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martes, 28 de octubre de 2014

Tecnológicas recrudecen su inversión en ingeniería política. Cómo tomar el poder

Las empresas tecnológicas compran Poder inviertiendo en políticos

Pagas a un político y tienes una ley. A esto se le llama Poder.
Este año Google ha incrementado sus contribuciones políticas y gastado más dinero en campañas,  destronando por ejemplo al banco de inversión mundial, Goldman Sachs, que ya tiene suficiente. La participación política se ha disparado en los últimos años. En 2006, el Comité de Acción Política de Google gastó tan sólo $ 37.000. El Comité de acción política de Google, NETPAC, ha desembolsado 1,430 millones de $ este año, superando el gasto del Comité de Acción Política PAC de Goldman Sachs fue 1,39 millones de $, según informa la compañía en su propia páginaDurante las últimas elecciones en 2010 Google invirtió un tercio de lo de Goldman Sachs. Hoy lo supera. Esto supone un gasto unas 40 veces mayor entre uno y otro año.
Lo que demuestra la tendencia del gigante del cyberespacio a ganar influencia en el espacio físico. Tomar Washington para obtener favores. Tendencia general.
Google no es la única compañía de Silicon Valley que ha invirtiendo en política. Otras compañías como Microsoft, Facebook, Intel, Amazon también han intensificado su inversión. De acuerdo con cifras del Financial Times, Microsoft es líder con un gasto total de $ 1,78 millones. Facebook y Amazon están en tercer y cuarto lugar con $ 375.000 y $ 177.000, respectivamente. Twitter y Yelp ya cuentan con sus Comités de Acción Política lanzados en los últimos años. Apple y Uber aún no tienen PACs, pero han aumentado el gasto en grupos de presión.
Hasta ahora las empresas de tecnología e internet han donado casi $ 22,500 millones de $ en campañas electorales en 2014, de acuerdo con el Center for Responsive Politics [opensecrets.org]. Se trata de 121 millones dólares menos en contribuciones que las industrias de Seguridad o de Inversión. Para hacernos una idea, si tenemos en cuenta que en España el PP 2011 tuvo donativos por 20 millones de euros declarados de todas las empresas juntas, nos damos cuenta del negocio monumental entorno a la donación desinteresada y altruista.

Los Comité de acción política PAC de las corporaciones convierten a los partidos en empresas a través de donaciones

El cuadro no está completo sin observar el mercado. A 8 de octubre de 2014, 1.310 grupos organizados como Súper PACs!, asociaciones de empresas que donan juntas, Grupos de presión, han informado de aportaciones por un total de 828.224.700 $, convirtiendo a los partidos en verdaderas corporaciones. 
Las donaciones son un verdadero negocio, y objetivo político. Se gestionan por un complejo sistemaSon pura ganancia.
Cuando se trata de candidatos y partidos, el Centro de Política Responsable encontró que la tendencia también ha cambiado. En 2010, los candidatos federales demócratas recibieron el 55 por ciento de las contribuciones de los PAC de empresas de alta tecnología. En 2014, las cosas han cambiado y los demócratas han recibido el 48 por ciento de las donaciones de Silicon Valley frente al 52% a los republicanos.

Los intereses de las Tecnológicas en la política

Las empresas de tecnología de Silicon Valley están donando una generosa calderilla al cabildeo político con la esperanza de aumentar su influencia sobre los debates en Washington en temas como impuestos, visas para inmigrantes cualificados, regulación de los drones, supervisión a las agencias de espionaje y contratistas, comercio electrónico y mineo de metadatos, tráfico de información reservada, gestión de sistemas críticos, ciberataques, derechos de autor y los fallos sistémicos de seguridad... No sigo. Leyes como CISPA, PIPA, ACTA, les afectan directamente.
Basado en Google ‘beats Goldman Sachs’ in political campaign donations — RT USA

La política institucional controlada por Grupos de presión: el mundo en sus manos

Los grupos de presión son asociaciones generalmente sectoriales cuya misión es obtener beneficios para sus miembros. El proceso suele variar, pero encontramos rasgos comunes: conforman un borrador legal que debe aprobar un consejo político y se alquila a un político junto con un sobre. No tiene mayor complejidad. La respuesta de si sirve de algo este tipo de practicas lo tenemos en España y sus 2000 millones de euros en subvenciones al sector audio visual.
En USA, Europa, Rusia o España. Gracias a esta práctica Google logró que se aprobasen dos leyes en el estado de Nevada que permitieron probar los coches autoconducidos en 2011. En 2014 Goggle envió a Washington a sus chicos para que se protegiese el uso de sus Google Glass a principios de este año 2014. La inversión en política ha crecido entre un 10 y un 15% anual, lo que indica que se duplica cada 7-8 años. "Es el gran sueño de los lobbies: privatizar los derechos sociales y la democracia" - Público.es
Google ha incrementado su partida presupuestaria para soborno en más de 40 veces desde 2006. Esto muestra la importancia la práctica para el kraken. El problema es que no solo existe un lobby. Por cada sector económico existen varios miles, todos deseando imponer sus leyes. Ellos son los dueños. Los políticos son sus empleados, agentes comerciales.
No se puede despreciar la influencia de los grupos de presión ni las donaciones como motor político, económico y social. Los partidos son correas de transmisión. Las empresas han tomado los gobiernos, ya que tienen la iniciativa política y acceso a las decisiones ejecutivas. Mientras que con los el grupo de presión compras una ley, mediante las donaciones compras una tendencia, un favor, un paquete de servicios.
Son entonces los grupos de presión los que componen el cuerpo legal de los estados. Es difícil que no se aprueben en el congreso cuando se presenten. Los políticos son Actores, sin poder real. No tiene otra opción que aceptar su función de payasos y representar el papel en la obra. Todo puro teatro.
Alrededor de cada centro de poder existen grandes edificios de oficinas y caros restaurantes donde se realiza el negocio de la "influencia". Donde giran las puertas. Tras el banquete solo quedan los cadáveres de empresas privatizadas y nuevos monopolios. Millones de seres son obligados a pagar impuestos para sustentar los nuevos reinos de las corporaciones.

Las estrategias de lucha contra las corporaciones

Las estrategias de lucha contra las corporaciones pasan por un ataque frontal y directo en forma de sabotajes a su cadena productiva y consumo, y denuncia tanto legal como pública.
Y otro indirecto creando redes alternativas a las actividades de las corporaciones, que mantengan los servicios y cuyo fin no sea el lucro para evitar una competencia perdida de antemano, disponer de una red de actuación internacionalistas, una red social capaz de amoldarse a los movimientos migratorios impuestos y ejercer la soberanía popular alejando a los políticos del poder. Organización popular en definitiva.
Fuente - tarcoteca.blogspot.co.uk/2014/10/tecnologicas-recrudecen-su-inversion-en.html

lunes, 13 de octubre de 2014

Los Rothschild y las acciones de la bolsa tras Waterloo

Los Rothschild, película alemana de Erich Waschneck (1940), es una de las producciones de la UFA más conocidas de aquélla época por la actualidad de la temática.

La película surgió de una idea de Mirko Jelusich sobre el ascenso de la familia Rothschild. Es fiel a la historia, pero simultáneamente, y ante los paralelismos históricos, pretendía fomentar entre la población el conocimiento de las trapacerías que la alta finanza internacional llevaba y lleva a cabo a costa de las naciones.

Junto a la obra de Veit Harían Jud Süss (El judío Süss) y el documental de Fritz Hippler Der ewige Jude (El judío eterno), es la tercera y última de aquella época que trata la cuestión.

Al igual que en Jud Süss, la película concluye con un texto escrito pensado para la audiencia alemana de 1940. El mismo explica que los descendientes se encontraban en ese momento como refugiados lejos de Europa.

Una película histórica cuyo argumento versa sobre la prosperidad y la fortuna de la familia Rothschild. Tras Waterloo fundaron el banco central de Inglaterra, y nunca pararon de crear bancos centrales: FED, BCE, BPI... Hoy en día esclavizan al resto de pueblos mediante la usura.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Gobierno mexicano privatizará 90 campos petroleros

¡Empieza el expolio en grande!, ¡¡viva México!!

Noventa campos energéticos localizados en Chicontepec, la joya petrolífera de México, serán privatizados tras la aprobación en diciembre de 2013 de la reforma energética promulgada por Enrique Peña Nieto, cuyas leyes entraron en vigor en agosto pasado.
La reforma ha enfrentado el rechazo unánime de algunos sectores, quienes aseguran que la misma abre el sector energético al capital privado después de más de siete décadas de monopolio estatal y la misma implicaría la entrega de los recursos energéticos del país a empresas extranjeras.
El Gobierno de México argumenta que “la reforma energética será clave para el despegue de la economía”.
Chicontepec es una región de 3.800 kilómetros cuadrados en el norte de los estados de Veracruz y Puebla, cuyo subsuelo alberga el 40 por ciento de las reservas de hidrocarburos de México, un total de 139.000 millones de barriles de crudo. Esta mina de petróleo fue descubierta en 1926 y se comenzó a trabajar en ella 30 años después.
Yvke Mundial

viernes, 22 de agosto de 2014

Colombia Invisible

Que curioso, este video se titula Colombia Invisible, nos relata y devela la realidad por debajo del discurso neoliberal y "democrático", donde todo son proyectos, planes, crecimiento y futuro prometedor...si, pero para los ricos, parásitos asesinos de mierda. Digo es curioso, veo a Colombia y veo a México, Uruguay, Guatemala,Chile, Brasil, Argentina, Perú, Paraguay, América Latina en general, África, India, Asia, Medio Oriente...todas, todos invisibles...

Koan

Capitalismo: una introducción

En su raíz, el capitalismo es un sistema económico basado en tres cosas: el trabajo asalariado, la propiedad privada o el control de los medios de producción (fábricas, maquinaria, granjas, oficinas…), y la producción para el intercambio y el beneficio.
El capitalismo se basa en un proceso simple, el dinero se invierte para generar más dinero. Por ejemplo, cuando una empresa utiliza sus ganancias para contratar más personal o abrir nuevos locales, y así obtener más ganancias, el dinero está funcionando como capital. El incremento de capital se traduce en acumulación, que es la fuerza motriz de la economía.
Dicha acumulación de capital aumenta cuando se pueden transferir los costos a los demás. Si las empresas pueden reducir los costes al no proteger el medio ambiente, o mediante el pago de salarios bajos, lo harán. Así el catastrófico cambio climático y la pobreza generalizada son signos del funcionamiento normal del sistema. Por otra parte, cuando el dinero se convierte en eje central del sistema, todo ha de ser canjeable por dinero. La tendencia es que todo, desde artículos de uso diario a secuencias de ADN o las emisiones de dióxido de carbono – y, sobre todo, nuestra capacidad de trabajar - pasa a convertirse en mercancía.
Y es este último punto – la mercantilización de nuestras capacidades creativas y productivas, nuestra capacidad de trabajar – donde se halla el secreto de la acumulación de capital. El dinero no se convierte en más dinero por arte de magia, sino por el trabajo que hacemos todos los días.
En un mundo donde todo está en venta, todos tenemos algo que vender para poder comprar las cosas que necesitamos. Mientras que algunas personas poseen medios de producción (burguesía), la mayoría de nosotros no, de modo que para sobrevivir tenemos que vender nuestra capacidad de trabajar o fuerza de trabajo, a cambio de un salario, o bien sobrevivir con subsidios (clase trabajadora). Y por supuesto, las cosas que producimos en el trabajo no son nuestras, sino que pertenecen a nuestros jefes.
Además, debido a las largas jornadas, las mejoras de productividad, etc., se produce mucho más de lo necesario para mantenernos como trabajadores. Los salarios que obtenemos coinciden, más o menos, con el costo de los productos necesarios para mantenernos vivos y capaces de trabajar cada día (por lo que, al final de cada mes, nuestro saldo en el banco rara vez se ve muy diferente al del mes anterior). Los beneficios que logra una empresa se generan debido a la diferencia entre los salarios que cobramos y el valor que creamos. Esta diferencia se llama “plusvalía”. La extracción de la plusvalía a los empleadores es la razón por la que vemos el capitalismo como un sistema basado en la explotación.
Este proceso es esencialmente el mismo para todo el trabajo asalariado, no sólo en las empresas privadas. Los trabajadores del sector público también se enfrentan a constantes ataques a sus salarios y condiciones a fin de reducir los costos y maximizar los beneficios para toda la economía en su conjunto.

Competencia
Con el fin de acumular capital, el empresario tiene que competir en el mercado con los dueños de otras compañías. No pueden darse el lujo de ignorar las fuerzas del mercado, o cederían terreno a sus rivales, perdiendo dinero, llegando a la quiebra, etc. Por lo tanto, incluso los jefes no controlan realmente al capitalismo. Es por eso que podemos hablar del capital como si tuviera intereses propios.
Ambos, burgueses y trabajadores, están alienados por este proceso, pero de diferentes maneras. Mientras que desde la perspectiva de los trabajadores, nuestra alienación se experimenta a través de ser controlados por nuestro jefe, este lo experimenta a través de las fuerzas del mercado y la competencia con otros jefes.
Debido a esto, los jefes y los políticos quedan impotentes frente a las ‘fuerzas del mercado’, cada uno tiene la necesidad de actuar de una manera que potencie la acumulación continua. No pueden actuar en favor de nuestros intereses, ya que cualquier concesión que nos otorguen, ayudaría a sus competidores.
Así, por ejemplo, si un fabricante desarrolla una tecnología para la fabricación de automóviles que duplique la productividad, podrá despedir a la mitad de sus trabajadores, aumentar sus beneficios y reducir el precio de sus coches con el fin de socavar su competencia. Si otra empresa quiere ser amable con sus empleados y no despedir a la gente, con el tiempo será conducida a la quiebra o adquirida por su competidor más despiadado – por lo que también acabará trabajando con la nueva maquinaria y realizando los mismos despidos para mantener la competitividad.
Por supuesto, si a las empresas se les da carta blanca para hacer lo que quieran, los monopolios no tardarían en desarrollarse y sofocarían la competencia, lo que llevaría al sistema a un punto muerto. Es aquí donde el Estado interviene.

El Estado
La función principal del Estado en la sociedad capitalista es la de mantener el sistema y ayudar a la acumulación de capital. Por ello, utiliza las leyes y la represión contra la clase obrera cuando tratamos de promover nuestros intereses contra el capital. El tipo “ideal” de Estado para el sistema capitalista es, en la actualidad, el liberal democrático, sin embargo, a fin de garantizar la acumulación de capital, en determinados momentos el capital se ha valido de diferentes sistemas políticos con la intención de cooptar y aplastar poderosos movimientos de la clase trabajadora. Movimientos que amenazaban la propia continuidad del capitalismo.

Futuro
El capitalismo se presenta como un sistema “natural”, formado un poco como montañas o masas de tierra por fuerzas más allá del control humano. Sin embargo, no fue establecido por “fuerzas naturales”, sino por la violencia intensa y masiva en todo el mundo, y ha llegado a hacer creer que conceptos como la propiedad privada de la tierra y los medios de producción son innatos, y meros artificios.
En comparación con la media de un millón de años de la existencia humana, el capitalismo no es más que un bache momentáneo, y por lo tanto, sería ingenuo suponer que va a durar para siempre. Como capital ampliado, creó una clase obrera mundial que consiste en una mayoría de la población a quien explota, pero también de quien depende. Por lo que sólo va a sobrevivir tanto tiempo como le dejemos.
El texto completo puede leerse en la web inglesa www.libcom.org.

martes, 1 de julio de 2014

Discursos hegemónicos y marcos de interpretación: el círculo vicioso de la dominación consumista

Imperdible... 
 Koan



 Los discursos, de acuerdo a Bourdieu, hacen referencia a los habitus de los sujetos, a su capital -económico, social, cultural y simbólico- , a la situación social concreta y por ende a la estructura de lo decible que en ella se da. Estos dicursos, además, cuando están vinculados a una determinada ideología hegemónica, no solamente reproducen en sí mismos el orden establecido en esa determinada sociedad, sino que sirven para reproducir en lo concreto la forma con la que este orden establecido se reproduce, entre otras cosas, diferenciando a los diferentes grupos sociales existentes, especialmente entre aquellos que son considerados aliados del sistema y aquellos que pueden suponer un peligro para el normal funcionamiento del mismo, esto es, los “enemigos” del sistema.
La estrategia global de toda ideología hegemónica aparece así, a través de los discursos hegemómicos que dicha ideología produce, como una auto-presentación positiva de sí misma (y sus grupos aliados) y una presentación negativa del otro (el enemigo). Ese otro, en nuestro caso, es el antisistema, el raro, el loser, esto es, aquel que no es capaz de adaptarse eficientemente a las prácticas sociales propias de la hermenéutica de sentido consumista/capitalista, o que, directamente, trata de rebelarse contra ellas.
La clase dominante dispone de diferentes mecanismos para imponer, en las prácticas sociales y en la mentalidad de las clases dominadas, esa auto-presentación positiva de sí misma y de sus aliados, así como una presentación negativa del otro, principalmente a través de los discursos vinculados a la satisfacción, o no, de lo que la sociedad espera del sujeto consumista/capitalista, productor/consumidor, de nuestros días, así como de la reproducción por parte de éstos de los códigos de valoración aceptados de forma común por el conjunto de la sociedad, y que responden a un interés de clase: en concreto al interés de la clase dominante por no perder su hegemonía.
La marginación, por vía de la exclusión de la comunidad de “buenos ciudadanos”, de aquellas personas que, por una razón u otra, no reproducen fielmente la ideología de vida que es propia de la hermenéutica consumista/capitalista, así como sus valores, políticos y morales, asociados, es una constante en todo el ámbito discursivo consumista/capitalista, tanto de manera explícita -con mensajes expresamente destinados a tal fin-, como de manera implícita -a través de otros mensajes que inducen a que sea el propio sujeto el que así se considere cuando no es capaz de cumplir con lo que de él espera el sistema-.
Esto es, los discursos consumistas/capitalistas, por ejemplo, no solo te dicen abiertamente, a través de diversas formas de expresión y canales de comunicación, que si eres un desempleado, eres un perdedor, un loser, un fracasado, sino que, además, por otros mensajes más de tipo subjetivo y no tan explícitos, te hacen desarrollar los mecanismos para que seas tú mismo, desempleado, el que así lo perciba.
Eres tú, y no el sistema, el que ha fracasado en su intento por ser alguien dentro de la estructura social consumista/capitalista, y esto te es dicho tanto de manera explícita -directa y sin tabús-, como de manera implícita -escondida entre símbolos y significaciones sociales, relacionados con el éxito social, que así te lo hacen ver-. Para que tal hecho se convierta en una verdad absoluta para uno mismo, basta con que tal discurso, convertido en marco de interpretación, se apodere de tu capacidad para analizar e interpretar tu propia vida y el mundo que te rodea.
Podemos, por tanto, utilizar la teoría analítica de marcos como un modo de acercamiento a la mentalidad de los sujetos de las clases no dominantes que actualmente hacen suyos los mensajes ideológicos hegemónicos que son propios de la ideología de la clase dominante, en tanto que tal hecho nos permite llegar a comprender cómo es posible que tales sujetos no solo no se rebelen contra el sistema establecido, sino que, consciente e inconscientemente, reproduzcan con sus prácticas sociales la hegemonía de la clase dominante.
Inscritos en el paradigma constructivista, los llamados marcos, paquetes o esquemas interpretativos se han convertido en constructos ampliamente utilizados en sociología y en psicología cognitiva. Se emplean como instrumento de análisis metodológico de los discursos sociales, entre ellos, claro está, los de carácter político o propagandístico. Según lo que se desprende este conjunto de teorías analíticas, comprendemos el entorno cultural aplicando esquemas  o marcos de interpretación. Los propagandistas los emplearán para comprender y plantear discursivamente, en términos políticos, los sucesos que se van desarrollando en la realidad social en relación a un determinado tema de actualidad, mientras que el público al cual van dirigidos dichos mensajes propagandísticos los utilizará para comprender los mensajes y situar así sus referentes en una interpretación de tal realidad.
El concepto marco nos parece especialmente importante para analizar de qué modo los sujetos de las clase no dominantes asumen hoy como propios los enunciados ideológicos que vienen insertos en los mensajes lanzados hasta ellos desde los espacios discursivos controlados por las clases dominantes, así como para entender de qué manera funciona, en lo concreto, la hermenéutica de sentido consumista/capitalista –con su consecuencia influencia directa en las prácticas sociales de estos individuos de las clases no dominantes-.
Las clases dominantes, a través de su dominio absoluto sobre los principales medios de formación e información existentes (sistema de enseñanza y grandes medios de comunicación), han incorporado la ideología hegemónica consumista/capitalista no solo como hermenéutica de sentido, sino, por ello mismo, como marco interpretativo, individual y de acción colectiva, desde el cual las clases no dominantes analizan tanto su propia realidad subjetiva como el funcionamiento mismo de la realidad social.
Así, con sus prácticas sociales, impulsadas al amparo de esas previas creencias ideológicas consumistas/capitalistas constituidas en marcos interpretativos de la vida y la acción social e individual, los sujetos de las clases no dominantes no solamente reproducen la hegemonía de la clase dominante, sino que ellos mismos se marginan y se condenan a formar parte -de modo indefinido y casi sin posibilidad real de cambio- de las clases dominadas, en tanto que legitimadores de la existencia de tales clases dominantes, y, por tanto, de la existencia de un sistema social injusto donde ellos forman parte del grupo que sufre las injusticias, con todas las consecuencias que tal hecho puede tener a lo largo de sus vidas, tanto desde una perspectiva política y económica, como, sobre todo, desde una perspectiva existencial. Ellos mismos se ponen así una espada de Damocles sobre sus cabezas.
Cabe señalar también que, de acuerdo con el psicólogo Henri Tajfel, partimos del supuesto de que tanto la identidad individual como la identidad colectiva son identidades sociales y que ambas se refieren a autodefiniciones derivadas, entre otras fuentes de identidad, de la identificación de individuos o grupos con las características de determinados grupos o categorías sociales. La diferencia es que mientras la identidad individual se refiere a la autodefinición que caracteriza un individuo, la identidad colectiva se refiere a la autodefinición que refleja las características de un determinado grupo social.
El problema surje cuando tales identidades toman su base desde una misma realidad ideológica, y esta es, por principio, contraria a los intereses de la persona que adquiere su identidad por esa vía, subsumiéndose en una identidad colectiva que expresa no una posibilidad de realización de su potencial como persona, sino, justamente, la anulación de la misma. Tal es, en nuestra opinión, la situación en la que se ven inmersos en la actualidad los sujetos de las clases no dominantes en relación a la formación de su identidad, individual y colectiva, en base a criterios que se fundamentan en los intereses de clase de la alta burguesía hegemónica. El mensaje consumista/capitalista, entendido como hermenéutica de sentido, se mueve, pues, exactamente en estos términos.
Con ello, problematiza el mundo según una determinada visión ideológica de la realidad social, acorde a los intereses de la clase dominante. Con ello también, por un lado, pretende legitimar su visión maniquea del mundo, divido entre aquellos que siguen y respetan las normas que son propias a tal hermenéutica de sentido, y aquellos que lo atacan o, simplemente, no son capaces de satisfacerlas, donde estos últimos son automáticamente señalados como excluidos del normal funcionamiento de la sociedad consumista/capitalista, y, por tanto, como objetivos de ataque por parte de los discursos hegemónicos que se emiten por medio de los canales de comunicación en manos de esas mismas clases dominantes, y, por otro, pretende influir en aquellos ciudadanos y ciudadanas a los que va dirigido tal mensaje, en tanto que pueda servir para condicionar la actitud mental con la que tales ciudadanos interpretan el mundo, y, en consecuencia, para que la imagen que del mismo tienen vaya sumando nuevos adeptos entre las nuevas generaciones que inician su proceso de socialización: nuevos sujetos consumistas/capitalistas dispuestos  a convertir esta imagen mental en una guía para la acción y la práctica social, en una reproducción fiel de los intereses de la clase dominante y de su hegemonía ideológica.
Es lo que podemos denomionar como “el círculo vicioso de la dominación consumista/capitalista”: las clases dominantes, a través de los medios de comunicación y el sistema de enseñanza, crean discursos hegemónicos destinados a generar marcos de interpretación en las mentes de los sujetos de las clases no dominantes acordes a los intereses de clase de tales clases dominantes. Una vez estos discursos son introducidos de tal manera en la mente de los sujetos de estas clases no dominantes, serán ellos mismos quienes, de acuerdo a su propia manera de interpretar su propia vida en el contexto de la sociedad consumista/capitalista que los circunscribe, reproduzcan con sus prácticas sociales los valores propios de la ideología de la clase dominante, y, con ello, finalmente, estarán reproduciendo un modelo de sociedad, un orden social, donde su papel como sujetos oprimidos y explotados en favor de los intereses de la clase dominante, de la cual ellos no forman parte, quede garantizado.
Así, con más o menos conciencia de ello, son los propios sujetos de las clases dominadas los que garantizan el mantenimiento de su propia dominación, convirtiéndose en sus propios esclavizadores, pero al servicio de un amo que no son ellos mismos, sino la clase dominante al servicio de la cual está puesto el funcionamiento del orden establecido. Es el reflejo en la historia de la total pérdida de autonomía del sujeto consumista/capitalista de nuestros días.
Es el sujeto histórico, propio de las sociedades postmodernas de nuestros días, que ha “devorado” a su amo y lo ha interiorizado como una forma de vida, generando una implosión del antiguo amo burgués con la personalidad y el carácter social del trabajador/proletario actual, hasta el punto de convertirse (simbólica y psicológicamente) en su propio amo, pero no de forma autónoma, como pretenden hacernos creer algunos pensadores postmodernos, no por la propia relación de servidumbre consigo mismo (que también), sino como reflejo de las relaciones de poder, vinculadas a las relaciones de clase, que siguen estando presentes en nuestra sociedad capitalista contemporánea. Esto es, como reflejo del orden burgués.
Es esta, además, la forma con la que la sociedad consumista/capitalista se garantiza y se asegura que cada nuevo sujeto que haya de integrarse en ella esté predispuesto a respetar los códigos sociales establecidos y, en consecuencia, a no ir contra el orden establecido, esto es, a someterse, ya desde su propia individualidad, a un estricto control social garante del status quo.

Fuente:La Gran Lucha

Escuela popular, escuela liberadora, incluso escuela libre, son eufemismos tales como denominar a las cárceles centros de reinserción y a los ejércitos humanitarios




Una mirada crítica a las pedagogías progresistas del capitalismo tecno-industrial. De cómo los pedagogos son capaces de ser sólo “revolucionarios” con altos salarios y creen cambiarlo todo mientras, en realidad, contribuyen a que todo siga igual.


Supuesto pedagogo de profesión, me he negado siempre a escribir de pedagogía. Quizá por no reconocer la miserabilidad de mi profesión y querer esconder, dejando así enterrado, el lado profesional –triste palabra, somos profesionales, técnicos, y, en suma, gestores del capitalismo– de mi vida. Han profesionalizado nuestras existencias, las han especializado, las han tecnificado hasta el límite. La división del trabajo, el fordismo salvaje, impuesto desde pequeñitos, nos hace ser perfectos autómatas programados. Elección magistral hecha en base a lo menos malo por no trabajar montando escenarios, cocinando cadáveres de animales asesinados para el consumo, o limpiando unos grandes almacenes (he aquí mi panóptico profesional).... En fin, no me expandiré aquí en una pléyade de excusas que poco os pueden interesar. No entiendo como alguien puede sentirse bien en su trabajo. No puedo comprender como alguien, prostituyéndose a los intereses produccionistas del Estado-capital, puede ser feliz. Me horroriza ver las sonrisas de quien, bajo el yugo del trabajo asalariado que compra horas de vida para producir plusvalía en beneficio de clase privilegiada que nos gobierna, permanece contento de tener lo que le imponen. Un ladrón, un criminal, un loco –denominados así por esta sociedad enferma– ¿son acaso peores que nosotros que permanecemos sumisos al mercado y sus imposiciones? No hay mayor ceguera que la que se excusa en la comodidad de sus actos. Jacob, miembro del grupo francés anarquista los Trabajadores de la noche defendió el robo escupiendo palabras en forma de bala para los bienpensantes de la República francesa:


«Llamáis a un hombre "ladrón y bandido", le aplicáis el rigor de la ley sin preguntaros si él puede ser otra cosa. ¿Se ha visto alguna vez a un rentista hacerse ratero? Confieso no conocer a ninguno. Pero yo que no soy ni rentista ni propietario, que no soy más que un hombre que sólo tiene sus brazos y su cerebro para asegurar su conservación, he tenido que comportarme de otro modo. La sociedad no me concedía más que tres clases de existencia: el trabajo, la mendicidad o el robo. El trabajo, lejos de repugnarme, me agrada, el hombre no puede estar sin trabajar, sus músculos, su cerebro poseen una cantidad de energía para gastar. Lo que me ha repugnado es tener que sudar sangre y agua por la limosna de un salario, crear riquezas de las cuales seré frustrado. En una palabra, me ha repugnado darme a la prostitución del trabajo. La mendicidad es el envilecimiento, la negación de cualquier dignidad. Cualquier hombre tiene derecho al banquete de la vida. El derecho de vivir no se mendiga, se toma.

El robo es la restitución, la recuperación de la posesión. En vez de encerrarme en una fábrica, como en un presidio; en vez de mendigar aquello a lo que tenía derecho, preferí sublevarme y combatir cara a cara a mis enemigos haciendo la guerra a los ricos, atacando sus bienes... Ciertamente, veo que hubierais preferido que me sometiera a vuestras leyes; que, obrero dócil, hubiese creado riquezas a cambio de un salario irrisorio y, una vez el cuerpo ya usado y el cerebro embrutecido, hubiese ido a reventar en un rincón de la calle. Entonces no me llamaríais "bandido cínico", sino "obrero honesto". Con halago me hubierais incluso impuesto la medalla del trabajo. Los curas prometen el paraíso a sus embaucados; vosotros sois menos abstractos, les ofrecéis papel mojado» (1)


Toda una declaración de principios. Algunos tememos dar ese paso, sólo la cobardía y el miedo a la cárcel, puede ser un planteamiento razonable para que un revolucionario no actúe de tal manera. Dista mucho el planteamiento de Jacob, atacando frontalmente los cimientos del capitalismo, que el de quien pretende progresar en su trabajo, felizmente convencido, autoengañado, hacia una supuesta revolución social. Sólo el saqueo y el ataque directo a la ley pueden destrozar el orden establecido. El resto, son quimeras parlamentarias ‑camufladas con las más variopintas caretas y tambores– al alcance de todos. Pero, he aquí, una rareza profesional no extinta: los maestros y pedagogos. Qué no sólo están orgullosos de servir al Estado, sino que pueden llegar a creer firmemente en propiciar un cambio social manipulando las maleables mentes de los niños, cuando, lo más que hacen, es inculcar dosis de democracia parlamentaria en estado puro.


La tecnificación no escapa al mundo educativo. Sus lacayos, los maestros y maestras, repiten sin parar el lenguaje creado artificialmente por las elites universitarias al servicio del poder. Así son muchos los maestros, mediadores socioculturales, psicólogos, equipos multiprofesionales, logopedas, pedagogos terapéuticos, monitores de ocio y tiempo libre, cuidadores, profesores, técnicos de enseñanza, incluso técnicos de acción directa (así se denomina a unos profesionales que trabajan en la cárcel de menores de Zambrana) quienes ponen en marcha con orgullo metodologías participativas, recursos polivalentes, materiales para primaria y secundaría; que crean herramientas constructivas, integradoras e inclusivas, que evalúan y autoevalúan, que no castigan sino que “implantan consecuencias”. Que destinan a los niños desobedientes a los equipos de orientación y recuperación, que profundizan en la miserabilidad de sus vidas e imponen veladamente dinámicas de grupo, juegos de rol y elocuentes debates que hacen apología –quizá sin pretenderlo- del intercambio de mercancías, de consumismo salvaje, de la sociedad espectacular.


Los trabajadores de la educación dan por incuestionable un axioma: los niños no poseen las capacidades mentales adecuadas y hay que reconducírselas. Parten de que si la conducta de los niños está por determinar, son ellos quienes lo harán magistralmente, atribuyéndose la verdad, la razón, la “creatividad” y por tanto aniquilándosela siempre al niño, que pequeño por edad, no puede valerse por si mismo. Esta autoatribución en sus funciones, este exceso de hedonismo, de poder completar a los otros siempre haciendo el bien, incluso propiciando el cambio social, siempre concebido como una verdad universal e incuestionable, es un mal endémico escolar ¿Quién determina esos parámetros? ¿Quién establece esos criterios? ¿Quién se cree más cabal que un niño?


Vemos a los niños avanzar con los años y se van contaminando por la influencia detestable de los adultos. ¿Somos las personas adultas más cuerdas que ellos? Sólo cabe echar un vistazo al caos mercantil que rige nuestras vidas para deducir que no. Pero ni si quiera se duda. Se establece un rol erróneo nefasto: el que sabe y el que no sabe. El que, de manera increíble, se atribuye el monopolio de la verdad y la va a trasmitir a los pequeños. Una superioridad camuflada en los criterios pedagógicos progresistas realmente reaccionaria. Se establecen relaciones de dominación y, por tanto, de obediencia. Entre adultos estaría mal visto. Pero hablamos de niños, y por sólo ese hecho, carecen de principios. Por su bien contaminamos sus vidas. Hay un rol escolar maestro-alumno plagado de historia impositiva que es en si mismo inevitable. Un alumno y un maestro en un aula juegan una disposición autoritaria en la que no caben parámetros de equidad por mucho que se pretendan. La relación de poder será siempre desigual por mucho que esta se camufle. De ahí es normal que los alumnos están siempre a la defensiva con el maestro, desconfíen siempre de él y hasta lo vean como un enemigo. Escuela popular, escuela liberadora, incluso escuela libre, son eufemismos tales como denominar a las cárceles centros de reinserción y a los ejércitos humanitarios. Los pedagogos progresistas no pueden oír de hablar de la destrucción de la escuela. No pueden soportar escuchar que la escuela – al igual que la fabrica y la cárcel- es algo muy reciente en la historia de la humanidad. No pueden entender que hay sociedades que hoy en día se rigen sin escuelas (aunque se las traten de imponer, por ejemplo, a los indígenas) y se trasmiten cultura, sensaciones y sentimientos de manera mucho menos impositiva que cualquier forma de escuela a través de diferentes formas artísticas. No quieren saber que la escuela nace de sus homónimos progresistas ilustrados que pretenden otorgar al estado el monopolio de la educación, alejados de la peculiaridad familiar y barrial, y sometidos a la homogeneización que el Estado realiza a través del ámbito escolar. Escuela y cárcel, dos instituciones que, como universales, no distan tanto en el tiempo. La una prepara productores para el capital, la otra encierra a quien no produce como le enseñaron y desobedece la imposición del mercado; la ley. No hay nada peor que un pequeño alumno que falta a clase, al igual que es intolerable para la patronal cuando un trabajador falta al trabajo. Norma burguesa infranqueable para los buenos ciudadanos, para los buenos pedagogos progresistas. Acto penado por la ley.


No quieren oír hablar de las teorías de la desescolarización porque.... ¿De que vivirían los maestros sin escuelas? ¿Dónde encontrarían ellos, progresistas y respetuosos humanistas, su espacio de dominación y superioridad? ¿Cuantos profesores pueden sentirse revolucionarios cobrando 40€ la hora en medio de la pasividad de sus vidas?


¡Cuantos monitores de ocio y tiempo libre, educadores sociales, técnicos del ocio, pueden ayudar a los demás sólo con altos salarios mientras son incapaces de involucrarse en la guerra social por el fin de las clases! ¡Qué sería de sus revoluciones sin el dinero que les proporciona el estado y el capital! ¡Que sería de sus cambios sociales sino fuera por la mercancantilización de su trabajo! ¡Que sería de sus dinámicas de grupo si no estuvieran pagadas como un salario “alto standing”!. No serían nada. Todo lo pueden dentro del trabajo asalariado, nada valen fuera de él. Contribuyendo al engorde de la maquinaria capitalista dicen poder combatirla. "Todo esta en la educación, es la base para cambiar las cosas", repiten mientras se suceden las generaciones y el orden establecido es cada vez más férreo. Contribuyen mejor que nadie a pagar la paz social. Pedro García Olivo explica la docilidad social emanada de los funcionarios del estado a la perfección:


«Ningún colectivo como el de los funcionarios para ejemplificar esta suerte de docilidad sin convencimiento, docilidad exánime, animal, diría que meramente "alimenticia": escudándose en su sentido del deber, en la obediencia debida o en la ética profesional, estos hombres, a lo largo de la historia reciente, han mentido, secuestrado, torturado, asesinado,... Se ha hablado, a este respecto, de una "funcionarización de la violencia", de una "funcionarización de la ignominia"... Significativamente, estos "profesionales" que no retroceden ante la abyección, capaces de todo crimen, rara vez aparecen como fanáticos de una determinada ideología oficial, creyentes irretractables en la filantropía de su oficio o adoradores encendidos del Estado... Son, sólo, hombres que obedecen...

Yo he podido comprobarlo en el dominio de la educación: se siguen las normas porque sí; se acepta la Institución sin pensarla (sin leer, valga el ejemplo, las críticas que ha merecido casi desde su nacimiento); se abraza el profesor al "sentido común docente" sin desconfiar de sus apriorismos, de sus callados presupuestos ideológicos; y, en general, se actúa del mismo modo que el resto de los "compañeros", evitando desmarques y desencuentros. Esta docilidad de los funcionarios se asemeja llamativamente a la de nuestros perros: el Estado los mantiene "bien" (comida, bebida, tiempo de suelta,...) y ellos, en pago, obedecen. Igual que nuestro perro, condiciona su fidelidad al trato que recibe y probablemente no nos considera el mejor amo del mundo, el funcionario no necesita creer que su Institución, el Estado y el Sistema participan de una incolumidad destellante: mientras se le dé buena vida, obedecerá ladino... Y encontramos, por doquier, funcionarios escépticos, antiautoritarios, críticos del Estado, anticapitalistas, anarquistas,..., obedeciendo todos los días a su Enemigo sólo porque éste les proporciona rancho y techo, limpia su rincón, los saca a pasear... Me parece que la docilidad de nuestros días, en general, y ya no sólo la "docilidad funcionaria", acusa esta índole perruna... » (2)


Educación y escuela se funden en el mismo concepto para los planteamientos pedagógicos de hoy en día. Nada más falso. La “importancia y necesidad” de la escuela es un mal endémico del capitalismo y del Estado que los pedagogos ya han asumido como suyo. Sólo las teorías de la desescolarización han acertado a arañar las imposturas de los progresistas pedagógicos. Teorías enterradas incluso por los propios libertarios. La escuela, por su propia concepción y estructura, nunca podrá propiciar una revolución social. Por mucho que se maquille el envoltorio, la escuela es una imposición del progresismo burgués.

Al inicio hicimos notar el surgimiento de la educación institucionalizada; de ahí a nuestra actual situación encontramos no solo a la escuela sino a la mayoría de los organismos de la sociedad con el virus de la institucionalización. Toda actividad humana está amenazada por una ley que rige el deber ser de cada uno de nosotros; nacimos para desempeñar una función que nos han de asignar a través del proceso de la escolarización. La planificación (la definición) se ha vuelto la esquizofrenia de la sociedad. La justificación más grande que ha usado la escuela para adoctrinar al niño desde temprana edad aparece con el pensamiento burgués (Locke). El niño es considerado un ser irresponsable, incapaz de la conciencia y por ende de la madurez que posteriormente le dará su libertad. El sometimiento (desplazando el aprendizaje extraescolar donde se da el conocimiento de mayor contenido) se presenta como necesario y forzoso. Los niños se convierten en ineptos desde el principio, dependientes de las instituciones. La transferencia de responsabilidad desde sí mismo hacia una institución garantizará el estancamiento social.


«Si no existiese una institución de aprendizaje obligatorio y para una edad determinada, la "niñez" dejaría de fabricarse. En el presente, la democracia cayó sobre los desposeídos, y con la ley de que todos deben tener acceso a los cuarteles escolares de gobierno, se les ha aplicado el sello de ignorantes igual que a la niñez privilegiada, ahora todos están iguales» Ivan Ilich. La sociedad desescolarizada.



Notas

1: Extracto sacado de la declaración de Alexander Marius Jacob en marzo de 1905 donde tiene lugar en la audiencia de Amiens (Francia) el proceso contra los Trabajadores de la noche. Detenidos desde 1903, detención que ponía fin a una actividad de tres años con más de 150 robos en domicilios, hoteles, castillos e iglesias.

2: Extracto del libro El enigma de la docilidad. Sobre la implicación de la Escuela en el exterminio global de la disensión y de la diferencia. Autor: Pedro García Olivo. Edita: Virus.