sábado, 24 de noviembre de 2012

La desencia no se desprende de la ideología, sino al reves

Me gustó este relato, creo que dice una gran verdad...
Koan
Tendría 16 o 17 años y después de unos meses como simpatizante de una organización marxista, me disponía a solicitar mi incorporación en calidad de militante pleno. Los integrantes de la célula se reunieron para examinar el caso y para poner a prueba mi formación teórica y el grado de desarrollo de mi conciencia.
–¿Por qué quieres ser militante? –me disparó a bocajarro un responsable de la directiva enviado a la reunión.

Porque no me gustan la miseria ni la desigualdad ni las injusticias –le repliqué con toda inocencia.

No, no –respondió con un gesto de decepción profunda–. La respuesta correcta es: Porque creo en el advenimiento histórico del proletariado.

La reunión terminó de inmediato. Se decidió posponer mi incorporación para cuando estuviera en condiciones de repetir de memoria aquella fórmula litúrgica.
Más o menos en la misma época tuve un rencuentro con mi abuelo, un hombre que, por formación o deformación, había sido honestamente antimasón, antisemita, homófobo y, por supuesto, anticomunista. Por razones de la vida había dejado de verlo durante varios años y me había propuesto consagrar la reunión al cariño entrañable y no echarla a perder con pláticas estériles sobre política. Pero la realidad pesa y a veces es ineludible, y pronto estábamos comentando los sucesos internacionales del momento: movimientos guerrilleros cuya victoria podía parecer inminente y hasta inevitable, y cosas así.
–El triunfo de esos muchachos es la única esperanza de este continente –comentó con toda naturalidad.
Por unos momentos me quedé confundido y me pregunté si se refería al triunfo de los escuadrones de paramilitares que infestaban América Latina. Pero no: de manera inequívoca, aquel viejo amado se refería a los guerrilleros. Me tomó muchos años entender la razón de aquella metamorfosis ideológica y política: simple y sencillamente, era un hombre decente.
Hoy los yerbajos crecen sobre la tumba de mi abuelo, y aquel inquisidor marxista que me reprobó como militante es delegado de la Sagarpa en no sé dónde y me han contado que organiza el voto a favor de los partidos del régimen por medio de las dádivas a organizaciones caciquiles. Yo, por mi parte, he comprendido que la decencia no se desprende de la ideología, sino al revés: bajo su costra de ideas cavernarias mi pariente era un hombre decente; en cambio, aquel responsable político que me examinó escondía bajo su fachada de marxista ortodoxo a un corrupto en ciernes y a un pobre pendejo.
 Hasta aquí dejo el texto, pues lo que sigue se transforma en una lamida de culo a AMLO. Si quieres leer el texto socialdemocrata y simplón hasta el keke, y que busca hacernos creer que todavía hay AMLO para rato (aunque sin duda, el partido de la virgen Morena, cumplirá muy bien su misión capturando esperanzas y prometiendo cosas que no cumplirá, -porque no lo dejan claro está, pues el es taaaan bueno y amoroso. Amlo y ahora su partidito, son piezas fundamentales en la inmovilidad-movil operativa del poder-), acude a la fuente.
Cuando AMLO y borregos cuestionen la existencia del Estado, del capitalismo, del sistema asalariado y la propiedad privada, que me venga a hablar de ética, moral y amor al prójimo...Descarado Embustero.


Fuente:La Jornada

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