflexionamos y criticamos esta teoría fundamental de la escuela austriaca de economía. Para ello nos valemos de la exposición dada por Jesús Huerta de Soto, difusor y defensor de esta teoría. Dejamos los links al material de referencia y consulta: 

viernes, 12 de septiembre de 2014

Mundo anti-socrático: Nadie se huele su propia mierda

Un texto genial!!
 Koan 
 
“La ignorancia frecuentemente proporciona más confianza que el conocimiento”
Charles Darwin
“Uno de los dramas de nuestro tiempo está en que aquellos que sienten que tienen la razón son estúpidos y que la gente con imaginación y que comprende la realidad es la que más duda y más insegura se siente”.
Bertrand Russell
“Al menos el 80% de la población piensa que esta entre el 20% más inteligente.”
Principio de Meta-Pareto
Parte de mi actividad destinada a “perder” mi tiempo libre lo insumo en reflexionar, casi en clave resentida, sobre el devenir de nuestra civilización. En esa línea, y fruto de ese tiempo diletante, concluí resumiendo que:
¿Será que la ignorancia es una nueva fuente de poder? Si, ciertamente, vivimos en un mundo verdaderamente anti-socrático en el que, contrariamente a la prédica que reza que el que más sabe tenderá a ponderar su experiencia como insuficiente, percibo que nos hemos convertido en individuos que, para posicionarnos en este mundo que hace de nosotros un producto comercial, tendemos a vanagloriarnos de nuestra experta-falsa sapiencia. Para ello, nos valemos del conocimiento o si es posible cercanía de las celebrities estelares que habitan los mundos temáticos de nuestro acontecer.
Aprovechamos la fama o, aunque más no sea, las frases o textos de otros a los que citamos para incubrir nuestra incultura. Nos valemos de citar a personajes famosos como una forma de absorber la fama que detentan y, si logramos publicar una selfie junto a ellos, mucho mejor aún. Si, dado que la honestidad intelectual no vende, nos hemos visto obligados a jactarnos de nuestra supuesta potenciada erudición.
En efecto, la red nos ha convertido a todos en “eruditos de medio pelo“, en habilidosos copy-cats de lo ajeno, en sapatrascas vendedores de saberes que no tenemos sino que copiamos, en relatores de PPTs basados en el conocimiento de otros a quienes no estamos dispuestos a reconocer y menos agradecer a menos que se trate de una gran celebrity cuya original cita nos beneficie por la irradiación de su influencia.
El actual sistema de interacción social tan viciado de marketing, tan colmado de careteada trucha nos ha vuelto a todos vendedores de espejitos de colores cuando no, de humo, y para ello, coaching o autocoaching mediante, nos hemos visto movidos a adaptar nuestro nivel de discurso a una liviana erudición amalgamada con buena onda, a convertirnos en exudadores de psicología positiva, en evangelistas de la (falsa) felicidad cuyo testimonio queda reflejado en esa hipócrita y deslucida sonrisa que cuelga de nuestros rostros a la hora de pretender algo (interesado) en el otro.
La meritocracia del autobombo con sonrisa de oreja a oreja, como forma de posicionamiento chupaplata, la mediocridad complaciente y liviana al servicio de la sugestión grupal, no para atender las necesidades de las personas sino para venderle “supuesto valor” a un mercado de incautos” colmado de competencia que conviene imitar pero ocultar.
Qué tiempos locos estos… en el que todos nos hemos vuelto vendedores de buzones de conocimiento… Viene a mi mente el personaje de Carolyn Burnham, la esposa de Lester, magistralmente interpretada por Annette Bening en la película American Beauty, esa ambiciosa vendedora inmobiliaria a la que sólo le importa el éxito profesional (a riesgo de sacrificar su esencia y la de otros) y para ello procura transmitir un semblante de éxito y buenaventura que la lleva a afirmar que «su compañía vende una imagen y es parte de su trabajo vivir esa imagen»…

Como nota al pie, resulta interesante destacar que la rosa de “American Beauty” es una variedad de rosa cultivada artificialmente para tener una apariencia perfecta. Tal como lo expresa la entrada de la Wikipedia, en las rosas, que aparecen en numerosos pasajes de la película, queda representada la “falsa belleza”, belleza que es sólo apariencia…
Lamentablemente nos hemos dado cuenta de que nuestro ilimitado acceso al conocimiento de otros nos permite moldear nuestro perfil profesional al punto de equipararnos a los verdaderos expertos, con la diferencia de que esos sabios, aquellos que realmente han absorbido saberes verdaderos, probablemente, terminen olvidados opacados por su inhabilidad de vender. Pues, a mayor sabiduría, mayores son las dudas y menores las certezas que se puedan expresarle a un mundo ávido de respuestas sean estas o no verdaderas… ¡¡Bravo, bravo, bravo carajo!!...que contundencia!, buumm!!!...Koan

Soy tan experto en mis saberes fragmentarios, soy tan sabio en mi semblante vendedor que hasta puedo darme el lujo de citar, cual magnánimo erudito, a “mis grandes amigos” David Dunning y Justin Kruger, esos interesantes investigadores de la Universidad de Cornell, quienes, si mal no recuerdo, hace ya unos cuántos años publicaron en el Journal of Personality and Social Psychology, el trabajo:
[Probablemente, ellos nunca se enteren de mi existencia, sin embargo y dado que me quiero posicionar marketineramente, no está mal citarlos como si fueran mis "grandes amigos".
No le digan a nadie que llegué a ellos a través de un tweet de Mikel Uriguen:
Sean uds. ahora cómplices de esta mi picardía: ellos no tienen por qué enterarse de esto. Vivimos en la Era de la Colaboración (y, agrego yo, de los oportunistas lameguita como yo). Así que no le digan a Mikel y a Jesús de la Gándara, autor del post de la Revista @hyperbolemag que les estoy robando el dato así termino pareciendo, a la vez, original y erudito … ]
[Copio ahora a la Wikipedia, pero de ello ustedes ni tienen por qué enterarse…].
Déjenme contarles que el efecto Dunning-Kruger es un sesgo cognitivo según el cual los individuos con escasa habilidad o conocimientos sufren de un efecto de superioridad ilusorio que los hace considerarse más inteligentes que otras personas más preparadas, incorrectamente midiendo su habilidad por encima de lo real.
Según lo afirman mis grandes amigos Dunning y Kruger, que ganaron el premio Ig Nobel en el año 2000 por su trabajo, este sesgo, es atribuido a una inhabilidad meta-cognitiva del sujeto de reconocer su propia ineptitud, debido a que su habilidad real debilitaría su propia confianza y, ahora agrego yo, su capacidad de venderle a un mercado ávido de certezas. Los individuos competentes, es decir esos contra quienes tenemos que competir, suelen asumir que los otros tienen una capacidad o conocimiento equivalente al suyo dado que, el gran conocimiento que poseen, los sume en una espiral de dudas que los inactiva a vender sus saberes y a la vez, por saber tanto, se convierten en una amenaza competitiva potencial ante el ladrinculto. Déjenme explicar mi punto:

La verdad sobre la violencia

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Se trata de un tema incómodo.
Un asunto que nadie quiere afrontar y que provoca respuestas automáticas, cargadas de miedo y sentimientos de culpabilidad, fruto de la programación mental a la que todos estamos sometidos.
Y es que éste, no es un tema nada fácil de abordar.
Exige valentía y una mente abierta para enfrentarnos a cosas que no queremos ver y que nos sitúan frente al espejo…
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PONGAMOS LAS COSAS EN SU LUGAR
Nos guste o no, la naturaleza está repleta de violencia.
El león devora a la gacela, el gorila dominante del grupo reprime duramente a los machos aspirantes, el mosquito agujerea nuestra piel y la vaca arranca y mastica la hierba a su paso.
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Todo ello son acciones violentas que implican el uso de la fuerza contra la voluntad de otro organismo.
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Todo ello implica causar dolor a otros seres vivos por conveniencia propia.
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Así es la naturaleza en estado puro.
Por esa razón, cuando alguien “condena la violencia”, o dice que “la violencia no conduce a ninguna parte”, simplemente está haciendo el ridículo.
Condenar la violencia es como condenar la ley de la gravedad. (y podríamos hacerlo: al fin y al cabo, la ley de la gravedad ha matado a muchas personas buenas e inocentes que no habían hecho daño a nadie)
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Lo miremos por donde lo miremos, condenar la violencia como concepto es caer en el absurdo más sonrojante.
Ciertamente, la mayoría de nosotros no querríamos que las cosas fueran así, empezando por quien escribe estas palabras.
Preferiría vivir en un mundo donde los intercambios biológicos de materia y energía o las dinámicas de poder o defensa del territorio fueran muy diferentes. Un universo espiritual en el que los seres vivos no se perjudicaran entre sí y en el que intercambiasen energía y materia de forma placentera, formando una red simbiótica y armónica perfectamente equilibrada, donde jamás hicieran acto de presencia ni el dolor ni la muerte.
Pero si eso existe, debe ser en otra dimensión o en otro universo.
Aquí y en este planeta, reina el intercambio violento y doloroso de energía y materia.
Y no podemos cerrar los ojos a estas dinámicas naturales.
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Como decíamos en anteriores artículos, es como estar encerrado en una habitación con un lobo hambriento. No te servirá de nada hablarle de “pacifismo” y decirle que “la violencia no lleva a ninguna parte”.
En estas circunstancias, el que está fuera de lugar eres tú, no el lobo.
Eres tú el que debe adaptarse a las circunstancias del momento.
Los conceptos de “pacifismo”, “convivencia” o “moralidad” son abstracciones que solo viven en el interior de tu cabeza.
El lobo no los necesita. Tiene hambre y fuerza. Punto final.
Pero en todo caso tranquilo, si lo deseas puedes seguir siendo “pacifista”…mientras te arranque la carne a mordiscos y triture tus tendones, siempre podrás pensar en Gandhi, Jesucristo y la Madre Teresa de Calcuta. Eso no te lo quita nadie…

cleon_peterson_daybreak_16x16_med_web_008Violencia y manipulación
Lo difícil de asumir, en definitiva, es que la violencia, en sí misma, no es ni buena ni mala y que calificarla de una u otra manera, depende de valoraciones abstractas inventadas por nosotros mismos.
Todo esto puede parecer muy obvio, pero en realidad determina todos los aspectos alrededor de este tema.
Porque el Sistema ha sustituido el concepto natural de violencia que todos llevamos instintivamente arraigado a nivel biológico por un nuevo concepto abstracto y distorsionado de “violencia”, creado ex-profeso con el fin de impedir que los individuos recurran a su instinto violento como medio de autodefensa ante la agresión.
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Es como si el lobo de la habitación, al ver que agarramos un garrote para defendernos, se nos acercara, lentamente, y nos dijera con voz suave: “la violencia es mala y no lleva a ninguna parte…¿no te da vergüenza?”
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EL CONTROL DE LAS DEFINICIONES

 
Quien domina las definiciones, domina el mundo.
Porque quien controla las definiciones, controla las mentes y controla las creencias de la sociedad.

Controlar las definiciones significa manipular los conceptos, el nombre que se les asigna, su sentido, sus límites y ante todo, los valores que se les asocian.
Y una vez hecho eso, obligar a los demás a acatarlos como si fueran la única verdad posible y aceptable.
En eso consiste el ejercicio del poder.
Y el caso de la violencia es un claro exponente de ello.

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La violencia siempre es justificable
 

Esto es algo que mucha gente se niega a comprender, a pesar de que la historia está repleta de ejemplos que lo demuestran.
Todas las guerras y actos violentos, sean los que sean, han sido debidamente justificados por ambos bandos en su momento.
Los Romanos extendieron su Imperio a través de la violencia, pero lo justificaron bajo el pretexto de la civilización, el progreso y la pacificación.
Alejandro Magno extendió su imperio de forma violenta, luchando contra la maldad inherente del Imperio Persa y buscando unificar el mundo conocido bajo las bondades de la Civilización Helénica.
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El Comunismo extendió sus dominios de forma violenta luchando por los derechos del proletariado y contra la opresión capitalista, mientras el Imperio Americano ha justificado todo tipo de guerras, crímenes y saqueos con el subterfugio de extender la libertad y la democracia.
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Y es que encontraremos este tipo de justificaciones en todos los casos habidos y por haber, desde el imperio más grande hasta el grupúsculo armado más pequeño.
Y eso nos arroja una conclusión: la violencia se cataloga de justificable o injustificable dependiendo del bando elegido en cada ocasión.
En consecuencia, queda claro que el bando ganador o dominante, es decir, el que tenga más poder, siempre encontrará plena justificación a su actitud violenta, hasta convertirla en algo legítimo y denostará la violencia del que se le oponga, catalogándola de actitud criminal e ilegal.
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Este es el gran truco del macho alfa
Fue un gran salto intelectual, sin lugar a dudas.
Un día, el macho alfa descubrió que quién domina las definiciones domina la manada. Y para conservar su poder, cambió el significado de las palabras a su conveniencia.
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Su actitud violenta pasó a ser llamada “la ley” y la justificó calificándola de “defensa legítima del orden y el bien común”; y en contraposición, tildó la actitud violenta de todo aquél que se le opusiera de “violencia injustificada”.
Una vez establecidas estas definiciones, solo tuvo que inculcar por la fuerza a los demás miembros del grupo que “la violencia es algo malo” para conseguir que cualquiera que se le opusiera, recibiera el rechazo unánime de la mayoría.

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Y no solo eso: con el paso del tiempo y gracias a la criminalización del concepto “violencia”, cualquier miembro del grupo acabaría desarrollando un fuerte sentimiento de culpa cada vez que se planteara actuar usando la fuerza.
Una jugada perfecta que derivó en lo que todos conocemos: el monopolio de la violencia del Estado.

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Lo vemos cada día en los medios
Este truco lo vemos reflejado diariamente en los grandes medios de comunicación y más específicamente expresado cuando se producen disturbios en las manifestaciones.
Fijémonos en las palabras utilizadas por los periodistas, un auténtico manual de la manipulación del lenguaje y de la mente del espectador.
A los manifestantes que actúan violentamente, los periodistas los llaman “los violentos”.

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Se trata de un truco maravilloso, porque al llamarlos así, implícitamente se está dando a entender que los únicos que usan la violencia son los manifestantes.
Sin embargo, cuando un policía dispara balas de goma o golpea con una porra también está utilizando la violencia, exactamente igual que un manifestante que arroja piedras o un cóctel Molotov.
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La verdad es que ambos bandos utilizan la violencia para alcanzar objetivos diferentes.
Catalogar solo a uno de los dos bandos de “violento” es manipular el lenguaje y a los espectadores intencionadamente (algo que por otro lado, no debería extrañarnos, pues hace tiempo que la manipulación social es el único cometido del periodismo)
De la misma manera, cuando en una manifestación se habla de “los encapuchados”, se vuelve a recurrir al mismo tipo de manipulación.
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Los manifestantes que actúan violentamente ocultan su identidad con el fin de no ser identificados, salvaguardar su seguridad y evitar represalias posteriores de las autoridades.
Exactamente lo mismo que hacen los agentes antidisturbios: actúan violentamente y ocultan su identidad con el fin de salvaguardarse de represalias posteriores por parte de la población.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

¿Por qué no estalla una Revolución?

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¿Te has preguntado alguna vez porqué nadie reacciona ante la infame oleada de opresión y abusos de todo tipo que estamos sufriendo?

¿No te produce perplejidad el hecho de que tras tantas y tantas revelaciones sobre casos de corrupción, injusticias, robos y burlas a la ley y a la población en general, a la cual se le ha robado literalmente el presente y el futuro, no suceda absolutamente nada?
¿Te has preguntado porqué no estalla una revolución masiva y por qué todo el mundo parece estar dormido o hipnotizado?
Estos últimos años se han hecho públicas informaciones de todo tipo que deberían haber dañado la estructura del Sistema hasta sus mismísimos cimientos y sin embargo la maquinaria sigue intacta, sin ni tan solo un arañazo superficial.
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Y esto pone de manifiesto un hecho extremadamente preocupante que está sucediendo justo ante nuestras narices y al que nadie parece prestarle atención.

El hecho de que SABER LA VERDAD YA NO IMPORTA



Parece increíble, pero los acontecimientos lo demuestran a diario.
La información ya no tiene relevancia
Desvelar los más oscuros secretos y sacarlos a la luz ya no produce ningún efecto, ninguna respuesta por parte de la población.

Por más terribles e impactantes que sean los secretos revelados.
Durante décadas hemos creído que los luchadores por la verdad, los informadores capaces de desvelar asuntos encubiertos o airear los trapos sucios, podían cambiar las cosas.
Que podían alterar el devenir de la historia.

De hecho, hemos crecido con el convencimiento de que conocer la verdad era crucial para crear un mundo mejor y más justo y que aquellos que luchaban por desvelarla eran el mayor enemigo de los poderosos y de los tiranos.
Y quizás durante un tiempo ha sido así.
Pero actualmente, la “evolución” de la sociedad y sobretodo de la psicología de las masas nos ha llevado a un nuevo estado de cosas.
Un estado mental de la población que no se habría atrevido a imaginar ni el más enajenado de los dictadores.
El sueño húmedo de todo tirano sobre la faz de la tierra
: no tener que ocultar ni justificar nada ante su pueblo.
Poder mostrar públicamente toda su corrupción, maldad y prepotencia sin tener que preocuparse de que ello produzca ningún tipo de respuesta entre aquellos a los que oprime.

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Ésta es la realidad del mundo en el que vivimos.
Y si crees que esto es una exageración, observa a tu alrededor.
El caso de España es palmario.
Un país inmerso en un estado de putrefacción generalizado, devorado hasta los huesos por los gusanos de la corrupción en todos los ámbitos: el judicial, el empresarial, el sindical y sobretodo el político.
Un estado de descomposición que ha rebosado todos los límites imaginables, hasta salpicar con su pestilencia a todos los partidos políticos de forma irreparable.
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Y sin embargo, a pesar de hacerse públicos de forma continuada todos estos escándalos de corrupción política, los españoles siguen votando mayoritariamente a los mismos partidos, derivando, como mucho, algunos de sus votos a partidos subsidiarios que de ninguna manera representan una alternativa real.
Ahí está el alucinante caso de la Comunidad Valenciana, la región más representativa del saqueo desvergonzado perpetrado por el Partido Popular y donde, a pesar de todo, este partido de auténticos forajidos y bandoleros sigue ganando las elecciones con mayoría absoluta.
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Una vergüenza inimaginable en cualquier nación mínimamente democrática.
Y desgraciadamente, el caso de Valencia es solo un ejemplo más del estado general del país: ahí tenemos el indignante caso de Andalucía dominada desde hace décadas por la otra gran mafia del estado, el PSOE, que junto con sus socios de los Sindicatos y el apoyo puntual de Izquierda Unida han robado a manos llenas durante años y años.
O el caso de Cataluña con Convergencia y Unió, un partido de elitistas ladrones de guante blanco, por poner otro ejemplo más.
Y es que podríamos seguir así por todas las comunidades autónomas o por el propio gobierno central, donde las dos grandes familias político-criminales del país, PP y PSOE, se han dedicado a saquear sin ningún tipo de recato.
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Y a pesar de hacerse públicos todos estos casos de corrupción generalizada; a pesar de revelarse la implicación de las altas esferas financieras y empresariales, con la aquiescencia del poder judicial; a pesar de demostrarse por activa y por pasiva que la infección afecta al Sistema en su generalidad, en todos los ámbitos, imposibilitando la creación de un futuro sano para el país; a pesar de todo ello, la respuesta de la población ha sido…no hacer nada.
La máxima respuesta de la ciudadanía ha sido “ejercer el legítimo derecho de manifestación”, una actividad muy parecida a la que hace la hinchada cuando su equipo de fútbol gana una competición y sale en masa a la calle para celebrarlo.manifestaciones y celebraciones deportivas
Es decir, nadie ha hecho nada efectivo por cambiar las cosas, excepto picar cacerolas.
Y el caso de la corrupción política desvelada en España y la nula reacción de la población es solo un ejemplo de entre muchos tantos a lo largo y ancho del mundo.
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Ahí está el caso del deporte de masas, azotado como está por la sospecha de la corrupción, de la manipulación y del dopaje y por la más que probable adulteración de todas las competiciones bajo el control comercial de las grandes marcas…y a pesar de ello, sus audiencias televisivas y su seguimiento no solo no se ve afectado, sino que sigue creciendo cada vez más y más y más…
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Pero todos estos casos empequeñecen ante la gravedad de las revelaciones hechas por Edward Snowden y confirmadas por los propios gobiernos, que nos han dicho, a la cara, con luz y taquígrafos, que todas nuestras actividades son monitoreadas y vigiladas, que todas nuestras llamadas, nuestra actividad en redes sociales y nuestra navegación en Internet es controlada y que nos dirigimos inexorablemente hacia la pesadilla del Gran Hermano vaticinada por George Orwell en “1984”.
Y lo que es más alucinante del caso: una vez “filtradas” estas informaciones, nadie se ha preocupado de rebatirlas.
¡Ni mucho menos!
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Todos los medios de comunicación, los poderes políticos y las grandes empresas de Internet implicadas en el escándalo han confirmado públicamente este estado de vigilancia como algo real e indiscutible.
Como mucho han prometido, de forma poco convincente y con la boca pequeña que no van a seguir haciéndolo…
¡Incluso se han permitido el lujo de dar algunos detalles técnicos!
¿Y cuál ha sido la respuesta de la población mundial cuando se ha revelado esa verdad?
¿Cuál ha sido la reacción general al recibir estas informaciones?
Ninguna.
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Todo el mundo sigue absorto con su smartphone, sigue revolcándose en el dulce fango de las redes sociales y sigue navegando las infestadas aguas de Internet sin mover ni una sola pestaña…
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Así pues, ¿De qué sirve saber la verdad?
En el caso hipotético de que Edward Snowden o Julian Assange sean personajes reales y no creaciones mediáticas con una misión oculta, ¿De qué habrá servido su sacrificio?
¿Qué utilidad tiene acceder a la información y desvelar la verdad si no provoca ningún cambio, ninguna alteración, ni ninguna transformación?
¿De qué sirve saber de forma explícita y documentada que la energía nuclear solo nos puede traer desgracias, como nos demuestran los terribles accidentes de Chernobyl y Fukushima, si tales revelaciones no surten ni el más mínimo efecto?
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¿De qué nos sirve saber que los bancos son entidades criminales dedicadas al saqueo masivo si seguimos utilizándolos?
¿De qué nos sirve saber que la comida está adulterada y contaminada por todo tipo de productos tóxicos, cancerígenos o transgénicos si seguimos comiéndola?
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¿De qué nos sirve saber la verdad sobre cualquier asunto relevante si no reaccionamos, por más graves que sean sus implicaciones?
No nos engañemos más, por duro que sea aceptarlo.
Afrontemos la realidad tal y como es.

En la sociedad actual, saber la verdad ya no significa nada.
Informar de los hechos que verdaderamente acontecen, no tiene ninguna utilidad real

Es más, la mayoría de la población ha llegado a tal nivel de degradación psicológica que, como demostraremos, la propia revelación de la verdad y el propio acceso a la información refuerzan aún más su incapacidad de respuesta y su atonía mental.
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La gran pregunta es: ¿POR QUÉ?

¿Qué nos ha conducido a todos nosotros, como individuos, a este estado de apatía generalizado?
Y la respuesta, como siempre sucede cuando nos hacemos preguntas de este calado, resulta de lo más inquietante.
Y está relacionada, directamente, con el condicionamiento psicológico al que está sometido el Individuo en la sociedad actual.
Pues los mecanismos que desactivan nuestra respuesta al acceder a la verdad, por más escandalosa que ésta resulte, son tan sencillos como efectivos.
Y resultan de lo más cotidiano.

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Simplemente todo se basa en un exceso de información.
En un bombardeo de estímulos tan exagerado que provoca una cadena de acontecimientos lógicos que acaban desembocando en una flagrante falta de respuesta.
En pura apatía.

Jonestown: Religión y socialismo

Estos muchachones de la UNAM, son más tibios, burguesitos y sosos que el carájo (no sé si porque son hijitos de su alma máter), ¡mira que comparar al socialismo con Jonestown!; lo entiendo del escritorsucho economista gringo, pero no de dos chavales que supuestamente son universiatrios y prtenden informar con la verdad; pero en fin, dan algunos datos...

lunes, 11 de agosto de 2014

Elogio de la holgazanería: ¿por qué el mundo iría mejor si fuésemos bastante más vagos?

“Debemos construir la habilidad de ser nosotros mismos y no hacer nada. Eso es lo que los teléfonos han hecho desaparecer. La capacidad de estar quietos. Es en lo que consiste ser una persona”. 
Con esta cita del cómico Louis C.K., el científico y escritor Andrew J. Smart ilustra uno de los grandes problemas del ser humano en el siglo XXI: la necesidad autoimpuesta de estar permanentemente ocupados. El ocio es el enemigo, algo que nos detiene en la conquista de nuestros objetivos y que puede acabar con nuestro bienestar material. Sin embargo, el esfuerzo continuo no nos hace más felices, ni siquiera nos permite conseguir mejores resultados. Simplemente, acaba con nuestra creatividad, con nuestra felicidad y nuestra humanidad.
Smart acaba de publicar en España El arte y la ciencia de no hacer nada. El piloto automático del cerebro (Clave Intelectual), en el que explica desde un punto de vista neurológico –aderezado con observaciones literarias y filosóficas– por qué deberíamos empezar a no hacer nada. En primer lugar, porque, como explica a El Confidencial, “el cerebro es una maravilla compleja y no lineal que siempre está activa”. Hay partes de nuestro cerebro, como el córtex prefrontal, que se activan cuando no hacemos nada y que “te permiten acceder a tu inconsciente, tu creatividad y tus emociones”. Perder el tiempo potencia nuestras habilidades, nos ayuda a conocernos y a sentirnos en paz. La conclusión, para Smart, está clara: “Es aceptable ser vago”.

El hombre no nació para trabajar
Se trata de una idea que lleva circulando desde hace mucho tiempo en la neurociencia y que ha formado parte de la cultura durante siglos. El descanso era tan consustancial a la vida diaria como el trabajo. Sin embargo, la revolución industrial, el capitalismo, la urbanización de la sociedad y la globalización han cambiado las costumbres del individuo y han convertido el tiempo en el bien más preciado. Por el contrario, la vaguería (o, mejor dicho, la ociosidad) es hoy en día un importante tabú. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

La ética protestante, heredada por el capitalismo, comenzó a cambiar las tornas respecto al trabajo, que durante siglos había sido considerado un castigo divino. “Lutero pensaba que los pobres eran vagos y necesitaban ser castigados con el trabajo duro”, explica Smart. “En el libro hablo de nuestro pasado evolutivo, y cómo el ocio era necesario para recuperarse después de cazar y escapar de depredadores”. Sin el descanso, habría sido imposible que el ser humano mantuviese todas las exigencias físicas de un mundo dominado por la naturaleza. “Hoy en día no tenemos que hacer nada físico para sobrevivir excepto caminar al coche, pero quizá la compulsión de estar ocupados esté relacionada de alguna manera con ello”.
Durante siglos, se pensó que el desarrollo tecnológico permitiría al ser humano disponer de más tiempo libre. “Los radicales del siglo XIX como Marx o Bakunin apostaban por una sociedad basada en el ocio”, recuerda Smart. “Economistas mainstream como Keynes pensaban que hoy en día tendríamos una jornada laboral mucho más corta, y Oscar Wilde escribió que los pobres debían ser liberados por las máquinas”. Sabemos perfectamente que no sólo no trabajamos menos, sino que la tecnología ha provocado que dediquemos las 24 horas del día al trabajo, a diversos compromisos familiares y sociales y a consultar las notificaciones del móvil.

Hay un interés detrás de todo ello, sugiere Smart. “Las largas horas de trabajo benefician a la élite de varias maneras –consiguen convertir el valor de nuestro trabajo en beneficio–, mientras estamos intentando trabajar todo lo posible no nos organizamos, algo que siempre ha sido una amenaza a sus intereses”. Otra contrapartida: “Previene el pleno empleo porque siempre puedes amenazar a los empleados con el desempleo por trabajar lo justo, pero si todos trabajásemos menos horas podríamos emplear a todo el mundo”. ¿La paradoja inherente a todo ello? “Si sólo trabajásemos unas pocas horas al día, seríamos tan productivos o incluso más que si lo hiciésemos diez horas al día”.
“Mi visión particular es que todo el mundo puede disfrutar del ocio que necesite sin dañar su seguridad material. Creo que se tiene la falsa creencia de que si dejásemos a la gente tener todo el ocio que quisieran nadie trabajaría”, argumenta Smart. “No creo que eso sea verdad: la gente trabajaría en lo que desease, no en la basura en lo que suele trabajar. La gente no es vaga, simplemente tiene trabajos lamentables”.

El culto a la agenda apretada
Pero ese culto a la productividad forma parte ya casi inseparable de nuestras vidas. Exigimos a nuestros hijos que se olviden del ocio, tan necesario para el desarrollo emocional y personal, y abracen un gran número de actividades extraescolares o aficiones, siempre vistas como una obligación, como es el caso de aprender a utilizar un instrumento musical o practicar un deporte. “Estoy de acuerdo en que me sentiría muy raro como padre si le dijese a los que acaban de apuntar a sus hijos en 14 actividades que los míos no hacen nada”, reconoce Smart. “Nos sentimos culpables si no tenemos a nuestros hijos apuntados a natación, música, chino, etc”.

Esta trampa no deja de producir paradojas. Una de ellas es que aquellos que más dinero y poder tienen en sus manos son precisamente los que disponen de menos tiempo libre. Sin embargo, Smart sugiere que algunas personas podrían disfrutar más, o estar más preparadas biológicamente que otras, para aguantar el estrés. “Los CEO, banqueros y políticos no son la clase de personas que uno consideraría creativas o que te gustaría conocer de forma personal”, sugiere el científico. “Su ocupación los daña de la misma manera que a los demás, pero en la situación presente se benefician de ello, incluso aunque les haga daño a la larga”.
Mucho se ha escrito ya sobre los problemas que causa la multitarea, es decir, nuestra tendencia a realizar diversas actividades al mismo tiempo, algo que provoca que no hagamos bien ninguna de ellas y perdamos nuestra capacidad de concentración. Pero Smart va más allá. No se trata de reorganizarse para ser más productivos, sino de, simplemente, redescubrir quiénes somos y lo que queremos.

“El escritor Steven Poole escribió un gran artículo sobre lo que denomina ‘el culto a la productividad’, donde todo lo que hacemos –incluso si es simplemente relajarse– tiene algún objetivo funcional o sirve a la motivación utilitaria de ser productivo”, recuerda Smart. “Insisto en mi libro en que estar desocupado es bueno por sí mismo, no para convertirse en un hipster digital más productivo”. Esa es una de las paradojas del libro. Si bien sugiere que tomarse varios descansos en el trabajo o dejar la mente vagar durante un buen rato al día puede mejorar nuestra creatividad  y desempeño en el trabajo, Smart es particularmente crítico con la utilización de su libro para conseguir ser aún más eficientes.
“Es difícil escapar de ello, porque hay quien lee mi libro y se dice 'oh, vale, ahora tengo que añadir no hacer nada a mi lista de tareas'. Es no haber entendido nada”, se lamenta Smart, que explica cómo la escritora Bridig Shulte, autora de Owerwhelmed, un libro sobre la falta de tiempo libre en nuestra sociedad, recibe continuamente ofertas por parte de importantes think-tanks para explicarles cómo el ocio puede hacer más productivos a sus empleados. Otra manifestación más de la obsesión de nuestra sociedad por traducir lo que no tiene precio en números, metas y nombres tachados de una lista.

El ser humano, en peligro
El problema que late detrás de todo ello es que, quizá, el ser humano esté perdiendo aquello que le distinguía del animal, la capacidad de autorreflexión y de conciencia sobre uno mismo. Por el contrario, nos estamos convirtiendo en una mezcla de los animales que sólo son capaces de reaccionar a los estímulos de su entorno y las máquinas que obedecen constantemente órdenes externas. “La habilidad para pensar sobre nosotros mismos es una capacidad humana que ninguna otra especie puede llevar a cabo”, añade Smart. “Requiere una gran corteza prefrontal y la capacidad de metacognición. Si dejamos que esta habilidad se atrofie de forma individual, tendrá consecuencias socialmente negativas”.

Si somos conscientes de que el estrés cotidiano y nuestros horarios sobresaturados acaban con nuestra inspiración, ¿por qué no hacemos nada para evitarlo? Smart traza un paralelismo con la adicción al tabaco. Cuando empezamos a fumar de adolescentes, resulta atractivo porque nos hace parecer más mayores y más interesantes; pero para cuando nos damos cuenta de que nos perjudica, nos encontramos con que la motivación inicial se ha esfumado y es difícil hacer desaparecer la adicción.
¿Qué podemos hacer, por lo tanto, para poner el freno de mano en un mundo en constante movimiento sin que este nos lleve por delante? Smart lo tiene claro: “Conseguir una sociedad basada en el ocio probablemente requería algo parecido a una revolución”. Mientras tanto, está en nuestras manos (íntimas y privadas) intentar detener el caos que nos rodea. “Cuando tengo un momento en el que no he de hacer nada, intento detener la urgencia de encontrar algo que hacer”, explica. “Intento sentarme hasta que me interrumpen. Te sorprendería el beneficio de robar breves momentos a lo largo del día para desconectar. Una vez manejes esos pequeños momentos de desconexión, puedes construir gradualmente una tolerancia a los períodos mayores”. Barato, sencillo y efectivo, aunque conviene tener a mano un ejemplar de El arte y la ciencia de no hacer nada ante la nada descabellada posibilidad de que alguien nos llame “holgazán”.

Fuente: El confidencial

Gracias a Margarita por el link...

miércoles, 6 de agosto de 2014

Psicología al servicio del control social

antipsiquiatria


Resulta descabellado imaginar una realidad donde existan sistemas de dominación o mercantiles y estos no tuvieran a la psicología por una jugosa herramienta. ¿Qué fabulosa insania mental podría afectar a cualquier poder que no diera uso de la ciencia que trata de la conducta y de los procesos mentales de los individuos?

Evidentemente tal cosa no existe, al contrario, el sistema de dominación exprime la psicología para su beneficio con total eficiencia. La sociedad mercantil y economicista ha desvirtuado la esencia de la psicología, la ha tornado en un producto o servicio mas, mera mercancía, cuya lógica económica de perpetuación la ha aupado a la categoría de necesidad demandada por una sociedad capitalista de consumo, cuya praxis desquiciante genera la enfermedad y la cura al mismo tiempo, fuerza a sus consumidores victima a pagar por ello, ya sea con sus bienes, con su bienestar o con ambas.

El poder económico y el estado se benefician mutuamente de una sociedad medicalizada e instruida en la necesidad de enfermar, las poderosas farmacéuticas hacen su interminable agosto y los estados obtienen poblaciones tuteladas y asustadas. Las ciencias médicas, actualmente dependientes del estado para su ejercicio y de los lobbies económicos para su desarrollo, se ven sujetas de manos para intentar salirse del círculo vicioso donde han caído. Aunque en realidad, tampoco es que pretendan modificar su propia actividad ni finalidad, pues supondría cerrar el grifo del incesante goteo de pacientes, o como la nueva terminología médica privatizante usa ya con absoluto descaro: clientes.

A día de hoy, la gente, los clientes, asumen como normalidad toda la sinrazón del capitalismo, su injusticia, su desigualdad, su autoritarismo, su imposición total, siendo esta la mayor victoria del capitalismo, lograr mediante el control social que sus víctimas sean sus defensores, activos o pasivos, donde las y los profesionales de la psicología no son una excepción, así que como sucede en cualquier otra profesión, se convierten de facto en correas de transmisión de los patrones de dominación social, no necesariamente de forma consciente, pero si de forma efectiva y eficaz, pues su contribución es valiosísima, indispensable.

La maquinaria capitalista lo sabe y proyecta la sombra de la psicología haya donde puede, de forma que esta trasciende con creces el área que popularmente le tiene asociada la sociedad, el del estudio científico y la salud. Veremos psicólogos y psicólogas por solitario o en equipos multidisciplinares ejerciendo su profesión al servicio del control social, ya sea en juntas educativas planificando planes de enseñanza politizados y maniqueos, poblando los departamentos de Recursos Humanos de las empresas en una función productivista y represiva al servicio de esos psicópatas modernos llamados empresarios, o bien en comisiones de expertos que asesoran a jueces y cuerpos policiales para legitimar sus decisiones en defensa de la ley burguesa, o dando informes sobre los excluidos de la sociedad que los excluyan aun más si cabe, determinando la infame vida que padecen las personas prisioneras en instituciones penitenciarias, auténticas abominaciones humanas donde la tortura es inherente e instituida al lugar, elaborando campañas de marketing, publicitarias, creando dependencias de las personas sobre los objetos, sobre las ideas, sobre otras personas, en el diseño de las formas de propagandización política de los poseedores del poder, en definitiva todo donde su área de aplicación sea útil.

En todos estos casos, la asimilación de la psicología para beneficio del sistema ha sido total, pues su función responde a intereses específicos en el entramado transversal del sistema mismo, cuyo totum revolutum confiere a las sociedades actuales su idoneidad para ser explotadas en diversas áreas y bajo diversos mecanismos donde la psicología puede impregnar su utilidad: autoridad, economía, medicalización, estado, moral, conductismo social, sexualidad reprimida, autorepresión, adhesión acrítica, marginalización, exclusión, individualismo egoísta, insolidaridad, todo contribuye y a todo contribuye la psicología domesticada.

En conclusión, sabemos que la psicología, como herramienta, según quien la use tendrá uno u otro efecto. Es evidente que usándose de forma correcta y libre alberga una gran potencialidad positiva, pero eso no asevera que un cambio ético en el empleo de la psicología supusiera por si sólo una mejoría a nivel social en parámetros de libertad, pues en sociedades donde el poder campa a sus anchas se requieren soluciones integrales, por tanto la alteración de los patrones de empleo de la psicología, no pueden ir en solitario, no se trata de una reforma de la práctica profesional, sino que deben ir unidos a una ética global que subvierta los pilares del sistema de dominación y sirva como medio y como fin para la emancipación real de las personas, lo que supone no sólo una comprensión parcial de sus problemas, sino también y con mayor necesidad, de las relaciones sociales y políticas que los trascienden, del mundo donde vivimos en definitiva, sin velos.

Es por tanto necesaria la adquisición de una ética concienciada y comprometida entre los y las psicólogas, que si desea trastocar los tejemanejes del control social ha de adoptar valores claramente antagónicos a este, libertarios, bajo parámetros de igualdad, es decir, prescindiendo de la autoridad moral o científica que la profesión psicológica les transfiere y facilitando la autogestión generalizada de la sociedad, sin restringirse únicamente al ámbito de la salud.

Fuente: Nada

miércoles, 4 de junio de 2014

¡Dios no ha muerto!... Porque nunca existió

ateoStephen Hawking en su libro “El gran diseño” cita una curiosa anécdota en que se solicitaba que no se mantuviera a los peces en una pecera curva porque tendrían siempre una imagen distorsionada de la realidad. Hawking se pregunta qué tal si nosotros también estuviéramos dentro de una extraña pecera,  sin tener conciencia de ello.
Claramente la visión de los peces es distorsionada pero no menos real, estos podrían hacer predicciones exactas sobre el movimiento en el exterior, dentro de ese marco de referencia distorsionado. Esta reflexión va en una línea similar a la de David Bohm, en el sentido de que las teorías más que ser verdaderas o falsas son formas de mirar, marcos de referencia específicos en que se puede probar la verdad o falsedad de las hipótesis que se planteen. Mediante este ejemplo bastante simple nos podemos adentrar en el concepto de Hawking llamado “Realismo dependiente del modelo”, que además es concordante con posturas como la de Francisco Varela y la neurofenomenologia en el sentido de que hay una relación circular en que se establece un acoplamiento estructural entre el observador y el entorno.
Las ciencias han trastocado bastante como se puede ver los conceptos de objetividad, sin embargo la religión organizada en especial las de origen judeo-cristiano, mantienen que una serie de valores son de origen divino al igual que la creación del universo, lo que es una pretensión fragmentaria de explicar la realidad en forma totalitaria, no hace falta recordar todas las atrocidades pasadas y presentes por ejemplo de la iglesia católica al respecto.
La física ya desde 1920 ha demostrado que nuestro universo se expande y que las galaxias se alejan de nosotros, literalmente el universo se está inflando, sin que el tamaño de las cosas este cambiando. Hawking plantea que pensar en el origen del universo es como preguntarse por el borde del mundo, lo que solo tiene sentido si pensamos que la superficie de la tierra es plana, con el tiempo y el espacio sucede algo similar, la teoría de la relatividad puso de manifiesto un continuo espacio-tiempo curvo, además gracias a la mecánica cuántica se ha descubierto que la deformación curva puede ser tan grande que el tiempo puede comportarse como una dimensión del espacio.
En el universo primitivo existían solo cuatro dimensiones de espacio y ninguna de tiempo, es decir carece de sentido hablar de un origen, sería como preguntar por qué hay más al sur del polo sur, así este universo primitivo era un punto tan pequeño y denso que comenzó a expandirse con la explosión del big bang, por lo que no hay un origen del universo ni un creador porque no había un tiempo en que pudiera existir una entidad conciente recordemos que el pensamiento es movimiento y el movimiento es tiempo.
De esta forma el universo emergió espontáneamente en todos sus estados posibles formando un multiverso en que operan distintas leyes de la naturaleza, unas mas semejantes que otras a las de nuestro universo, lo que resuelve además la interrogante del “milagro de la vida” en el sentido de que este universo reúne las condiciones “ideales” para que podamos existir, porque simplemente si hablamos en términos probabilísticos, este universo es viable para nosotros entre muchos otros. Esta es una forma diferente de expresar las sumas de todas las historias posibles del físico Richard Feynman.
Una analogía que expresa Hawking es como si fueran muchas burbujas en una olla con agua hirviente, así como aparecen muchas burbujas que se colapsan rápidamente así habrían mini universos en los que no alcanzaran a formarse galaxias, planetas,etc mientras que otras burbujas crecerán lo suficiente expandiéndose sin colapsar de forma inmediata.
La contundente demostración de la ausencia de un creador divino para explicar el origen del universo genero mucha polémica pero hasta hoy no ha podido ser refutada por las iglesias, se le consulto al biólogo Humberto Maturana al respecto quien en un texto bastante ambiguo nos señala que lo divino y la ciencia pertenecen a distintos dominios y que lo divino puede encontrarse presente o no en las interacciones de las personas, lo que resulta curioso ya que estos seres interactuantes en última instancia están hechos de lo mismo que el universo por ende responden a leyes de la naturaleza que determinan el terreno en que se puede mover nuestro libre albedrio. Fragmentar ambos dominios es algo falaz y la pregunta sobre quien creó el universo es válida para la ciencia, que una vez más nos demuestra que la realidad es un sistema de interacciones complejas totalmente autoorganizado tal como lo demuestra a nivel de la materia orgánica el concepto de autopoeisis del mismo Maturana.
La concepción de dios de Einstein era comprender todas esas relaciones como una totalidad, algo que dista mucho de proyecciones antropomórficas de nuestro propio ego como sucede en las religiones organizadas, de ahí provienen sus imposiciones morales arbitrarias, que como hemos visto carecen de cualquier origen divino. Si alguien tal como lo hace Maturana quiere plantear que todo ese sistema complejo del que formamos parte en constante interacción  puede ser algo experienciado como divino, podría llegar a comprenderlo en términos de una relación horizontal que no niegue la legitimidad del otro, que nos mueva para consensuar un espacio emocional en que existir, sin embargo aun me parece impreciso, pero para lo que no cabe ningún espacio es para una divinidad que lance edictos morales, recompensas y castigos, ni para representantes que justifiquen la jerarquización de la sociedad y el principio de autoridad.
Para Francisco Varela todo ese sistema interactuante es el universo en que el fenómeno de la vida es inherente a sus propiedades, después de todo solo la vida puede conocer a la vida y no un conjunto estático de valores abstractos, lo que requerirá que establecida la inexistencia de dios nos adentremos en la próxima entrada en el origen y psicología de los “valores” y si hay una posibilidad para una ética viva mas allá de mohosos códigos de conducta, cuya imposición violenta en forma indirecta como directa, solo han contribuido más que nada a la generación del  sufrimiento en vez del amor que se supone que profesan.

Pueden ver aqui el documental de  Stephen Hawking sobre quien creo el universo http://m.tu.tv/videos/discovery-channel-quien-creo-el-univer
El libro "El gran diseño" lo pueden descargar aquí http://www.nakido.com/1249ADCBACD85D7B13F57535F576395DF435A11A?uid=sethariel

El texto de Humberto Maturana al que aludo pueden verlo aqui http://www.matriztica.cl/lo-cientifico-y-lo-divino/
Fuente: http://elvirusdelasubversion.blogspot.com.es/2013/07/dios-no-ha-muerto-porque-nunca-existio.html

miércoles, 12 de febrero de 2014

Erotismo y Recuperación de lo Humano - Félix Rodrigo Mora



Padecemos la destrucción de lo humano y del ser humano real, la aniquilación programada de la esencia concreta humana. Todo eso está siendo devastado, para crear criaturas posthumanas hiper-sumisas a las instituciones y a los amos de la economía.
        
El sujeto medio no sabe pensar, ha perdido casi todo contacto con lo real, es incapaz de emitir juicios autónomos y decidir. Carece de emociones auténticas y de pasiones humanas. No sabe utilizar el lenguaje, estando reducido a una mudez escalofriante. Es inepto para convivir y estar con sus semejantes, hacia los que profesa una espantosa mezcla de afán de dominar, temor y rencor. No posee vida espiritual ni sentido estético. La palabra moral, o virtud, le encolerizan. Resulta experto en odiar e incapaz de amar. Obedece siempre al poder en todo. El epicureísmo de Estado le ha hecho un vegetal y un auto-agresor. Es mediocre, aburrido, previsible, deprimente.
        
No sabe trabajar como ser libre, y ya tampoco como neo-siervo de los oligarcas, por causa del salariado. No conoce la alegría ni sabe divertirse. No tiene conexiones con la naturaleza, salvo las del consumo visual. Ha perdido la capacidad de sufrir y todo malestar le aterra. Es un espantadizo que se acobarda con nada. Resulta inútil para estar consigo mismo, en reflexión y silencio. No sabe alimentarse de un modo humano. Es inhábil para cuidar de sí. Sus facultades corporales están en quiebra. Vive confinado en la cárcel del ego, hecho verdugo de sí. Lo ignora todo al ser un hiper-adoctrinado, por tanto también un fanático. Está dominado por obsesiones, terrores, angustias, ansiedades, maldades, dolencias, dependencias y estados depresivos.
        
En lo intelectivo es una nulidad, en lo conductual un adoctrinado, en lo convivencial un autista, en lo físico un alfeñique, en lo emocional un cadáver, en lo espiritual un bruto, en lo corporal un enfermo, en lo laboral un inútil, en lo ético un pérfido. Esto han hecho de nosotros, y esto nos hemos dejado hacer.
¿Cuál es la vida erótica de esta criatura suma de negaciones y extravíos con aspecto humano que habita en la sociedad aberrante, de este ser nada?
        
Puntualicemos. Los animales tienen sexo y los seres humanos, mientras sigamos siéndolo, erotismo. Es muchísimo más que sexo, y es la forma concreta que adopta éste en la persona. Nos es imposible vivir una sexualidad meramente fisiológica, o simplemente mecánica, o trivialmente cuantitativa, o torpemente solipsista, o neciamente higiénica, o comercialmente sanativa, o tristemente promiscua. Y si lo hacemos, nos dañamos y mutilamos, llegando a sentir repugnancia hacia lo libidinal.

En una proporción u otra, nuestra sexualidad es siempre erotismo, porque va unida a emociones, pasiones, impulso, afectos, cavilaciones, fantasías, ensimismamientos, enajenaciones, encariñamientos, preferencias y técnicas amatorias específicamente humanas. Cuanto más cargada esté el sexo de elementos trascendentes más satisfactorio será.

Pero cuanto más simplificado, fisiológico, mecánico, carente de afectividad y vacio de deseo, cuanto más exento de pasión, empuje, acometividad y ardor, cuanto más sin apego, entrega, proximidad espiritual, amor y efusión, más insatisfactorio será y menos se practicará.

La “revolución sexual” de los años sesenta aunque acertó al enfrentarse con la represión de lo sexual humano falló en la formulación de un nuevo erotismo. Desconoció la dimensión sublime, pasional, espiritual e integral del Eros. Su propuesta, que aún aletea, era cuantitativa (muchos coitos), simplificada (lograr el orgasmo, en tanto que espasmo agradable), hedonista (el erotismo es placer, sí, pero muchísimo más que placer), mutiladora (ignoró la creación de vida), libresca (a menudo se practicaba sexo porque un panfleto decía que era progresista y “liberador”, vale decir, por imposición), sin pasión ni impetuosidad ni afectividad, por tanto, sin lo más decisivo. Con todo ello degradó el sexo en una rutina trivial, frívola, repetitiva, sin grandeza, tediosa e incluso nauseabunda[1].

En la experiencia erótica ha de entrar lo humano en su triple dimensión. Somos al mismo tiempo: 1) hembras y machos, 2) mujeres y hombres, 3) seres humanos. Al ser mamíferos el sexo humano es siempre coito de mamíferos. Nuestra dimensión animal es magnífica y no puede ser ninguneada. Pero al mismo tiempo somos humanos, mujeres y hombres, con necesidad de simpatía, devoción, cariño, belleza, fantasía, compañía, convivencia, cortesía, entrega, éxtasis espiritual y mutuo servicio.

Existen las necesidades sexuales y también las necesidades emocionales y afectivas, espirituales en suma. Ambas se unifican en nuestro existir y se han de unificar en la práctica erótica todo lo posible. Tenemos que vivir el erotismo como una experiencia salvaje y apasionada, dado que sin ardor y enloquecimiento el Eros naufraga. Han de fijarse en los pactos eróticos que hagan los amantes, dos o más, en tanto que adultos responsables, los contenidos y atrevimientos de su hacer amatorio.

Hay que respetar (y hacer respetar a los nuevos represores, ellas y ellos), la inmensa variedad de las prácticas eróticas naturales humanas, que no pueden ser reducidas a una norma única, ni siquiera a unas cuantas. En el erotismo la libertad (con responsabilidad), la variedad y la pluralidad han de ser la norma. Por eso hemos de combatir toda forma de biopolítica, de derechas o de izquierdas, carca o progresista.

No nos dejemos deserotizar, castrar. Esto es una argucia más para aniquilar lo humano y convertirnos en esclavos perpetuos del poder constituido. Mantengamos intacta nuestra feminidad o nuestra virilidad, elevándolas a la categoría de atributos esenciales. Hoy pocas cosas son tan subversivas como el amor, y el Eros siempre es, en más o en menos, amor.

Salvo en sus manifestaciones inferiores el erotismo es un “nosotros”, una fuerza unitiva que atrae y acerca a los seres humanos. Lo erótico nos socializa, nos hace sentir la grandeza y belleza del otro, la alegría de estar juntos, la fuerza de mantenernos unidos, la magnificencia de la fusión interpersonal. No hay asociación mayor entre dos personas que la que se logra en la coyunda, cuando se integran físicamente la una en la otra, desmoronándose las barreras que en condiciones normales separan a los humanos.

Si el encuentro amatorio, además, está bien cargado de elevación, afinidad, devoción, identificación emocional, mutua entrega, olvido de sí, compartirlo todo y éxtasis, si es una fuga de la cárcel del ego para dar y darse, entonces se convierte en una experiencia revolucionaria, al militar contra un orden social sustentado en el egoísmo posesivo, el odio mutuo, la soledad patológica, la impotencia emocional, las relaciones de dominio y la imposibilidad de desplegar el componente colectivo de nuestra naturaleza, un modo de impedir el desarrollo del aspecto individual del yo.   

Una sociedad colectivista y comunal, en la que el horror de la propiedad privada concentrada haya desaparecido para que podamos vivir compartiéndolo todo, no puede conquistarse ni construirse sin afirmar una y otra vez lo colectivo, el nosotros, en todas sus manifestaciones, sin superar las barreras del yo, sin salir de sí mismo y entregarse al otro. Esto es lo propio, también, del acto amatorio, que es o debería ser siempre, en más o en menos, acto amoroso.

La “revolución sexual”, de facto, ha sido la más eficaz ofensiva contra la libertad erótica. Antaño la represión se hacía desde fuera del sujeto, hoy se ha logrado que éste se perciba como criatura desexuada que evita y condena por motivos variados, siempre sofísticos además de autodestructivos, las practicas eróticas. De ese modo se auto-reprime. Así ha sido creada la nueva gazmoñería o pudibundez, una versión perfeccionada de la vieja, impuesta por el franquismo, la Iglesia y la Sección Femenina.

Ahora padecemos lo que se ha llamado el síndrome de la Inhibición del Deseo Sexual (IDS), y el quehacer amoroso es tildado, a menudo, de “aburrido” e indeseado. Desde el Ministerio de Igualdad, las organizaciones empresariales y las corrientes feminicidas por ellos subvencionadas, se nos adoctrina en un nuevo credo represivo, persecutor y mojigato. Vivimos una catástrofe del Eros.
        
El viejo puritanismo victoriano, como descubrió Freud, hizo de las mujeres su víctima principal. Al ser privadas de sexo, afectividad, pasión, intimidad y éxtasis amoroso las féminas de las clases altas de entonces enloquecían, enfermaban del cuerpo y del espíritu. Hoy está sucediendo lo mismo pero a una escala muy superior, al ser muchísimo mayor la ofensiva contra la libertad en lo libidinal y amatorio. Son tiempos de miseria erótica, de lo que se ha calificado como “anorexia sexual[2].

Por eso millones de féminas, esta vez de las clases populares, se sienten desfallecer de soledad física, frustración anímica, fragilidad de los vínculos y necesidades libidinales insatisfechas, desarrollando numerosas patologías, sobre todo la ansiedad depresiva pero también la ruina de su corporeidad. La situación de las mujeres hoy es tan desesperada que se están creando varias ramas de negocios para supuestamente tratarlas, una de ellas la de la “sanación”. Lo necesario es un renacimiento espontaneo y popular del Eros por deseo, del galanteo, cortejo y seducción mutuas, de la afectuosidad erotizada, la cortesía insinuante, el amor-pasión y el amor al amor, pero no nuevos negocios.

Ciertamente, en la sociedad infierno convivencial no puede haber ni sexo ni amor dignos de tal nombre, por tanto no hay lugar para el erotismo. Ésta es una situación gravísima, que está literalmente triturando a numerosas mujeres (también a muchos varones) y que demanda, para ser resuelta, una transformación social y personal integral, una revolución.

Nos corresponde ahora no sólo resistir y denunciar a las nuevas y los nuevos perseguidores del Eros sino hacer algo más, a saber, iniciar la reconstrucción de la vida erótica, ir promoviendo una renovada sensibilidad y una rehecha emocionalidad, para reaprender lo amatorio y amoroso, para recomponernos como seres humanos. Igual tendremos que hacer con otras cuestiones axiales, el acto de alimentarnos, el lenguaje, la convivencia, la salud, la reflexión, la voluntad, la virtud, la afectividad, la belleza, etc.

Por durísimo y dramático que sea, una vez que hemos sido aniquilados como personas, reducidos a meros despojos y parodias, tenemos que iniciar el camino de la recuperación y la reconstrucción. Hoy la propuesta es hacerlo con lo erótico. Por eso trabajo en un libro, que ya he titulado “Erótica”, he acuñado el lema “Estetizar y erotizar la vida” y me afano en cursos, conferencias y charlas con estos contenidos. Porque el erotismo tiene un componente innato y dado pero también otro necesitado de ser reflexionado y aprendido, siendo mi intención ofrecer más herramientas que soluciones, más reflexiones fundantes que recetas de manuales.






[1] Quienes diseñaron tal “revolución”, en verdad una potente anti-revolución, se fundamentaron en la noción de lo sórdido y no en la de lo sublime. Por eso no funcionó. Para aprehender ésta es recomendable leer reflexivamente “Sobre lo sublime”, Longino. Hay comentario en el blog de Félix Rodrigo Mora.
[2] Mi compromiso con la libertad del Eros se expresa ya en el libro “Tiempo, historia y sublimidad en el románico rural”, una loa de un tiempo, el del Medievo hispánico, en que lo erótico era libre, no como hoy, demonizada y perseguido con una hipocresía y sutilidad que sobrecogen.