domingo, 23 de febrero de 2014

DETESTO

Detesto el éxito, la arrogancia, la vanidad,
el despotismo mediocre de los jefes
y la mentira azul perfumada en sus bufetes necios.

Detesto la agresividad capitalista,
torpe y caduca, ajena al "ego";
la autoridad incompetente,
sin fundamentos éticos suficientes.
Detesto este injusto sistema
y la actitud sumisa de quienes lo sostienen.
Detesto las victorias de la Historia
sin el Pueblo.

Detesto las clases, las categorías, las jerarquías,
las diferencias y los privilegios.
Y amo, sobre todo,
el empeño en la lucha
en combatir todo lo que detesto. 



                                                             Juan Antonio Mora

DEMAGOGIA

Eternas mentiras azules
pululan zánganas y harapientas
en la luna boba del aire.


(Los espejos de mis sueños están tristes).
Un movimiento mestizo y embustero, un movimiento hermético
continuamente deforma claras realidades populares.
 

Eternas seudo-verdades
golpean la frágil mente de niños indefensos,
la docilidad en la sugestión, la inspección, la reverencia,
la humillación, la mitificación y la antilibertad.


Nadie crece lo suficiente hombre ni se desarrolla
homogéneamente... humanamente...
en el autoritarismo inquisidor y la religiosa represión.


Ellos han revolucionado la mentira y el privilegio
y la divulgan sagazmente en plataformas azules sofisticadas
para nada, para nada,
para nadie, para nadie,
porque nosotros estamos unidos, inmersos en la tarea
lúcida e ingrata
de devolverles la moneda en gotas de tinta china y sabia,
revolucionando la verdad que es nuestra arma y nuestra fuerza,
con palabras sencillas del pueblo, con actos consecuentes y nobles.


Y el ejemplo de la lucha
y de todo cuanto escribo ahora
está en los corazones rebeldes,
que buscan y gritan libertad,
a costa de perder la vida.


                                                               
                                                             Juan Antonio Mora

Mitad humano, mitad máquina: ¿qué tan inútiles somos sin nuestros gadgets?

Si una máquina ya lo puede hacer por ti, probablemente olvides como hacerlo tu mismo. Mientras más inteligentes son las computadoras, más estúpidos parecemos hacernos los humanos.


qué tanto dependemos de la tecnología



¿Qué tan dependientes somos de la tecnología?.
Es impresionante como en un periodo de tiempo relativamente corto nos hemos convertido en la generación que más dependen de las maquinas y menos de sus propios sentidos e instintos. Actualmente me es casi imposible recordar como demonios lograba la gente encontrarse en un lugar y hora predeterminados antes de que existieran los teléfonos celulares, ¿cómo sabía la gente donde encontrarse?, ¿se llamaban a gritos?.
Han pasado poco más de 10 años desde que tuve mi primer celular, antes de aquel momento recuerdo que tenía una agenda de papel donde guardaba los números de teléfono de mis amigos y mi familia, lo gracioso es que la tenía solo por "jugar" con ella, porque cada vez que compraba una nueva escribía todos los números de memoria. En este momento soy incapaz de aprenderme el número nuevo de mi pareja porque lo cambió hace unos 4 meses.
Nos adaptamos tanto a las comodidades y facilidades que nos proporciona la tecnología que básicamente dejamos de aprender a defendernos por nosotros mismos y en su lugar nos fusionamos con un dispositivo.

 

Señales claras de que dependemos demasiado de la tecnología

Gente que se lanza con su vehículo al mar porque el GPS le dijo que continuara por 500 metros más. Nadie recuerda un número de teléfono, si olvidas el smartphone te da un ataque de ansiedad que puede rozar el pánico. Si se cae la señal de Internet, se acaba el trabajo por el día, y tus gadgets son básicamente pisapapeles costosos. Te mudas a una nueva ciudad, pasan 6 meses y sigues sin recordar ninguna dirección porque para eso está Google Maps.
No es un misterio el porqué la mitad de las películas apocalípticas incluyen zombies y la otra mitad un blackout tecnológico donde todos los electrónicos mueren, desaparece Internet y los aviones caen del cielo.
Hay gente que teme que los robots del "futuro" empiecen a reemplazar a los humanos en los campos de trabajo, pero muchos humanos están felices de dejar que sus máquinas realicen todo el trabajo por ellos, sin darnos cuenta de que la razón por la que seremos reemplazados es porque no sabemos hacer nada.
jasonedmisston


En una isla desierta con un Kindle

A todos nos encanta la comodidad, la tecnología en altas dosis nos convierte en adictos. Honestamente yo no se como vivir en un mundo diferente a este, e imaginar ser despojada de todos mis juguetes electrónicos y su constante conectividad me generan una ansiedad tremenda. Lo que me hace reflexionar un poco y pensar en la terrible situación que me encontraría si por alguna razón mayor no pudiera acceder a ellos.
En una isla desierta la batería de un Kindle te daría la compañía de un libro por 4 o 5 días, luego solo te queda la soledad de un aparato con el que no puedes hacer ni una fogata.
Las computadoras se han convertido en un especie de extensión de memoria de nuestro cerebro, hay tanta información disponible todo el tiempo que nos saturamos en segundos, de conocimientos que no retenemos por más de unos minutos u horas, porque sabemos que están "guardados en otro lado", siempre accesibles desde tu cerebro artificial. Una mente alterna que solo está disponible si hay una toma de corriente y una conexión WiFi.
Offline somos cada vez sacos más vacíos.

Fuente: Alt1040

viernes, 21 de febrero de 2014

Visiones de la filosofía estatal en el anarquismo contemporáneo

Como continuación del texto anterior, repasamos en esta algunas de las visiones del anarquismo contemporáneo sobre el estatismo; ya hemos visto que el pensamiento ácrata realiza una distinción radical entre sociedad y Estado. La sociedad sería para los anarquistas una realidad natural, para nada consecuencia de un pacto o de un contracto tal y como sostienen ciertas visiones políticas en la modernidad.

aEl Estado vendría ser una degradación de esa realidad natural, ya que supone una jerarquización social y una división entre gobernantes y gobernados1 . Frente a otras ideología socialistas que contemplan el Estado como una consecuencia del poder económico, los anarquistas van allá y consideran que ambos poderes, el político y el económico, se complementan y es necesario acabar con ambos en beneficio de una verdadera revolución social.  El principal ataque de los anarquistas se produce contra el Estado, por representar la máxima concentración de poder, aunque se observa también como un organismo que representa los intereses de ciertos individuos y ciertas clases2 .
El socialismo, tal y como lo entiende el anarquismo, es decir, dar libre curso a la vida social, choca de frente en primera instancia con el Estado y con su aparato represivo. El Estado, no solo es fruto de una voluntad de poder por parte de una minoría, también supone la enajenación de las personas de la gestión política. Tal y como lo define Rudolf Rocker el Estado es "un mecanismo artificial, impuesto de arriba a abajo", que impide la evolución orgánica de la sociedad y la paraliza. El anarquismo, por lo tanto, observa la institución estatal de una manera muy amplia, con sus propio dinamismo e intereses, no solo de tipo político y económico, también de índole moral. Así, para Gustav Landauer, representa también unas relaciones, comportamientos y formas de ser que conforman las costumbres de las personas a nivel individual y colectivo; aunque solo en las dictaduras se muestra en su verdadera naturaleza, el objetivo del Estado es impedir las relaciones libres de las que surgen las reflexiones e iniciativas de los seres humanos. Para la visión anarquista, solo fuera del Estado puede la sociedad reconstruirse y gestionar la vida pública y los asuntos económicos a través de una estructura flexible y federalista3 .
Una obra de capital importancia en la historia del anarquismo es Nacionalismo y cultura, de Rudolf Rocker.  En ella, se realiza un repaso histórico de lo que ha sido la voluntad de poder de los seres humanos incluida la aparición del Estado moderno. La división de la sociedad en clases es condición necesaria para la existencia del poder, por lo que se produce alguna forma de esclavitud humana. El privilegio necesita de la separación de los seres humanos en castas, estamentos y clases, y la tradición confirmará esa necesidad de manera permanente. Desgraciadamente, tantos movimientos que se enfrentaron en origen a una clase dirigente, no tardaron demasiado en erigir una nueva casta privilegiada que ejecutara los nuevos planes. Desde la Antigüedad, como es el caso de la República de Platón, toda concepción del Estado se basa en la división de clases. Naturalmente, es necesario crear también las condiciones síquicas en el individuo para que aceptara ese rol que la sociedad le tiene asignado, por lo que se crearon toda suerte de engaños relacionados con el destino y la Providencia. Por supuesto, la idea de Estado va unida a la de unidad nacional, por lo que se fomentó la separación con el resto de los pueblos y una supuesta superioridad frente a todo extranjero. Hay que tener en cuenta esta concepción del poder como un órgano creador, que parte de Platón y Aristóteles, y que llega hasta nuestros días; su idea del Estado se basa en mistificaciones y hay siempre que recordar que necesita de una oligarquía, así como de súbditos y de esclavos4 .

El Estado no es para nada creador, más bien al contrario, se encuentra incluso subordinado a sus súbditos para poder subsistir. La creencia que se ha fomentado es que es el poder el que fomenta el proceso cultural, cuando hay que verlo más bien al revés, como un feroz obstáculo a todo desenvolvimiento cultural. En este sentido, hay que ver poder y cultura como conceptos antagónicos, la fuerza del primero es siempre a costa de la debilidad de la segunda. No es posible crear una cultura por decreto, ya que está originada y  desarrollada de manera espontánea, por las necesidades de los seres humanos y gracias a su cooperación social. (en este último subrayado, difiero un poco, creo que es precisamente a la creación de una cultura -deshumanizante, violenta, egoista, individualista, cruel, sumisa, apática, timorata e ignorante- que hemos estado asistiendo durante por lo menos los último 50 o 60 años, si no es que mucho más...Koan) Los Estados se sirven, precisamente, de los logros sociales para sus aspiraciones de dominio. Sin embargo, con sus intenciones uniformadoras, consiguen finalmente petrificar el proceso cultural. Se producirá una lucha interna en la sociedad, entre las pretensiones políticas y económicas de dominio de los privilegiados y las manifestaciones culturales del pueblo, dos fuerzas que llevan vías muy diferentes. La unidad solo será posible por la coacción externa y gracias al sometimiento de todo tipo, lo cual supondrá solo una aparente armonía5.

Toda forma cultural, si es auténticamente grande y no está obstaculizada por el poder político, lleva en su interior una permanente energía renovadora de su impulso creador, lo que podemos definir como un continuo intento de perfeccionarse. Muy al contrario, el poder es infecundo y destructor al tratar de constreñir mediante la ley todos los fenómenos de la vida social. La cultura es sinónimo de voluntad creadora, el ímpetu que existe en cada hombre de manifestarse y de realizarse, frente a un poder que no tolera más que aquello que le favorece. Es una permanente tensión entre dos tendencias contrapuestas, siendo una representante de la minoritaria clase privilegiada y otra de las exigencias de la comunidad, mediante la cual se constituye una nueva relación entre poder (Estado) y cultura (sociedad). Esa lucha entre dos fuerzas antagónicas tiene como resultado lo que entendemos como Derecho y Constitución, inclinándose hacia un lado o hacia otro según predomine en la sociedad, bien el poder, bien la cultura. Podemos distinguir entre derecho natural, propio de una comunidad de libres e iguales, y derecho positivo, desarrollada ya en una sociedad estructurada como Estado y reflejo del privilegio y la división de clases. Por lo tanto, las leyes pueden tener una doble fuente, los viejos hábitos y costumbres convertidos en fórmula, los derechos de las clases privilegiadas convertidos en carácter legal. Si en los antiguos regímenes despóticos esa dualidad no se mostraba con claridad, sí lo hace en el Estado moderno en el que la comunidad participa, más o menos, en la elaboración del derecho. Desgraciadamente, la lucha por el derecho se ha convertido casi siempre en la lucha por el poder, de tal manera que los revolucionarios de ayer se convierten en los reaccionarios de hoy. El mal no se encuentra en la forma de poder, sino en el poder mismo6 .

Rocker utiliza el término poder como sinónimo de dominio sociopolítico y propone un origen y desarrollo para el mismo. Sin embargo, el anarquismo contemporáneo admite que la existencia de poder es inherente a la sociedad y que lo rechazable es la tendencia a su concentración en pocas manos; tal fenómeno puede describirse como una delegación en el que los individuos y grupos sociales ceden su potestad para determinadas tareas y se origina así el poder político que llamamos Estado7 . El Estado es para el anarquismo un paradigma de estructuración jerárquica de la sociedad basado en la delegación antes mencionado o, dicho de otra forma, en la expropiación que efectúa una parte de la sociedad sobre la capacidad global de la comunidad para "definir modos de relación, normas, costumbres, códigos, instituciones, capacidad que hemos llamado simbólico-instituyente y que es lo propio, lo que define y constituye el nivel humano de integración social"8 . El principio de Estado incluye, como es lógico, la dominación junto a la obediencia, la estructura jerárquica antes mencionada; la filosofía política moderna contempla este principio de manera incuestionable, convirtiéndose en la teoría dominante, siendo la única excepción el anarquismo. El Estado moderno, entendido como unidad y como unificador de la totalidad del espacio político de la sociedad, adquiere su verdadera condición cuando no necesita recurrir a la fuerza para hacerse reconocer; así, el Estado no tiene ya una condición tiránica, sino que es una entidad abstracta basada en una racionalidad instrumental y encuadrada en la ley y el derecho. La perspectiva anarquista de Colombo nos propone que el Estado no es reducible al conjunto de sus aparatos (gobierno, Administración, ejército, policía, escuela…), sino que exige la asunción de ese paradigma de dominación y obediencia por parte del mundo social y político9. Entroncamos así con visiones del anarquismo clásico, como demuestran las palabras de Landauer: "El Estado es un condición, una cierta relación entre los seres humanos, un modo de comportamiento entre los hombres". Sin temor a generalizar, la visión anarquista contemporánea observa el Estado como una forma histórica concreta del poder político, al igual que también existieron otros paradigmas: la jefatura sin poder de algunas sociedades "primitivas", la ciudad griega o el imperio romano; la propuesta ácrata de una sociedad sin Estado, sin dominación política, es una conquista para el futuro.

Bookchin señalaba también lo preocupante de la omnipresencia del Estado, no tanto en el sentido totalitario, como aludiendo a un carácter típico de la condición humana que había adquirido en la actualidad10 . El Estado, junto a los modernos medios de información, el desarrollo tecnológico y la sociedad industrial, habrían acabado con el mundo social y político descentralizado, que al menos en el pasado habría convivido junto a la dominación política. La visión anarquista, apoyada en la sociología y en la sicología, también ha insistido en lo nocivo del Estado para las relaciones humanas; el poder político y la división entre clases conducirían a la enajenación y a la desconfianza con toda una atmósfera social en la que se alimenta el sexismo, el racismo y todo tipo de intolerancias. Así, entre las diversas consecuencias que genera la institución estatal, la visión ácrata distingue al menos seis: subyuga al conjunto de la sociedad; restringe, física y sociológicamente, la libertad de los individuos; expropia la potestad del grupo social; distorsiona la personalidad, tanto de dominadores como de dominados; mina la armonía en las relaciones humanas, y genera una cultura de dependencia11.

Notas:
1.- Ángel Cappelletti, La ideología anarquista (Ediciones en movimiento, Bogotá 2004).
2.- Ibídem.
3. René Furth, Formas y tendencias del anarquismo (Editorial Nordan-Comunidad, Montevideo 1970).
4.- Rudolf Rocker, Nacionalismo y cultura (Reconstruir)
5.- Ibídem.
6.- Ibídem.
7.- Ángel Cappelletti… op. cit.
8.- Eduardo Colombo, El espacio político de la anarquía (Editorial Nordan-Comunidad, Montevideo 2000).
9.- Ibídem.
10.- Murray Bookchin, Noam Chomsky, Herbert Read, Colin Ward, John P. Clark, Ángel J. Cappelletti, El anarquismo y los problemas contemporáneos (Ediciones Madre Tierra, Madrid 1992).
11.- J.W. Barchfield, Estatismo y revolución anarquista (Fundación Anselmo Lorenzo, Madrid 2003).


Capi Vidal
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El Estado y el anarquismo moderno

El Estado ha sido objeto de reflexión filosófica en la mayoría de los grandes pensadores de la historia de la humanidad. Con la llegada el anarquismo moderno, se producirá una crítica radical al poder político, que repasamos de forma somera en el pensamiento de algunos de los grandes pensadores ácratas.

aTal vez desde Platón, se ha intentado definir la esencia y la misión del Estado con respecto al individuo y a la sociedad. En la Antigüedad, la discusión sobre esta instancia política se refería a la mejor organización de la sociedad, ya que se trataba de un caso particular del problema más general de la justicia; en los escritos platónicos y aristotélicos se recogen los temas que ya habían puesto en circulación los sofistas, se habla del Estado como la mejor forma de articulación de los individuos y de las clases para realizar la justicia, dando a cada uno lo que de derecho le pertenece. Platón y Aristóteles se opusieron a algunos sofistas, los cuales consideraban que el Estado no se fundaba en la justicia, sino en el interés del más fuerte. En esos sofistas, podemos encontrar antecedentes de las teorías modernas del maquiavelismo, del contrato social o incluso del totalitarismo: el Estado se halla ligado básicamente al poder1 .
En la Antigua Grecia, se discutió ampliamente sobre la mejor "constitución política", es decir sobre los diferentes tipos de Estado (timocracia, oligarquía, democracia, aristocracia, tiranía...) y tanto Platón como Aristóteles trataron de hallar el fundamento de la legitimidad del poder en el Estado, en un tipo de constitución que estuviera igualmente distante de la anarquía y de la oligarquía. El gobierno de unos pocos no era necesariamente oligárquico, ya que no está fundado en los intereses particulares de una minoría sino en los del Estado (entendiendo éste como articulación en aras de la justicia)2 .
En la Edad Media, se estableció el conflicto entre la supremacía del Estado o de la Iglesia. El primero se entendería como una comunidad temporal e histórica y la segunda como una comunidad espiritual que se halla en la historia, pero que trasciende de ella. San Agustín y Santo Tomás de Aquino subordinaron el Estado a la Iglesia y lo entendieron bien como algo negativo bien como una comunidad temporal que debía ser guiada por la propia Iglesia. En el Renacimiento, habrá un cambio radical con una fuerte reacción contra el predominio de la Iglesia y se producirá la conformación de los Estados nacionales. Pensadores como Maquiavelo exigirán una separación total entre Estado e Iglesia. Se desprende así al Estado de su fundamento divino y se le inserta definitivamente en la temporalidad y en la historia. De esta manera, surgen las primeras concepciones sobre el Estado ideal, como Utopía de Moro o La Ciudad del Sol de Campanella, que recogen la tradición platónica al intentar diseñar una organización política donde sea posibles la paz y la justicia3 .Durante los siglos XVII y XVIII, nace y predomina la teoría contractualista, según la cual el Estado nace de un pacto entre los hombres, bien para evitar el aniquilamiento mutuo (Hobbes) bien como sometimiento a la voluntad general (Rousseau). Spinoza tendrá una teoría paralela, según la cual el Estado es una comunidad de hombres libres, un garante de la libertad. El Estado se va configurando como un equilibrio, tanto de los distintos grupos religiosos como de las clases. En la Ilustración, existirá la doctrina del "despotismo ilustrado", en la que el Estado es capaz de conducir a los hombres por el camino de la razón frente al oscurantismo y la superstición del pasado. La filosofía romántica que se desarrolla en Alemania al hilo de los nacionalismos y de las tradiciones tiende a identificar nación con Estado. Para Hegel, el Estado será el lugar donde el espíritu objetivo, vencida la oposición entre familia y sociedad civil, llegue a realizarse plenamente; es un precedente de lo que serán posteriormente los Estados totalitarios. El que rige el Estado debe ser, según la teoría romántica, el representante del "espíritu del pueblo" o "espíritu nacional", el que cumple los fines objetivos planteados por este espíritu4 .
El análisis anarquista empieza a finales del siglo XVIII con Godwin, el cual denuncia el contrato social que conduce a la autonomía de la instancia política y somete la razón individual a la razón de Estado. Puede decirse que el Estado, su resultante histórico, como conjunto o cuerpo institucional, posee las características de constituirse como unidad del espacio político, de identificarse con la ley y de expresarse por medio de la prohibición y de la sanción. Así, tal vez el Estado moderno comienza a existir cuando tiene la capacidad de hacerse reconocer sin necesidad de recurrir a la fuerza ni a su amenaza.

Proudhon, como primer pensador abiertamente anarquista, se mostrará muy beligerante con el Estado; aunque admite su necesidad en el pasado, el futuro solo puede suponer su extinción. El autor de ¿Qué es la propiedad?, en la línea de Saint-Simon considerará al Estado una entidad abstracta; solo la sociedad es un conjunto concreto de trabajo y producción, por lo que solo puede trabajarse por la disolución estatal. Max Weber dijo "El Estado es el monopolio legítimo de la fuerza", pero el ciudadano no ha legitimado tal cosa, por lo que se encuentra en su derecho al rechazarla5 .

En la misma línea, Bakunin considera el Estado una abstracción destructiva donde se inmola el individuo y la sociedad; como es sabido, el principio de la autoridad terrenal para Bakunin se origina en la autoridad metafísica, por lo que el Estado solo puede ser definido como el hermano menor de la Iglesia. Así, la fuerza vital de la sociedad queda anulada por el Estado; no importa la distinta naturaleza o legitimidad del Estado, incluso aquella que apela a su creación por la voluntad libre y consciente de los hombres, en todos los casos domina a la sociedad y tiende a absorberla por completo. El Estado es para Bakunin la negación de la libertad, incluso el democrático, ya que en ese caso es el pretexto de la voluntad colectiva la que oprime a cada individuo concreto6 .Está claro que el Estado, para la visión anarquista desde sus orígenes, supone la imposibilidad de que la sociedad se base en la cooperación entre iguales; se trata de una institución que trata siempre de someter a la sociedad bajo su tutela y arbitrio. Puede decirse que cuanto mayor poder tenga el Estado, menos tiene la sociedad y viceversa. Kropotkin considera que el Estado supone la más peligrosa concentración de poder en la sociedad y el mayor enemigo de las clases oprimidas; como es sabido, el autor de El apoyo mutuo se esforzó en poner ciencia y teoría al servicio de la praxis revolucionaria, por lo que no pudo dejar de analizar la génesis y el desarrollo de la institución estatal y merece la pena que nos detengamos en su visión. En una conferencia, pronunciada en 1897 y publicada dos años más tarde, como ampliación del prólogo realizado en 1892 para el folleto de Bakunin La Comuna y la noción de Estado, llamada El Estado. Su rol histórico, rechaza en primer lugar la identificación que tantos autores han realizado entre sociedad y Estado. Sin embargo, Kropotkin tampoco identifica necesariamente el Estado con el gobierno, ya que aquel supone, no solo la colocación de un poder por encima de la sociedad, también "una concentración territorial y una concentración de muchas funciones de la vida de las sociedades entre las manos de algunos (o hasta de todos)". Comprendido esto, se explica por qué Kropotkin gusta de aquellos modelos históricos (la polis griega, la comuna medieval..) en los cuales no estaba eliminado el poder, sino diluido y minimizado gracias a la Asamblea Popular; la existencia de una red de vínculos horizontales, por una parte, en una unidad territorial y la concertación de lazos federativos, por la otra. El paradigma del Estado procede para Kropotkin de la antigua Roma, ya que de ella procedía todo: la vida económica, el ejército, las relaciones judiciales, los magistrados, los gobernadores, los dioses... Todo el imperio reproducía en cada región la centralización procedente del Senado y, posteriormente, el poder omnipotente del César7 .
Puede decirse que para la concepción histórica de Kropotkin, la historia de la humanidad se divide en dos opciones: la imperialista o romana y la federalista o libertaria. Sin embargo, para comprender la naturaleza y evolución del Estado, es preciso abordar en primer lugar el gran problema del origen de la sociedad humana. Kropotkin no dejaba de reconocer que la teoría del contrato social había servido como importante arma para acabar con la monarquía de derecho divino; a pesar de ello, rechazó todo idea contractualista. Frente a todo estado humano previo a la sociedad, Kropotkin recoge la herencia aristotélica al considerar al hombre un "animal social" y a la sociedad humana como una realidad primaria, no como un derivado de una asociación basada en una supuesta asociación libre. El hombre, al igual que la mayoría de los animales, ha vivido siempre en sociedad, tal y como Kropotkin trata de demostrar en El apoyo mutuo; el desarrollo del intelecto se habría producido en las especies más sociables. El hombre no ha creado la sociedad, sino que nace ya en ella; el punto de partida de la sociedad sería el clan y la tribu en los primitivos, de los cuales se habría hecho un conveniente retrato de pueblos feroces y sanguinarios, pero el estudio de su vida comunitaria demuestra lo contrario. Kropotkin observa en aquellas sociedades primitivas una emergente moralidad tribal y una serie de instituciones; aunque existían directores y guías, tales como el hechicero o e el experto en las tradiciones de la tribu, tales cargos eran solo temporales y no permanentes, ya que habrían sido creados para una tarea muy concreta8 . Tal y como recogerán antropólogos posteriores a Kropotkin, así como los estudios contemporáneos de Pierre Clastres, en aquellas sociedades no existía alianza entre el hechicero y el jefe militar, por lo que no había entonces una forma de Estado9 .

Es en el siglo XVI, cuando los modernos bárbaros, los auténticos para Kropotkin, comienzan a destruir la civilización del medievo: sujetan al individuo eliminando sus libertades, le obligan a olvidar las uniones basadas en la libre iniciativa y en la libre inteligencia, y se ponen como objetivo nivelar la sociedad entera en una misma sumisión ante un dueño (Estado y/o Iglesia). Para Kropotkin, los modernos bárbaros son los que dan lugar al Estado: la triple alianza del jefe militar, el juez romano y el sacerdote. El inicio de la moderna nación/Estado está en la incapacidad de las ciudades libres para liberar a los campesinos del feudalismo, así como el fin de las pólis griegas tiene su origen en la persistencia de la esclavitud. En el siglo XII, los futuros reyes no eran más que jefes de pequeños grupos de bandoleros y vagabundos, los cuales se acabarían imponiendo con habilidad y usando la fuerza y el dinero; recibieron el apoyo de una Iglesia, siempre amante del poder. En el siglo XVI, y salvo algunas resistencias en las que Kropotkin sigue viendo la lucha de clases y el afán de una sociedad libre y comunista, el europeo que unos siglos antes era libre, federalista y no buscaba remedios en la autoridad se convierte en todo lo contrario bajo la doble influencia del legista romano y del canonista. Así nace la institución estatal para Kropotkin en oposición a la historiografía liberal y universitaria, la cual presenta el Estado moderno como una obra del espíritu unificadora de lo disperso y conciliadora de los antagonismos existentes en la sociedad medieval. Por el contrario, para Kropotkin, se acaba con una servidumbre para reconstituirla nuevamente bajo múltiples formas nuevas, así como se inaugura una igualdad que solo quiera la sumisión al Estado; en el siglo XVIII, al menos la mitad de las tierras comunales pasarán al clero y la nobleza para un siglo después consumarse la propiedad en manos privadas10 .

Como es sabido, Kropotkin y los anarquistas denunciarán que esta evolución estatista, así como la educación que preconiza, ha llevado a que incluso los que se denominan socialistas y revolucionarios vean en el proceso un progreso hacia la igualdad y la modernidad; todos los recursos de nuestra civilización, la ciencia y la sicología incluidas, se colocaron al lado de ese ideal centralizador y autoritario. Fiel a su criterio biológico y evolucionista, Kropotkin considera que el Estado se desarrolló gracias a la función que tuvo que desempeñar de aplastar toda comunidad de hombres libres e iguales, por lo que no puede esperarse nada diferente de él. En oposición a Marx, considera que el Estado no funciona mal porque esté gestionado por burgueses o capitalistas, sino que es lo que es por su génesis y desarrollo histórico, por lo que no puede ser nunca una palanca de emancipación social.
De una forma más pragmática y sencilla, Malatesta recordaba en primer lugar que la palabra Estado significaba para los anarquistas prácticamente lo mismo que gobierno: es lo que quiera expresarse cuando se habla de "…la abolición de toda organización política fundada en la autoridad y de la constitución de una sociedad de hombres libres e iguales, fundada sobre la armonía de los intereses y el concurso voluntario de todos, a fin de satisfacer las necesidades sociales". No obstante, Malatesta también señalaba, huyendo de todo tecnicismo filosófico y político, que tantas veces quería equipararse los términos de Estado y sociedad, cuando se aludía a una colectividad humana reunida en un territorio determinado; es por esto que los adversarios del anarquismo, confundiendo a propósito Estado y sociedad, consideran que los ácratas desean la ruptura con todo vínculo social11 .
Otra confusión estriba en cuando se entiende el Estado como la administración suprema de un país, es decir, un poder central distinto del provincial o del municipal, y se aboga por la descentralización territorial; en este caso, el principio gubernamental puede quedar intacto, por lo que no hablamos obviamente de una sociedad anarquista. De un modo mucho más genérico, como "estado", también es sinónimo de régimen social", Malatesta consideraba que era bueno era referirse mejor en el anarquismo a una sociedad sin gobierno, entendido éste como una élite de gobernantes; ésta, está constituida por  aquellos que poseen la facultad, en mayor o en menor medida, de servirse de la fuerza colectiva de la sociedad (física, intelectual o económica) para obligar a todo el mundo a hacer lo que favorece sus designios particulares. Así, expresado de un modo muy sencillo por Malatesta lo que se rechaza en el anarquismo es el principio de gobierno, que es lo mismo que el principio de autoridad.

Capi Vidal
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Notas:
1.- José Ferrater Mora, Diccionario de Filosofía (Alianza, Madrid 1980).
2.- Ibídem.
3.- Ibídem.
4.- Ibídem.
5.- Víctor García, El pensamiento de P. J. Proudhon (Editores Mexicanos Unidos, México D.F. 1981).
6.- Mijail A. Bakunin, Escritos de filosofía política (Ediciones Altaya, Madrid 1994).
7.- Piotr Kropotkin, El Estado y su papel histórico (Fundación Anselmo Lorenzo, Madrid 2001).
8.- Ibídem.
9.- Pierre Clastres, La sociedad contra el Estado (Virus, Barcelona 2010).
10.- Piotr Kropotkin, El Estado y su papel histórico… op. cit.
11.- Errico Malatesta, Escritos (Fundación Anselmo Lorenzo, Madrid 2000).

Neofascismo en las aulas I

Cabeza libroNota del autor: En mi experiencia de estudiante, cuando cursaba el nivel medio superior, escribí el siguiente texto para una docente de matemáticas del Colegio de Bachilleres 3, egresada de la carrera de ingeniería, de mentalidad hermética, adversa y ordinaria. Teniendo en cuenta que se negó a dialogar conmigo sobre su método de enseñanza, al considerar que no estaba a su nivel y que, además, ella sólo podía hablar con matemáticos e ingenieros, y que yo sólo era un estudiante mediocre de bachilleres. Pero, por otro lado, en un lapsus, dijo que yo ya tenía otra formación diferente a la de ella. Posteriormente, al saber de mi texto, se negó a recibirlo y me prohibió, sin saber de su contenido, que se lo leyera a mis compañeros. Semejante contradicción, entonces, anuló la posibilidad de establecer un diálogo constructivo y crítico entre ambos (Darío Cruz Jaramillo).

¿Por qué soy tan extraño y tan rebelde, enemistándome con los profesores y distanciándome de los otros jóvenes? Fíjate en los alumnos buenos y en los que no salen de su medianía, cómo ellos no encuentran cómicos a los profesores, no hacen versos y únicamente piensan en cosas en las que todo el mundo piensa y de las que se puede hablar en voz alta. ¡Cuán ordenados y cuán conformes con todo y con todos deben sentirse! Esto debe ser bueno… Pero, ¿qué me pasa a mí, y a dónde iré a parar con todo esto? — Thomas Mann, Tonio Kröger

La palabra fascismo designa un movimiento y doctrina política y social, creada por Benito Mussolini en Italia. Dicha doctrina, en esencia, anula la esfera personal de la vida, suprime las libertades individuales, rechaza la democracia, militariza el aparato estatal y la vida social, exalta el nacionalismo y propugna un belicismo esencial. Tiene como lema; “todo dentro del Estado, nada fuera del Estado, y nada en contra del Estado”.

Lo anterior, desde mi punto de vista, no es más que un reflejo caricaturesco de lo que sucede en el salón de clases, pues, el modelo educativo tradicional simboliza el Estado como un ente abstracto enajenado y enajenante. De modo que he reflexionado acerca del método de enseñanza, y de su arquetipo fascistoide que, desde luego, considero represivo e inhumano.

Comienzo mi texto enunciando la alienación de las relaciones interpersonales en el salón de clases, en las que no se es uno con los otros, en las que no se asume de algún modo la tarea más insoslayable e importante: la empresa de ser persona, y en las que uno solo no puede ser plenamente persona si los otros no son también; terreno infértil -por improductivo- donde no se establece ningún tipo de relación personal, debido a que no hay una relación estrecha desde el núcleo mismo de la existencia humana. Posteriormente, aludo a los síntomas modernos de la enajenación burocrática que, en algunos casos, suele eliminar la iniciativa y la expresión creativa en las aulas. Y, por último, abordo el conformismo y el temor a ser diferente, en esta nuestra época de masas alienadas en el trabajo, en el consumo y en la búsqueda de estatus.

No me imagino (y no quiero imaginar) el número de estudiantes que han sido instruidos en ese modelo educativo tradicional, en el que permea la ignorancia, la sumisión y los prejuicios. Modelo en el que el estudiante más bien debería ser una pieza clave de un sistema de vida democrático, fundado en el mejoramiento social y cultural de los estudiantes.

Modelo donde se tienda a desarrollar armónicamente las facultades del ser humano, se contribuya a regular la convivencia, el aprecio por la dignidad de la persona, el interés general que se debe dar a todos los estudiantes, y un lugar en el que exista la fraternidad e igualdad de derechos de toda la comunidad estudiantil. En cambio, el lugar común del modelo tradicional, es imponer un método de enseñanza despersonalizado al no considerar la personalidad, las preguntas y las necesidades de los educandos.

A continuación, si aceptáramos que no existe el yo sin el tú, que no existe más que con la existencia de los otros, de modo que los otros y yo, yo y los otros nos realizamos en la mutua relación al abrir nuestro yo, ¿cuándo soy yo? cuando otro me nombra, si nadie nos nombra no somos nada, de esta manera, al sustituir el “pienso luego soy” que enunciaba Descartes, por “soy nombrado, luego soy”, el método de enseñanza tradicionalmente rígido y represivo, no permite la interacción y la relación recíproca –necesaria- para que la persona, en este caso el estudiante, pueda ser él mismo.

Al estudiante, el modelo tradicional, no lo respeta como individuo, lo vuelve un ser aislado al controlarlo mediante la intimidación, el acallamiento, si éste decide ejercer el libre uso de la palabra. Tampoco se produce la emergencia del yo, porque no hay una correspondencia de aquello que no soy yo, es decir, de su yo absoluto que no permite la posición de igualdad, ya que el modelo demuestra hostilidad si un estudiante pide que se le aclare alguna duda.

Su yo grande de maestros contra nuestro yo pequeño de estudiantes, hace que con su comportamiento haga el aprendizaje difícil e imposible y, además, inhiba el salto a la imaginación. “Es normal que todos los que se sienten frustrados en su expresión emocional y sensual y también amenazados en su existencia misma, experimenten como reacción un sentimiento de hostilidad” (Fromm, 1999:105).

Bajo este modelo, es indudable que, en el salón de clases, no existe una relación afectiva e interpersonal con el estudiante, pues se da un trato de seres autómatas y de excesivo paternalismo o maternalismo, confundiendo el afecto con el control de la conciencia del estudiante como persona. Porque pienso que el afecto se demuestra con los actos, más que con las palabras.

De hecho, los maestros (as) que se conforman con el modelo en ningún momento superan la separatividad, es decir, no trascienden su propio método al no tener un encuentro con nosotros los estudiantes. Tal parece que la educación que conservan no ha influido en su acción ética. Recordemos lo que dicen los filósofos humanistas como Sartre, Foucault, Lévinas: que el ser del hombre sólo se halla y se realiza en la vida social.

Asimismo, las maestras (os) que se conforman al modelo educativo tradicional, no establecen una relación auténticamente humana. Más bien sus relaciones interpersonales son de apatía porque se enfrentan insensiblemente con los estudiantes; son de indiferencia porque éstos no les importan realmente, aunque se pretenda que sí. Al modelo sólo le preocupa que el estudiante no cumpla con el trabajo en clase, así también que no aprenda a la velocidad requerida por los cursos.

¿De qué manera va a aprehender el estudiante y asimilar el conocimiento, sin que se atragante, con lo que quizá aprenda, mediocremente, en un semestre? Los maestros (as) de semejante modelo educativo, se limitan a lo que establece la norma y su camisa de fuerza curricular, a lo que les corresponde no como guías del conocimiento que fomente la libertad de expresión, sino como autoridades absolutas e incuestionables.

En la película Pink Floyd The Wall [1] dirigida por el británico Alan Parker, basada en el álbum de Pink Floyd de 1979 The Wall, no hay intercambio afectivo en el salón de clases, sólo hay rigidez, nerviosismo y agresividad. Película en la que también se demuestra el autoritarismo a ultranza, la enajenación del cuerpo social burgués, ególatra, entre otros lugares cubiertos de simbolismo (como la figura del muro que significa la represión, la exclusión de la sociedad), la insuficiente potencia que tiene el hombre libre de adaptarse a un estado de masas enajenante, bajo un régimen político fascista y uniforme. Síntoma de un poder patológico hitleriano que lleva consigo destrucción, caos, nomadismo, barbarie y muerte a una cultura o a un individuo que defiende su libertad de elegir, en un campo de batalla donde las personas cada vez construyen menos su propia personalidad.

Yo, realmente, quiero ser tratado, supongo que también mis compañeros y compañeras, como “alguien”, no como “algo”, como persona que tiene dignidad al ejercerla para su propia realización y desarrollo humano. Me pregunto ¿qué tan masoquistas somos al no quejarnos y someternos a las querencias sádicas de los maestros y de las maestras, al renunciar a nuestra integridad para convertirnos simplemente en sus instrumentos? Bajo el modelo tradicional, los maestros (as) condicionan e inhiben el pensamiento crítico, el espíritu de lucha (esencial) para la vida del hombre y su sobrevivencia. El miedo es un arma poderosa para dominar a los débiles y a los oprimidos.

De modo que tal modelo educativo crea una relación simbiótica frommiana de dependencia con nosotros,  en la que dicho modelo depende de nosotros  y nosotros de él. Dice Erich Fromm que un ser dominado necesita que otro lo domine, que el amor maduro significa unión a condición de preservar la propia integridad, la propia individualidad, que sólo existe el acto de amar cuando implica cuidar, conocer, responder, afirmar, gozar de una persona, de un árbol, de una pintura o de una idea. Que significa dar vida y aumentar nuestra vitalidad. El modelo tradicional que aplican algunos maestros (as) se aleja de estos conceptos básicos en el salón de clases.

¿Acaso no están conscientes, quienes llevan a cabo el modelo, de la juventud con su irracionalidad, su espontaneidad de ocasión, su a veces ser todo emotividad que lo hace un mero cúmulo de instintos? ¿Acaso no saben de su manera de hablar, de acuerdo a su edad, y de su estrato social, económico y cultural al que pertenecen? No sé cuánto tiempo tenga dando clases los maestros (as) que aplican este modelo tradicional, pero creo que no se han percatado de los estímulos externos de los jóvenes en un ambiente de hostilidad y represión.

Por ejemplo, en mi experiencia de estudiante, recuerdo haber visto cómo, y más de una vez, uno que otro alumno hacía una señal obscena con la mano levantando el dedo medio cuando la maestra de matemáticas escribía en el pizarrón, y a pesar nuestro, con gis azul, porque decía que “así se ve más bonito”, sin importarle que la luz que atravesaba por la ventana se proyectara en lo que escribía, quedando parcialmente difuso el plano cartesiano y el Teorema de Pitágoras flotando en un banco de bruma.

Es cierto, algunos alumnos, si no es que la mayoría, sólo tienen como medio de defensa su dedo y un montón de palabras obscenas que, por supuesto, no dirigen abiertamente. Por esta razón, los maestros (as) no gozan la enseñanza con nosotros, y nosotros no gozamos el aprendizaje con ellos (as). “No dan vida, no aumentan nuestra vitalidad”.





Notas

[1] Alan Parker, Pink Floyd The Wall, 1982. Guión de Roger Waters; con Bob Geldof, Chirstine Hargreaves, Eleanor David, Alex McAvoy, Bob Hoskins, Michael Ensign.

Fuente:Regeneración

El maquis anarquista

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