viernes, 12 de septiembre de 2014

Mundo anti-socrático: Nadie se huele su propia mierda

Un texto genial!!
 Koan 
 
“La ignorancia frecuentemente proporciona más confianza que el conocimiento”
Charles Darwin
“Uno de los dramas de nuestro tiempo está en que aquellos que sienten que tienen la razón son estúpidos y que la gente con imaginación y que comprende la realidad es la que más duda y más insegura se siente”.
Bertrand Russell
“Al menos el 80% de la población piensa que esta entre el 20% más inteligente.”
Principio de Meta-Pareto
Parte de mi actividad destinada a “perder” mi tiempo libre lo insumo en reflexionar, casi en clave resentida, sobre el devenir de nuestra civilización. En esa línea, y fruto de ese tiempo diletante, concluí resumiendo que:
¿Será que la ignorancia es una nueva fuente de poder? Si, ciertamente, vivimos en un mundo verdaderamente anti-socrático en el que, contrariamente a la prédica que reza que el que más sabe tenderá a ponderar su experiencia como insuficiente, percibo que nos hemos convertido en individuos que, para posicionarnos en este mundo que hace de nosotros un producto comercial, tendemos a vanagloriarnos de nuestra experta-falsa sapiencia. Para ello, nos valemos del conocimiento o si es posible cercanía de las celebrities estelares que habitan los mundos temáticos de nuestro acontecer.
Aprovechamos la fama o, aunque más no sea, las frases o textos de otros a los que citamos para incubrir nuestra incultura. Nos valemos de citar a personajes famosos como una forma de absorber la fama que detentan y, si logramos publicar una selfie junto a ellos, mucho mejor aún. Si, dado que la honestidad intelectual no vende, nos hemos visto obligados a jactarnos de nuestra supuesta potenciada erudición.
En efecto, la red nos ha convertido a todos en “eruditos de medio pelo“, en habilidosos copy-cats de lo ajeno, en sapatrascas vendedores de saberes que no tenemos sino que copiamos, en relatores de PPTs basados en el conocimiento de otros a quienes no estamos dispuestos a reconocer y menos agradecer a menos que se trate de una gran celebrity cuya original cita nos beneficie por la irradiación de su influencia.
El actual sistema de interacción social tan viciado de marketing, tan colmado de careteada trucha nos ha vuelto a todos vendedores de espejitos de colores cuando no, de humo, y para ello, coaching o autocoaching mediante, nos hemos visto movidos a adaptar nuestro nivel de discurso a una liviana erudición amalgamada con buena onda, a convertirnos en exudadores de psicología positiva, en evangelistas de la (falsa) felicidad cuyo testimonio queda reflejado en esa hipócrita y deslucida sonrisa que cuelga de nuestros rostros a la hora de pretender algo (interesado) en el otro.
La meritocracia del autobombo con sonrisa de oreja a oreja, como forma de posicionamiento chupaplata, la mediocridad complaciente y liviana al servicio de la sugestión grupal, no para atender las necesidades de las personas sino para venderle “supuesto valor” a un mercado de incautos” colmado de competencia que conviene imitar pero ocultar.
Qué tiempos locos estos… en el que todos nos hemos vuelto vendedores de buzones de conocimiento… Viene a mi mente el personaje de Carolyn Burnham, la esposa de Lester, magistralmente interpretada por Annette Bening en la película American Beauty, esa ambiciosa vendedora inmobiliaria a la que sólo le importa el éxito profesional (a riesgo de sacrificar su esencia y la de otros) y para ello procura transmitir un semblante de éxito y buenaventura que la lleva a afirmar que «su compañía vende una imagen y es parte de su trabajo vivir esa imagen»…

Como nota al pie, resulta interesante destacar que la rosa de “American Beauty” es una variedad de rosa cultivada artificialmente para tener una apariencia perfecta. Tal como lo expresa la entrada de la Wikipedia, en las rosas, que aparecen en numerosos pasajes de la película, queda representada la “falsa belleza”, belleza que es sólo apariencia…
Lamentablemente nos hemos dado cuenta de que nuestro ilimitado acceso al conocimiento de otros nos permite moldear nuestro perfil profesional al punto de equipararnos a los verdaderos expertos, con la diferencia de que esos sabios, aquellos que realmente han absorbido saberes verdaderos, probablemente, terminen olvidados opacados por su inhabilidad de vender. Pues, a mayor sabiduría, mayores son las dudas y menores las certezas que se puedan expresarle a un mundo ávido de respuestas sean estas o no verdaderas… ¡¡Bravo, bravo, bravo carajo!!...que contundencia!, buumm!!!...Koan

Soy tan experto en mis saberes fragmentarios, soy tan sabio en mi semblante vendedor que hasta puedo darme el lujo de citar, cual magnánimo erudito, a “mis grandes amigos” David Dunning y Justin Kruger, esos interesantes investigadores de la Universidad de Cornell, quienes, si mal no recuerdo, hace ya unos cuántos años publicaron en el Journal of Personality and Social Psychology, el trabajo:
[Probablemente, ellos nunca se enteren de mi existencia, sin embargo y dado que me quiero posicionar marketineramente, no está mal citarlos como si fueran mis "grandes amigos".
No le digan a nadie que llegué a ellos a través de un tweet de Mikel Uriguen:
… Sean uds. ahora cómplices de esta mi picardía: ellos no tienen por qué enterarse de esto. Vivimos en la Era de la Colaboración (y, agrego yo, de los oportunistas lameguita como yo). Así que no le digan a Mikel y a Jesús de la Gándara, autor del post de la Revista @hyperbolemag que les estoy robando el dato así termino pareciendo, a la vez, original y erudito … ]
[Copio ahora a la Wikipedia, pero de ello ustedes ni tienen por qué enterarse…].
Déjenme contarles que el efecto Dunning-Kruger es un sesgo cognitivo según el cual los individuos con escasa habilidad o conocimientos sufren de un efecto de superioridad ilusorio que los hace considerarse más inteligentes que otras personas más preparadas, incorrectamente midiendo su habilidad por encima de lo real.
Según lo afirman mis grandes amigos Dunning y Kruger, que ganaron el premio Ig Nobel en el año 2000 por su trabajo, este sesgo, es atribuido a una inhabilidad meta-cognitiva del sujeto de reconocer su propia ineptitud, debido a que su habilidad real debilitaría su propia confianza y, ahora agrego yo, su capacidad de venderle a un mercado ávido de certezas. Los individuos competentes, es decir esos contra quienes tenemos que competir, suelen asumir que los otros tienen una capacidad o conocimiento equivalente al suyo dado que, el gran conocimiento que poseen, los sume en una espiral de dudas que los inactiva a vender sus saberes y a la vez, por saber tanto, se convierten en una amenaza competitiva potencial ante el ladrinculto. Déjenme explicar mi punto:

Entrevista a Gabriel Pombo da Silva, anarquista preso

Dejo la entrevista en 3 partes, en una lista de reproducción...

¿Dónde estamos?

 Excelente y potente escrito...
Koan

Según Brecht, son sombríos los tiempos en que la gente pide que se le descargue de la preocupación de defender sus intereses reales y su libertad. Son los tiempos del cínico, que abomina de la sociedad y desprecia sus convenciones, y son los tiempos también del disidente, que no quiere someterse a los hechos consumados y, a contracorriente, toma partido por la libertad. La disidencia no significa exilio interior porque actúa, y por lo tanto, corre riesgos. Es fundamentalmente resistencia y secesión. Esta posición obliga a liberarse de gran parte del bagaje teórico de la época anterior y a penetrar en la nueva sólo con lo puesto, ya que no se trata de conservar la memoria de un pasado y comunicarla de forma ortodoxa a los nuevos individuos conscientes, sino de incitar a pensar, de provocar un diálogo entre los que se reconocen iguales sin temor a contradecirse. Para encontrar soluciones primero hay que suscitar preguntas. La crisis del pensamiento revolucionario no podrá ser remontada sino en condiciones de libre discusión; en una situación de crisis, el anquilosamiento ideológico y su consecuencia principal, el vacío teórico, son la verdadera catástrofe. No se puede permitir que el enemigo se despache a gusto cuando tiene de su parte fuerzas ingentes: la pérdida de esa batalla, la de las ideas, acarrea la derrota de todas las demás.
Es necesario sacar conclusiones tanto de la constatación de la capacidad del capitalismo de superar sus propias contradicciones o de instalarse cómodamente en ellas, como de la evidente incapacidad de los obreros en hacer su revolución y de la disolución del proletariado como clase social. Todo ello implica la superación capitalista del conflicto, la desaparición de las crisis generales, y por consiguiente, la refutación de una supuesta necesidad histórica objetiva que nos conducía, inevitablemente, hacia la lucha final. Y nos sitúa teóricamente en la posición de los anarquistas y de los socialistas premarxistas, que deducían la lucha por la emancipación humana de la perversidad del mundo y de la voluntad consciente de los oprimidos. Las frecuentes crisis parciales que se dan a causa de la imposición constante de condiciones de vida peores que las anteriores puede generar ilusiones respecto a un retorno de la lucha de clases, o sea, a un replanteamiento de la cuestión social, pero en vano. La cuestión social no puede mostrarse espontáneamente como conflicto que emana de un antagonismo entre dos partes irreconciliables en tanto que lucha de clases, porque la derrota definitiva del proletariado industrial ha eliminado la posibilidad de una crisis total –y por lo tanto, la posibilidad de un conflicto real–y favorece que las luchas actuales sean débiles y manipulables, y en consecuencia, recuperables por el sindicalismo, los partidos, los ecologistas o el humanitarismo de izquierdas.


Walter Benjamin apuntaba que el fracaso del proletariado histórico residía en su “progresismo”, en la creencia burguesa del progreso: “Nada ha corrompido tanto a la clase trabajadora alemana como la idea de nadar a favor de la corriente. El desarrollo técnico era el sentido con el cual creía estar nadando. A partir de ello no había más que dar un paso para caer en la ilusión de que el trabajo en las fábricas, por hallarse en la dirección del progreso técnico, constituía de por sí una acción política. La antigua moral protestante del trabajo celebraba su resurrección en forma secularizada entre los obreros alemanes (…) Tal concepción no quiere ver más que los progresos del dominio sobre la naturaleza y se desentiende de los retrocesos de la sociedad” (Tesis de filosofía de la historia). La moral obrerista apartaba a los trabajadores del planteamiento de la cuestión histórica por excelencia, la cuestión del progreso. La mayor parte de la crítica social ha considerado siempre que los avances científicos y técnicos eran aliados absolutos del proceso emancipador y jamás imaginó que, en tanto que creadores de nuevas servidumbres, iban a hacer de la dominación algo insuperable. Así pues, los obreros eran separados de la producción automatizada – la cual ya no podían concebir claramente como obra suya ni por otra parte cuestionarla- sin hacer la crítica de la máquina, sin rebelarse con el maquinismo como sus predecesores, hace casi dos siglos. La superioridad de aquellos obreros luditas residía en que ellos sí que sabían a qué miseria les condenaban.


No se podrá ir a ningún lado si no se rompe con la concepción de la revolución como reapropiación del aparato productivo existente, ni se admite que la emancipación humana pasa por la destrucción del sistema industrial. Consignas que pertenecían al “estadio anterior del desarrollo económico objetivo” como la ocupación de las fábricas, el control obrero de la producción o la autogestión generalizada, han envejecido y son palpablemente equívocas; solamente partiendo de ese punto podremos identificar las necesidades reales de los individuos y elaborar una crítica auténticamente subversiva. Lo cierto es que, al contrario de lo que decía Marx, hay que renunciar a transformar el mundo con ayuda de todos los grandes recursos propios de este mundo, e intentar conseguir su redención a espaldas del sistema dominante, con todos los medios ajenos a la dominación.



La idea directora de la crítica revolucionaria ha de ser la de la autonomía de la técnica. En nuestra sociedad el hombre es servidor de la máquina y la técnica abarca todos los sectores de la existencia, determinando a la vez las relaciones de los individuos con la naturaleza y las relaciones – hoy en estado de anomia- que mantienen los individuos entre sí. No queda ningún aspecto de las relaciones humanas que no haya sido tecnificado y, por lo tanto, relegado al control de expertos. Ya no es el sistema económico el que determina la naturaleza de la técnica, la política y el grado de complejidad del mundo. Es la técnica la que, fundamentándose en el conocimiento científico, ha ordenado la economía al dictado de sus propias exigencias y se ha apoderado de la sociedad entera, mientras que los individuos han acabado siendo perfectamente equiparables y reemplazables por máquinas. La ideología humanista burguesa se ha deshecho y el “hombre”, es decir, el burgués idealizado, ha dejado de ser la medida de todas las cosas. Quienes hacen historia son las máquinas, los humanos solo las padecen. 


La técnica es la falsa conciencia de una época de individuos reificados, convertidos en cosas. La tecnociencia moderna impone una organización social determinada donde la regla general es la tendencia de la élite a acumular poder sin control. La novedad consiste en que esa concentración de poder no se realiza mediante la expansión del aparato estatal, es decir, no sigue el modelo de la burocratización, sino la línea eminentemente técnica de la eficacia y el rendimiento.

La civilización industrial ha sido creada por la técnica. Desde entonces, la historia mundial es cada vez más historia de la técnica. En los albores del proceso, los socialistas utópicos reconocieron en la máquina, o lo que es lo mismo, en el crecimiento explosivo de la capacidad de producción, la amenaza de un desarrollo cultural que fragmentaría al individuo y atacaría la raíz misma de la libertad y la vida, y trataron de conjurarlos con proyectos basados en el control de los medios técnicos y en el rechazo del sistema de mercado, ignorando cualquier consideración económica. Posteriormente, el socialismo político y el sindicalismo fueron manifestaciones de tendencias a la autoprotección de los destrozos del mercado, pero a costa de un compromiso con la máquina. Según Karl Polanyi “La industrialización fue un compromiso, nada fácil, entre el hombre y la máquina, en el cual el hombre se perdió y la máquina encontró su camino” (El sustento del hombre).
Un programa que contemple la reorganización de la sociedad sobre bases descentralizadas y comunitarias, sobre el “ágora”, a través del desmantelamiento de la producción actual, del control asocial de los medios técnicos y de la adopción de tecnologías descentralizadoras, de la supresión del mercado y del espectáculo, de la desaparición del transporte privado, de la recuperación del campesinado, etc, ha de saber que está pidiendo explícitamente un retorno a las condiciones precapitalistas, al trabajo artesano a la fiesta, a la tradición y a los lazos comunitarios, a los ritmos vitales relajados, al derecho consuetudinario, a la economía del sustento y a la sociedad del estatus, en donde “lo que importa no es la utilidad de uno sino lo que se es" (Cicerón). Pero no es un retorno en el tiempo, no es una vuelta al pasado: es una liberación que sueña más que calcula y que carga con la experiencia de dos siglos de capitalismo y de absolutismo tecnológico; es un viaje por encima del cadáver de los nuevos señores feudales del mercado mundial.
En la actualidad, la escolarización prolongada, el reciclaje y la asistencia social, son los medios empleados profusamente para mantener a una parte cada vez mayor de la población fuera de la producción, por cuanto que se ha convertido en fuerza productiva innecesaria que hay que desmovilizar, métodos que corren a cargo del Estado y que son presentados como logros sociales y expresión de un supuesto “bienestar”. Por estos procedimientos, jóvenes, parados y demás excluidos, son apartados de los circuitos de la productividad, pero son conservados como consumidores. La mundialización ha disparado los gastos sociales al punto de afectar otras necesidades más significativas del Estado como la dotación policial y la compra de armamento. Ante el recurso a los impuestos, los estrategas del poder han promovido políticas tendentes a la creación de un espacio de dispersión de fuerzas productivas inútiles, mediante el fomento de actividades “sin ánimo de lucro” financiadas por el Estado con desgravaciones fiscales. En lo esencial, se trata de que el Estado vaya cediendo la gestión de los servicios sociales y del reciclaje de los individuos a organizaciones inofensivas de voluntarios o de colectivos juveniles adictos, o simplemente a cretinos “sin fronteras”, de modo a desarrollar una economía intermedia que neutralice a los inservibles para el mercado globalizado del trabajo. Dicha economía, destinada a crecer en los próximos años –llamada en Francia “economía social”– es responsable de más del 6% del empleo. Un objetivo económico de este tercer sector (ni público ni privado), consiste en alcanzar la autofinanciación con la constitución de comunidades autosuficientes y el establecimiento de redes de comercio paralelo (llamado “justo”), aderezados con la ideología filantrópica y ecologista de rigor. La denuncia de tales prácticas, por las ilusiones que pueden generar, es tan importante para los desertores del sistema como lo fue la denuncia del ecologismo en la luchas contra la contaminación. La deserción no tiene nada que ver con los paliativos. La deserción no coopera con la dominación ni acepta su dinero; sabe que el establecimiento de condiciones de vida humanas no resultará del hecho de ocupar las posiciones abandonadas en los mercados internacionales por los propietarios del mundo. No ofrece soluciones sino que le pide cuentas: la deserción se aparta del sistema pero sin dejarlo tranquilo.

La verdad sobre la violencia

jordan eagles 4
Se trata de un tema incómodo.
Un asunto que nadie quiere afrontar y que provoca respuestas automáticas, cargadas de miedo y sentimientos de culpabilidad, fruto de la programación mental a la que todos estamos sometidos.
Y es que éste, no es un tema nada fácil de abordar.
Exige valentía y una mente abierta para enfrentarnos a cosas que no queremos ver y que nos sitúan frente al espejo…
Hands in blood
PONGAMOS LAS COSAS EN SU LUGAR
Nos guste o no, la naturaleza está repleta de violencia.
El león devora a la gacela, el gorila dominante del grupo reprime duramente a los machos aspirantes, el mosquito agujerea nuestra piel y la vaca arranca y mastica la hierba a su paso.
gorilas002
Todo ello son acciones violentas que implican el uso de la fuerza contra la voluntad de otro organismo.
Leon-y-cebra
Todo ello implica causar dolor a otros seres vivos por conveniencia propia.
tiburonfoca
Así es la naturaleza en estado puro.
Por esa razón, cuando alguien “condena la violencia”, o dice que “la violencia no conduce a ninguna parte”, simplemente está haciendo el ridículo.
Condenar la violencia es como condenar la ley de la gravedad. (y podríamos hacerlo: al fin y al cabo, la ley de la gravedad ha matado a muchas personas buenas e inocentes que no habían hecho daño a nadie)
fallingdown4
Lo miremos por donde lo miremos, condenar la violencia como concepto es caer en el absurdo más sonrojante.
Ciertamente, la mayoría de nosotros no querríamos que las cosas fueran así, empezando por quien escribe estas palabras.
Preferiría vivir en un mundo donde los intercambios biológicos de materia y energía o las dinámicas de poder o defensa del territorio fueran muy diferentes. Un universo espiritual en el que los seres vivos no se perjudicaran entre sí y en el que intercambiasen energía y materia de forma placentera, formando una red simbiótica y armónica perfectamente equilibrada, donde jamás hicieran acto de presencia ni el dolor ni la muerte.
Pero si eso existe, debe ser en otra dimensión o en otro universo.
Aquí y en este planeta, reina el intercambio violento y doloroso de energía y materia.
Y no podemos cerrar los ojos a estas dinámicas naturales.
tumblr_inline_mn9ax0Cg3f1qz4rgp
Como decíamos en anteriores artículos, es como estar encerrado en una habitación con un lobo hambriento. No te servirá de nada hablarle de “pacifismo” y decirle que “la violencia no lleva a ninguna parte”.
En estas circunstancias, el que está fuera de lugar eres tú, no el lobo.
Eres tú el que debe adaptarse a las circunstancias del momento.
Los conceptos de “pacifismo”, “convivencia” o “moralidad” son abstracciones que solo viven en el interior de tu cabeza.
El lobo no los necesita. Tiene hambre y fuerza. Punto final.
Pero en todo caso tranquilo, si lo deseas puedes seguir siendo “pacifista”…mientras te arranque la carne a mordiscos y triture tus tendones, siempre podrás pensar en Gandhi, Jesucristo y la Madre Teresa de Calcuta. Eso no te lo quita nadie…

cleon_peterson_daybreak_16x16_med_web_008Violencia y manipulación
Lo difícil de asumir, en definitiva, es que la violencia, en sí misma, no es ni buena ni mala y que calificarla de una u otra manera, depende de valoraciones abstractas inventadas por nosotros mismos.
Todo esto puede parecer muy obvio, pero en realidad determina todos los aspectos alrededor de este tema.
Porque el Sistema ha sustituido el concepto natural de violencia que todos llevamos instintivamente arraigado a nivel biológico por un nuevo concepto abstracto y distorsionado de “violencia”, creado ex-profeso con el fin de impedir que los individuos recurran a su instinto violento como medio de autodefensa ante la agresión.
wolf1
Es como si el lobo de la habitación, al ver que agarramos un garrote para defendernos, se nos acercara, lentamente, y nos dijera con voz suave: “la violencia es mala y no lleva a ninguna parte…¿no te da vergüenza?”
redactar
EL CONTROL DE LAS DEFINICIONES

 
Quien domina las definiciones, domina el mundo.
Porque quien controla las definiciones, controla las mentes y controla las creencias de la sociedad.

Controlar las definiciones significa manipular los conceptos, el nombre que se les asigna, su sentido, sus límites y ante todo, los valores que se les asocian.
Y una vez hecho eso, obligar a los demás a acatarlos como si fueran la única verdad posible y aceptable.
En eso consiste el ejercicio del poder.
Y el caso de la violencia es un claro exponente de ello.

war_1640629i
La violencia siempre es justificable
 

Esto es algo que mucha gente se niega a comprender, a pesar de que la historia está repleta de ejemplos que lo demuestran.
Todas las guerras y actos violentos, sean los que sean, han sido debidamente justificados por ambos bandos en su momento.
Los Romanos extendieron su Imperio a través de la violencia, pero lo justificaron bajo el pretexto de la civilización, el progreso y la pacificación.
Alejandro Magno extendió su imperio de forma violenta, luchando contra la maldad inherente del Imperio Persa y buscando unificar el mundo conocido bajo las bondades de la Civilización Helénica.
BattleofIssus333BC-mosaic-detail1
El Comunismo extendió sus dominios de forma violenta luchando por los derechos del proletariado y contra la opresión capitalista, mientras el Imperio Americano ha justificado todo tipo de guerras, crímenes y saqueos con el subterfugio de extender la libertad y la democracia.
american democracy
Y es que encontraremos este tipo de justificaciones en todos los casos habidos y por haber, desde el imperio más grande hasta el grupúsculo armado más pequeño.
Y eso nos arroja una conclusión: la violencia se cataloga de justificable o injustificable dependiendo del bando elegido en cada ocasión.
En consecuencia, queda claro que el bando ganador o dominante, es decir, el que tenga más poder, siempre encontrará plena justificación a su actitud violenta, hasta convertirla en algo legítimo y denostará la violencia del que se le oponga, catalogándola de actitud criminal e ilegal.
oppression_00000
Este es el gran truco del macho alfa
Fue un gran salto intelectual, sin lugar a dudas.
Un día, el macho alfa descubrió que quién domina las definiciones domina la manada. Y para conservar su poder, cambió el significado de las palabras a su conveniencia.
gorilla alpha 2
Su actitud violenta pasó a ser llamada “la ley” y la justificó calificándola de “defensa legítima del orden y el bien común”; y en contraposición, tildó la actitud violenta de todo aquél que se le opusiera de “violencia injustificada”.
Una vez establecidas estas definiciones, solo tuvo que inculcar por la fuerza a los demás miembros del grupo que “la violencia es algo malo” para conseguir que cualquiera que se le opusiera, recibiera el rechazo unánime de la mayoría.

gorilla-alpha1
Y no solo eso: con el paso del tiempo y gracias a la criminalización del concepto “violencia”, cualquier miembro del grupo acabaría desarrollando un fuerte sentimiento de culpa cada vez que se planteara actuar usando la fuerza.
Una jugada perfecta que derivó en lo que todos conocemos: el monopolio de la violencia del Estado.

FORMACION_ANTIMOTIN
Lo vemos cada día en los medios
Este truco lo vemos reflejado diariamente en los grandes medios de comunicación y más específicamente expresado cuando se producen disturbios en las manifestaciones.
Fijémonos en las palabras utilizadas por los periodistas, un auténtico manual de la manipulación del lenguaje y de la mente del espectador.
A los manifestantes que actúan violentamente, los periodistas los llaman “los violentos”.

4b87bbfa-2bc4-4ec2-a28b-28b1d7f436bb
Se trata de un truco maravilloso, porque al llamarlos así, implícitamente se está dando a entender que los únicos que usan la violencia son los manifestantes.
Sin embargo, cuando un policía dispara balas de goma o golpea con una porra también está utilizando la violencia, exactamente igual que un manifestante que arroja piedras o un cóctel Molotov.
represion
La verdad es que ambos bandos utilizan la violencia para alcanzar objetivos diferentes.
Catalogar solo a uno de los dos bandos de “violento” es manipular el lenguaje y a los espectadores intencionadamente (algo que por otro lado, no debería extrañarnos, pues hace tiempo que la manipulación social es el único cometido del periodismo)
De la misma manera, cuando en una manifestación se habla de “los encapuchados”, se vuelve a recurrir al mismo tipo de manipulación.
encapuchados
Los manifestantes que actúan violentamente ocultan su identidad con el fin de no ser identificados, salvaguardar su seguridad y evitar represalias posteriores de las autoridades.
Exactamente lo mismo que hacen los agentes antidisturbios: actúan violentamente y ocultan su identidad con el fin de salvaguardarse de represalias posteriores por parte de la población.

El trabajo no dignifica, es la forma de dominación más efectiva creada por los poderes

A. Tarín
Cada día que pasa se hace más necesario desterrar de las filas del izquierdismo la figura estimada del trabajador. Ser un trabajador no es ningún orgullo, sino una penitencia. Nuestro pecado capital ha sido y será la mitificación del trabajo como valor humano. 
El marxismo y el anarcosindicalismo han hecho suyas la tesis nacionalsocialista de que el trabajo nos hará libres, cuando, realmente, el laborar está más próximo al contravalor, al suicidio del alma. Más allá de la advertencia realizada por Engels y Marx acerca del salario, donde la plusvalía era la única explotación dada, hay que comprender que el trabajo en sí, en toda su dimensión, es un crimen, la forma de dominación más efectiva creada por los poderes.
El hombre, por naturaleza, no desea trabajar. Las conquistas del movimiento obrero han ido siempre encaminadas en esa dirección. Las reducciones en la jornada laboral y la mejora en las condiciones, bajas médicas, de lactancia, etc. son en esencia formas merecidas de escaqueo. Amamos el tiempo libre, las vacaciones. Deseamos disponer tiempo para el ocio. El trabajo es uno de los mayores productores de enfermedades mentales y sociales contemporáneos. El estrés o la depresión, así como las rupturas de los núcleos familiares o sentimentales, la soledad, la incomprensión familiar o la ausencia de tiempo pedagógico, son la metástasis del trabajo.

Es en el trabajo donde más se nos enseña a respetar las reglas, donde se nos configura como seres del sistema. Se imponen un horario; unas obligaciones no consensuadas, puesto que el trabajo es un aprovechamiento por parte de patrón de la necesidad del trabajador de existir; unos turnos para realizar nuestras funciones fisiológicas de aseo, excreción y alimentación; y un temor constante provocado por la creciente incertidumbre que crea el despido libre, el trabajo temporal y, en definitiva, la inestabilidad del puesto de trabajo. Es, trabajar, una manifestación de poder en carne viva, comparable al sistema penitenciario. Y no lo es porque las actuales condiciones laborales sean precarias: el simple hecho de intercambiar experiencias por dinero ya es una maldición para el hombre. El dinero, y el trabajo como manera de generarlo, es jerarquía y represión.
Es desesperanzador ver al trabajador esforzarse en contentar las apetencias fetichistas de la patronal. Estos caprichos son estéticos, modificando el aspecto personal; de consumo, modificando las vestimentas; de trato, sumiéndose en un proceso autoritario en el que el respeto es el mismo que el ejecutado tiene al verdugo tratando de ganarse el perdón de su vida con la amabilidad; de tiempo, pues empleamos el máximo del nuestro a modificar nuestra posición laboral (del desempleo al empleo, y del empleo a otra posición laboral más privilegiada) con la elaboración de currículums atractivos y haciendo marketing sobre nosotros mismos. El currículum, en sí mismo, es fruto de la depravación más devastadora del trabajo, en el que de conformidad resumimos nuestra experiencia vital a aquel conocimiento que consideramos susceptible de ser empleable.

Capitalismo-explotación
En este sentido, tanto el patronato como la organización sindical, principalmente esta última, insiste en la necesidad de formar al trabajador para ser un mejor trabajador. El trabajo ha dejado de ser derecho para ser un deber, en el cuál es necesario estar preparado y competir con el prójimo en una inhumana batalla por demostrar quién posee unas habilidades más eficazmente explotables. Pasamos la vida, y más aún los periodos de desempleo, entrenando nuestra capacidad de ser esclavizados.
La enseñanza superior, la Formación Profesional y la cada vez más mercantilizada formación universitaria, no tiene más interés que el dotarnos de unos conocimientos inútiles fuera del trabajo. Éste es el centro hegemónico de la vida. El consenso en torno a los valores de sacrificio y disciplina ligados al trabajo es claro. Nosotros mismos, como clase, miramos con recelo al vago, al que busca equilibrar la balanza del aprovechamiento con el patrón, al que trata de ponerse a su nivel rebajando la calidad y jornada de trabajo. No importa la naturaleza del patrón, si es estatal o iniciativa privada. El trabajo es el método de control social de nuestro tiempo, y es necesario reaccionar contra él privándole de su existencia.
Ello no significa que debamos abandonar de manera autónoma y unilateral el mundo del trabajo. Sabemos que el desempleo es un drama y que no es fácil sobrevivir, no sólo biológicamente sino humanamente, sin dinero. Y sabemos, también, que en la mayoría de los casos, tampoco sería honrado vivir del trabajo de los demás compañeros. Nuestra madurez está en caminar cada vez más firme en la senda del socialismo libertario. Poco a poco, ir creando las condiciones necesarias para depender menos del dinero y, por tanto, del trabajo.
Vivir para uno y para los compañeros y compañeras, no para el trabajo. Las asociaciones libres seguirán existiendo, pero no de trabajadores, sino de creadores y de jugadores. Crear y jugar es innato al hombre. Nuestra infancia lo pone de manifiesto. Sentimos la necesidad más o menos constante, en su justa medida, de hacer cosas, la mayoría de ellas, útiles, tanto para el individuo como para la sociedad. Es la verdadera vocación, la verdadera aplicación de nuestras habilidades, al margen de salarios o prestigios sociales vinculados a la profesión. El individuo puede producir bienes y bondades para la comunidad sin necesidad de estar sometidos a yugo y al látigo de la explotación laboral. Más allá de ganar o perder, el juego se realiza por la propia experiencia de jugar cuando éste es entendido sanamente. Esta es la alternativa propuesta al trabajo: la libertad.
Fuente:Arrezafe

TerrorStorm

Los Orígenes Ocultos de ISIS