En esta nota presento la
primera parte de un escrito que preparé para la intervención de apertura
en el debate sobre teoría del valor con Juan Carlos Cachanosky (ver aquí),
quien adscribe a la corriente de economistas conocida como “austriaca”,
esto es, ubicada en la tradición de Menger, Böhm Bawerk, Wieser, von
Mises y Hayek.
Debido a las limitaciones de
tiempo, en mi intervención sólo utilicé una parte del texto que había
preparado. Aquí lo presento de forma completa, pero además agregué
pasajes en respuesta a objeciones y críticas que realizó JCC en el
debate, así como también respondo (en la segunda parte de esta nota) a
una crítica por escrito que puede consultarse en
La relevancia del debate
justifica que le dediquemos tiempo y espacio (de ahí que voy a publicar
el escrito en varias partes, para que la gente tenga tiempo de evaluar a
fondo los argumentos). Como es conocido, la teoría del valor trabajo de
Marx es la base de su explicación del origen del plusvalor. De manera
que sustenta la crítica del modo de producción capitalista. La teoría
del valor utilidad, por el contrario, niega que el capitalismo sea un
modo de producción basado en la explotación, y se presenta como una
alternativa radical a la teoría de Marx. Dado además que las dos teorías
postulan una fuente del valor autónoma –trabajo o utilidad- ambas
evitan incurrir en un razonamiento circular; lo cual nos lleva de manera
directa a las cuestiones teóricas fundamentales. Aclaro que hay
razonamiento circular cuando se afirma, por ejemplo, que el valor del
bien X está dado por el valor del trabajo empleado en producir X, ya que
aquí la explicación sólo remite del valor de X al valor del trabajo
empleado en X.
A fin de introducir las
cuestiones en discusión, comienzo destacando los muy diferentes enfoques
y explicaciones del movimiento tendencial de los precios que se
desprenden de ambas teorías.
La teoría austriaca del valor utilidad
Una ventaja que tiene el
polemizar con los economistas austriacos es que éstos, a diferencia de
los neoclásicos modernos, sostienen que es necesaria una teoría del
valor, y que además, las cuestiones fundamentales no se resuelven
apelando a formulismos matemáticos, como se estila en los manuales de
microeconomía usuales. Por eso, la polémica gira en torno a los
principios conceptuales, a los fundamentos.
La idea primordial de los
austriacos es que el valor deriva de la utilidad que el consumidor
asigna al bien que compra. Por eso, el énfasis está puesto en la
relación del individuo con sus necesidades y el bien. “El valor de los
bienes se fundamenta en la relación de los bienes con nuestras
necesidades, no en los bienes mismos”, escribe Menger (p. 108). En
consecuencia, el valor “es la significación que unos bienes concretos o
cantidades parciales de bienes adquieren para nosotros, cuando somos
conscientes de que dependemos de ellos para la satisfacción de nuestras
necesidades” (pp. 102-3). La valuación que realiza el consumidor
consiste en preferir un incremento particular de una cosa sobre
incrementos de cosas alternativas (una forma de evitar la objeción
conocida como “la paradoja del diamante y el agua”, ver más abajo). El
individuo establece una escala o ranking de preferencias, y los precios
constituyen el reflejo de esa escala.
Por lo tanto, y siempre según
los austriacos, el valor no se produce ni puede producirse. De ahí que
rechacen la tesis de que el capital genere valor y que el interés se
explique por la productividad marginal del capital; o que el salario sea
igual a la productividad marginal del trabajo. Como explica Böhm
Bawerk, la producción sólo genera bienes que tienen valor a partir de la
valorización que hacen de ellos los consumidores. De aquí también que
el valor de los medios de producción se establezca por imputación “hacia
arriba”, a partir del valor de los bienes finales, o de consumo. Por
ejemplo, el precio de una herramienta que se utiliza para producir
bauxita deriva de la utilidad del consumo del aluminio; utilidad que
determina la utilidad de la alúmina y por lo tanto su precio; del que a
su vez se deriva la utilidad y el precio de la bauxita; de la que a su
vez se deriva la utilidad y el precio de la máquina que permite extraer
la bauxita. Los austriacos sostienen que esto no tiene nada de
artificioso, y que cualquiera puede deducir muy fácilmente la forma en
que se determinan los precios. El valor, según esta óptica, siempre
deriva de la significación que los consumidores finales dan a los
bienes.
La teoría marxista del valor y dos tipos de precios
La teoría de Marx sostiene que
el valor es generado por el trabajo humano; por eso tienen valor las
mercancías que son reproducibles con trabajo humano. En el capítulo 1 de
El Capital Marx define al valor como tiempo de trabajo
socialmente necesario, objetivado, en la mercancía (ampliamos más
adelante). Esta idea general, sin embargo, es presentada en dos
instancias que se corresponden tanto a la concatenación lógica de los
argumentos, como al desarrollo histórico. La primera, contenida en los
primeros capítulos de El Capital, supone una sociedad de
productores simples de mercancías, y la libre competencia. Esto
significa que todavía no hay capital, trabajo asalariado ni plusvalía.
Dado que la tesis central es que el trabajo es la única fuente de valor,
se desprende muy fácilmente (una demostración rigurosa más adelante)
que en una sociedad de productores simples de mercancías (esto es, con
tasa de ganancia cero) los precios son, aproximadamente, directamente
proporcionales a los tiempos de trabajo requeridos para su producción,
dada una tecnología e intensidad promedio.
Naturalmente, la idea de que la
única fuente del valor es el trabajo humano social es el basamento de
todo el desarrollo teórico posterior de Marx. Es que admitida la tesis,
deberá admitirse luego que la plusvalía es tiempo de trabajo no pagado.
Por eso los economistas austriacos están obligados a criticar la teoría
de Marx en este nivel. De manera que nos focalizaremos en este análisis
de Marx, que a su vez contiene una crítica a cualquier intento de
explicar el valor por la utilidad.
La segunda instancia de la
presentación de Marx ocurre cuando tenemos en cuenta que en el modo de
producción capitalista las mercancías no se intercambian como productos
de productores simples, sino como productos de capitales que exigen
participación en la masa global de plusvalía en proporción a su
magnitud, aunque sus composiciones de valor (esto es, de capital
constante y capital variable) sean distintas. Por lo tanto, las
mercancías, en tanto productos del capital, se intercambian a precios
que oscilan en torno a los precios de producción. Es que a través de los
mecanismos competitivos surge una tasa media de ganancia que determina
el recargo que el capitalista hace sobre los costos de producción (lo
invertido en salarios y medios de producción). Es lo que en los libros
de texto de economía aparece como el mark-up, del que nadie parece dar cuenta teórica. En la teoría de Marx ese mark-up está determinado por la ley del valor trabajo.
Vemos entonces que Marx sostiene que los precios en la sociedad capitalista no pueden ser proporcionales a los valores.
Por eso distingue dos escenarios, uno que corresponde a una sociedad de
productores simples de mercancías, otro configurado por la producción
capitalista de mercancías. De manera explícita sostiene que los precios
directamente proporcionales a los valores corresponden a “un estadio muy
inferior al intercambio a precios de producción, para el cual es
necesario determinado nivel de desarrollo capitalista” (p. 224, t. 3).
Los precios de producción, en cambio, corresponden a un modo de
producción capitalista. Entonces que el caso de la producción simple de
las mercancías puede considerarse una variante del caso particular
(composiciones orgánicas iguales en todas las ramas) de la explicación
más compleja, referida a los precios de producción.
Críticas sin sustento