martes, 8 de enero de 2013

Guerra Social, Tensión Antisocial


Excelente, reflexivo y provocador audio. Lo recomiendo ampliamente para meditar nuestro paradigma  de lucha...
Koan
Nuestra socialización capitalista, patriarcal y autoritaria nos ha entrenado para que nosotros mismos obstacu licemos nuestro propio camino de lucha. Una lucha que emprendemos inevitablemente como respuesta al malestar generado por la misma cultura.

El primero de estos obstáculos es la noviolencia y la subjetividad ciudadanista, que nos enseña a no atacar al sistema sino a buscar el diálogo con él, colaborando en sus propios mecanismos—ya sean las elecciones, la prensa u otras instituciones. Y cuando nos amenaza con intensificar nuestra precariedad, nos enseña a reivindicar las viejas formas de explotación, como el estado de bienestar, en contra de las nuevas, en vez de buscar lo que nos va bien a nosotros y no a ellos. Al final, no es ninguna sorpresa que el Estado nos adoctrine con formas de lucha que no son capaces de amenazar la base de su propio poder.

Pero una vez superados estos obstáculos, las luchas populares demuestran una tendencia tan curiosa como trágica: la autotraición. Las pocas luchas que consiguen la fuerza colectiva necesaria para derrotar el sistema acaban restaurándolo. Ésto se puede ver en ejemplos tan distintos como el intento de los bolcheviques (que incluía, desgraciadamente, a un gran número de anarco-bolcheviques) de imponer una dictadura del proletariado; el intento de la CNT en el ’36 de evitar una dictadura mediante el camino de la colaboración en un frente unido; la evolución de las cooperativas y las fábricas ocupadas—ya sea en Mondragón, en el Torino del 1919 o en la Argentina del 2002—en otro modelo de negocio capitalista que acaba enseñando a los propios capitalistas como manejar a sus empleados de manera más productiva y menos conflictiva; y en general la recuperación por parte del sistema de una gran parte de los movimientos obreros, feministas y anticoloniales, movimientos considerados revolucionarios en sus principios.

En el fondo de esta tendencia a la derrota encontramos una contradicción en la definición misma de libertad. Por un lado, tenemos la definición occidental y democrática de libertad, construida a base de un concepto del individuo racional y a través de procesos históricos como la caza de brujas, la expropiación sangrienta de los bienes comunales, la colonización, el desarrollo de la medicina occidental y el desarrollo paralelo de la tortura, la alienación de los cuerpos y la privatización de los conocimientos.

Por otro lado, hay un concepto de libertad que queda por explorar, por expresar y por poner en práctica.

Este proceso de colonizar hasta nuestro concepto de libertad tiene un impacto actual en nuestra forma de concebir la militancia, la afinidad y la estrategia. Hasta la divergencia más evidente en los últimos años entre las posturas “sociales” y “antisociales” refleja la división de algo realmente indivisible.

Autoconstruirnos - Félix Rodrigo Mora

domingo, 6 de enero de 2013

A los resignados

Por Joseph Albert "Libertad"

Odio a los resignados, tanto como a los inmundos, como a los poltrones.
¡Odio la resignación! Odio la inmundicia, odio la inacción.
Odio al enfermo abatido por alguna fiebre maligna; odio al enfermo imaginario que con un poco de voluntad podría ponerse en pie.
Compadezco al hombre encadenado, rodeado de guardianes, aplastado por el peso del hierro y del número.
Odio a los soldados, postrados por el peso de un galón o tres estrellas; a los trabajadores, postrados por el peso del capital.
Estimo al hombre que dice lo que siente allí donde se encuentra; odio al votante en perpetua conquista de una mayoría.
Estimo al sabio aplastado bajo el peso de la investigación científica, odio al individuo que se postra bajo el peso de una fuerza desconocida, de una X cualquiera, de un Dios.
Odio a todos aquellos que cediendo a otros, por miedo, por resignación, una parte de su fuerza de hombres, no sólo se aplastan a sí mismos, sino también a mí, a todo lo que yo amo, bajo el peso de su infame concurso o de su estúpida inercia.
Odio, sí, los odio porque lo siento, siento que no me postro ante el galón del oficial, ante la banda del alcalde, ante el oro del capitalista, ante todas sus morales y religiones; desde hace tiempo sé que todo esto no son más que fruslerías que se rompen como el cristal... Yo estoy postrado bajo el peso de la resignación de otros. Odio la resignación.
Amo la vida.
Quiero vivir, no mezquinamente como los que no satisfacen más que una parte de sus músculos, de sus nervios, sino yendo más allá, satisfaciendo tanto los músculos faciales como los de las piernas, los riñones tanto como el cerebro.
No quiero entregar una parte del ahora a cambio de una parte ficticia del mañana, no quiero ceder nada del presente a cambio del viento del porvenir.
No quiero postrar nada de mí bajo las palabras “patria, Dios, honor”. Conozco muy bien el vacío de estas palabras: fantasmas religiosos y laicos.
Me burlo de las pensiones, de los paraísos; esperanzas utilizadas por el capital y la religión para mantener la resignación.
Me río de todos los que acumulan para la vejez y se privan en la juventud; de aquellos que, para comer a los sesenta, ayunan a los veinte.
Quiero comer mientras tenga los dientes fuertes para desgarrar y triturar carnes suculentas y saludables frutas, mientras mis jugos gástricos digieran sin ningún problema; quiero saciar mi sed con líquidos refrescantes y tónicos.
Quiero amar a las mujeres, o a la mujer que más convenga a nuestros comunes deseos, y no quiero resignarme a la familia, a la ley, al Código; nadie tiene derecho sobre nuestros cuerpos. Tu quieres, yo quiero.
Burlémonos de la familia, de la ley, antiguas formas de resignación.
Pero eso no es todo: puesto que tengo ojos y oídos quiero, además de comer, beber y hacer el amor, disfrutar de otras maneras. Quiero ver hermosas esculturas, hermosas pinturas, admirar a Rodin o a Monet. Quiero escuchar las mejores óperas de Beethoven o de Wagner. Quiero conocer los clásicos de la comedia, repasar el bagaje literario y artístico que ha ligado a los hombres del pasado con los del presente; o mejor, repasar la obra por siempre inacabada de la humanidad.
Quiero gozo para mí, para la compañera que elija, para mis hijos, para mis amigos. _ Quiero una casa para descansar agradablemente los ojos una vez terminado el trabajo.Porque quiero el gozo del trabajo también, ese gozo sano, ese gozo fuerte.
Quiero que mi brazos usen la sierra, el martillo, la pala, la guadaña. Que los músculos se desarrollen, que la caja torácica ensanche con movimientos fuertes, útiles y razonados.

Quiero ser útil, quiero que seamos útiles. Quiero ser útil a mi vecino y quiero que mi vecino me sea útil a mí. Deseo que hagamos más porque mi necesidad de gozar es insaciable. Y es porque quiero gozar que no me resigno.
Sí, sí, quiero producir, pero quiero gozar; quiero amasar la harina, pero comer el mejor pan; hacer la vendimia, pero beber el mejor vino; construir una casa, pero vivir en el mejor alojamiento; construir muebles, pero poseer también lo útil, ver lo bello; quiero hacer teatros, pero tan grandes que puedan alojar a todos mis compañeros.
Quiero participar en la producción, pero también en el consumo.
Hay hombres que sueñan con producir para dejar a otros, oh ironía, la mejor parte de sus esfuerzos; yo quiero, unido libremente con otros, producir pero también consumir.
Resignados, mirad, escupo a vuestros ídolos, escupo a Dios, escupo a la Patria, escupo a Cristo, escupo a todas las banderas, escupo al capital y al Toisón de Oro, escupo a las Religiones: fruslerías, yo me mofo, me río de todas ellas...
No son nada sin vosotros, abandonadlas y se desharán como migajas.
Vosotros sois por tanto una fuerza, oh resignados, una de esas fuerzas ignoradas, pero que no por eso deja de ser fuerza, y no puedo escupir sobre vosotros, sólo puedo odiaros ... o amaros.
Por encima de todos mis deseos está el de ver sacudiros vuestra resignación en un terrible despertar de vida.
No hay ningún paraíso futuro, no hay porvenir, no hay sino presente
 
¡Vivamos! ¡Vivamos!
La resignación es la muerte.
La rebelión es la vida.

El experimento llegó a México: Maíz transgénico


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