Aquí no hay propiedades, hay unidad, hay solidaridad, hay humanismo, hay seres humanos intentando salir juntos de este fango que es el sistema que nos controla, atemoriza y confunde.
...
"Alimenta, Cuida y Ama a tu Hij@, para que el sistema pueda explotar su Cuerpo, embotar su Mente y destruir su Alma"
Koan
jueves, 23 de enero de 2014
Disruptores endocrinos y eugenesia multiespecies...incluyendo la humana.
miércoles, 22 de enero de 2014
Clases sociales y análisis social
El concepto de clase social es de vital importancia para el
estudio y compresión de la realidad capitalista. No dejan de
sorprender aquellos comentarios que argumentan, o bien, la inexistencia
de las clases sociales, o su invalidez analítica por ser elementos de
un contexto pasado ya no aplicable a la sociedad de nuestros tiempos.
Con este artículo pretendo argumentar todo lo contrario: que la
vigencia de la sociedad de clases sigue siendo evidente y palpable. No
obstante, este artículo no pretende ni profundizar en debates técnicos o
académicos [1], ni establecer una tipología
definitiva de clases. Me contento con señalar que las sociedades
capitalistas en las que vivimos están estratificadas, y que el avance hacia la revolución social pasa por ser conscientes de ello.
Lo primero que hay que resaltar es que el concepto de “clase social” es una mera herramienta analítica, y por lo tanto tiene una función heurística que ayuda a la persona que se embarca en el estudio social. Como tal herramienta, puede ser concebida de múltiples formas en función al marco teórico desde el que se trabaje. Tener en cuenta esto significa saber que no existe una única manera de aprehender lo que llamamos “estratificación social.”
Las sociedades (y más en la actualidad) están estratificadas de una manera u otra: siguiendo lógicas diferentes, basándose en conceptos clasificadores distintos, etcétera. En las sociedades capitalistas dicha estratificación sigue una lógica predominantemente económica al estar centrada (pero no exclusivamente) en la producción. Así pues, aunque nos empeñemos en negar la existencia de clases sociales, difícilmente podremos negar la existencia de dicha estratificación social: nos basta con dar un paseo por cualquier ciudad capitalista para ver los efectos materiales de dicha estratificación. De esta manera encontramos barrios pobres y barrios ricos; personas que tienen que trabajar 12 horas diarias para sobrevivir, y personas que se bastan con firmar unos papeles a la semana para vivir holgadamente; grupos que son discriminados por el color de su piel, y grupos que son privilegiados por su credo religioso. Las sociedades capitalistas en las que vivimos están estratificadas, y al estarlo, es útil para la persona que se embarca en el análisis social establecer unas categorías analíticas que permitan agrupar a personas con similares características.
Ya he dicho antes que existen múltiples formas de aproximarse a la estratificación de las sociedades capitalistas. Una de ellas, la iniciada por Karl Marx, es la que pienso es la más conveniente para un análisis realmente radical y revolucionario (por lo tanto, la más útil para les anarquistas).[2] La tipología de clases que promueve la teoría marxista es con frecuencia malinterpretada por anarquistas y marxistas de a pie (sobre todo las últimas). Para ello, tengamos en cuenta los siguientes puntos:
Sea como sea, si pienso que el análisis marxista es útil para la revolución social es porque es (seguramente) el único análisis exhaustivo que incluye una dimensión moral. Es decir, dentro de toda la complejidad que supone la estratificación social, hay personas que actúan de manera inmoral (explotando) y personas que sufren dicha explotación (explotades). Este tipo de análisis estructural nos permite, además, diferenciar de forma compleja el entramado de relaciones humanas que se dan dentro de la organización social de la producción.[4] Esto último nos permite discernir con mayor precisión las dinámicas que se institucionalizan y perpetúan las desigualdades sociales, económicas, y políticas.
Finalmente añadir que, si bien es cierto que el análisis marxista de clase es útil, nosotres les anarquistes le podemos dar una vuelta de tuerca más. Poco podemos añadir al análisis “objetivo” (con muchas comillas) de la estratificación social. No obstante es en el plano subjetivo y, sobre todo, en el análisis de las relaciones de autoridad y responsabilidad dentro de la organización productiva, donde la teoría anarquista puede avanzar el análisis social del capitalismo.
¿Y de qué nos sirve esto? Para algunes puede ser una mera forma de ganarse la vida en la academia; para otres puede ser una manera de pasar el tiempo. Pero estaríamos muy ciegues si no viéramos todo el potencial revolucionario que ofrece el “conocer a nuestres enemigues”.[5] Cuanto más sepamos sobre las complejas maneras en las que se desarrolla el capitalismo, más oportunidades tendremos de construir un mundo nuevo donde la raza humana pueda vivir con libertad.
[2] No seré la primera persona que se considera anarquista y que piensa, al mismo tiempo, que la economía política iniciada por Karl Marx (y desarrollada por un sinfín de marxistas, neomarxistas, y anarquistas) es el mejor intento de desentrañar el funcionamiento del capitalismo. Ojo, esto no significa que comulgar con los análisis económicos marxistas signifique también comulgar con las teorías políticas y organizativas que normalmente se asocian al marxismo.
[3] Las razones de esta percepción subjetiva que no concuerda con las posiciones estructurales de las personas en la organización social de la producción se debe a una miríada de factores que no entran en el contenido de este artículo. De forma somera, algunos de estos factores podrían ser: 1) la percepción de lo que es digno o no en sociedad, 2) la definición de “clase” únicamente en relación con el salario que se percibe, o 3) influencias sociales del entorno social (como familia, amigues, barrio en el que se vive, etcétera).
[4] Nótese además que siempre se habla de organización social de la producción, lo que recalca que el capitalismo es una invención humana y contingente históricamente hablando. Esto implica, como es obvio, que dicha organización es sustituible por otra mucho más justa.
[5] Y obviamente digo “enemigues” porque las distintas clases sociales tienen distintos intereses en esta vida.
La Colectividad - Regeneración Fuente: www.regeneracionlibertaria.org/clases-sociales-y-analisis-social
Lo primero que hay que resaltar es que el concepto de “clase social” es una mera herramienta analítica, y por lo tanto tiene una función heurística que ayuda a la persona que se embarca en el estudio social. Como tal herramienta, puede ser concebida de múltiples formas en función al marco teórico desde el que se trabaje. Tener en cuenta esto significa saber que no existe una única manera de aprehender lo que llamamos “estratificación social.”
Las sociedades (y más en la actualidad) están estratificadas de una manera u otra: siguiendo lógicas diferentes, basándose en conceptos clasificadores distintos, etcétera. En las sociedades capitalistas dicha estratificación sigue una lógica predominantemente económica al estar centrada (pero no exclusivamente) en la producción. Así pues, aunque nos empeñemos en negar la existencia de clases sociales, difícilmente podremos negar la existencia de dicha estratificación social: nos basta con dar un paseo por cualquier ciudad capitalista para ver los efectos materiales de dicha estratificación. De esta manera encontramos barrios pobres y barrios ricos; personas que tienen que trabajar 12 horas diarias para sobrevivir, y personas que se bastan con firmar unos papeles a la semana para vivir holgadamente; grupos que son discriminados por el color de su piel, y grupos que son privilegiados por su credo religioso. Las sociedades capitalistas en las que vivimos están estratificadas, y al estarlo, es útil para la persona que se embarca en el análisis social establecer unas categorías analíticas que permitan agrupar a personas con similares características.
Ya he dicho antes que existen múltiples formas de aproximarse a la estratificación de las sociedades capitalistas. Una de ellas, la iniciada por Karl Marx, es la que pienso es la más conveniente para un análisis realmente radical y revolucionario (por lo tanto, la más útil para les anarquistas).[2] La tipología de clases que promueve la teoría marxista es con frecuencia malinterpretada por anarquistas y marxistas de a pie (sobre todo las últimas). Para ello, tengamos en cuenta los siguientes puntos:
-
* Las clases sociales no son homogéneas internamente: existen
contradicciones y conflictos dentro de cada clase social. Un error
típico, por ejemplo, es pensar que el proletariado en su total conjunto
persigue los intereses de su clase. La contradicción resalta a la vista
cuando vemos la cantidad de personas consideradas como “trabajadoras”
que votan a partidos conservadores.
-
* Las clases sociales no son compartimentos estancos: otro error
típico es pensar que las clases sociales designan a personas de una
manera estática y hasta “natural.” De tal forma, se tiende a pensar que
si una persona nace en el barrio madrileño de Vallecas (por ejemplo) y
trabaja de peón en la construcción es, de forma automática, “clase
trabajadora” y por ello aúna las características conceptuales que se le
asignan a dicha clase.
-
* No solamente hay dos clases sociales (o tres si se quiere incluir a
la manida “clase media”): pensar la sociedad capitalista en términos
binarios (proletariado vs capitalistas), o con una triada (trabajadores,
clase media, y capitalistas), es a todas luces un análisis simplista
que reduce demasiado la complejidad de las dinámicas humanas que se dan
en el capitalismo.
Teniendo en cuenta estos tres puntos
estamos algo más preparades para desarrollar un análisis social mucho
más rico y exhaustivo. Los siguientes puntos, son a mi parecer, vitales
para realizar un análisis social más acertado:
-
* Las clases sociales son posiciones estructurales: una clase social
no es una categoría que define la “naturaleza” de un individuo ni su
condición existencial en sociedad. No se es de una clase social como se
es fan de un equipo de fútbol. Decir que una persona es “capitalista”
implica situar a dicha persona en el complejo entramado de relaciones
productivas que se dan dentro del capitalismo. Para ello imaginemos un
“mapa del capitalismo” en el que situamos a las personas según la
relación que tienen con la producción económica y el control de los
medios de producción y el trabajo del resto de personas.
-
* Si las clases sociales son posiciones estructurales, éstas están
dialécticamente relacionadas entre sí: es útil y necesario definir una
clase social en relación con el resto de posiciones estructurales dentro
de la organización social de la producción. La persona clasificada
como “proletaria” está relacionada con las personas clasificadas como
“capitalistas” en tanto que la primera: 1) no es propietaria de los
medios de producción, y 2) no dispone de autoridad en la organización de
la producción.
-
* Dado que las clases sociales son posiciones y relaciones
estructurales, podemos encontrar una enorme variedad dentro de cada
posición estructural: pensemos en la amplia categoría “clase
trabajadora” (aquella que no es propietaria de los medios de producción y
vende su fuerza de trabajo a otras personas). De esta manera
encontramos que la clase trabajadora se puede, asimismo, diferenciar
internamente en términos de: 1) nivel educativo y formación, y 2)
existencia de responsabilidades dentro de la organización de la
producción. Así podemos hablar de trabajadores no-cualificades,
trabajadores no-cualificades con niveles medios de responsabilidad (como
la persona encargada dentro de una cafetería pero que, no obstante, no
es dueña del establecimiento), trabajadores muy cualificades sin
responsabilidad directa sobre otres trabajadores, etcétera y más
etcétera.
-
*La clase social también se percibe de forma subjetiva: es muy útil
diferenciar entre “clase social objetiva” (aquella dada por la posición
real dentro de la organización social de la producción), y “clase
social subjetiva” (aquella que las personas piensan que son). Mirando a
las diversas encuestas sociales de las que disponemos, observamos que
mucha gente se auto-denomina como “clase media” a pesar de estar
posicionada en los niveles más bajos de la jerarquía productiva. De la
misma manera, gente “más privilegiada” (como profesionales con estudios
universitarios y puestos de trabajo que incluyen responsabilidad sobre
el trabajo de otras personas) se auto-clasifican como “clase
trabajadora.”[3]
Sea como sea, si pienso que el análisis marxista es útil para la revolución social es porque es (seguramente) el único análisis exhaustivo que incluye una dimensión moral. Es decir, dentro de toda la complejidad que supone la estratificación social, hay personas que actúan de manera inmoral (explotando) y personas que sufren dicha explotación (explotades). Este tipo de análisis estructural nos permite, además, diferenciar de forma compleja el entramado de relaciones humanas que se dan dentro de la organización social de la producción.[4] Esto último nos permite discernir con mayor precisión las dinámicas que se institucionalizan y perpetúan las desigualdades sociales, económicas, y políticas.
Finalmente añadir que, si bien es cierto que el análisis marxista de clase es útil, nosotres les anarquistes le podemos dar una vuelta de tuerca más. Poco podemos añadir al análisis “objetivo” (con muchas comillas) de la estratificación social. No obstante es en el plano subjetivo y, sobre todo, en el análisis de las relaciones de autoridad y responsabilidad dentro de la organización productiva, donde la teoría anarquista puede avanzar el análisis social del capitalismo.
¿Y de qué nos sirve esto? Para algunes puede ser una mera forma de ganarse la vida en la academia; para otres puede ser una manera de pasar el tiempo. Pero estaríamos muy ciegues si no viéramos todo el potencial revolucionario que ofrece el “conocer a nuestres enemigues”.[5] Cuanto más sepamos sobre las complejas maneras en las que se desarrolla el capitalismo, más oportunidades tendremos de construir un mundo nuevo donde la raza humana pueda vivir con libertad.
Notas
[1] Para un análisis en profundidad de las distintas maneras en las que se puede estudiar la sociedad de clase se puede leer a Erik Olin Wright.[2] No seré la primera persona que se considera anarquista y que piensa, al mismo tiempo, que la economía política iniciada por Karl Marx (y desarrollada por un sinfín de marxistas, neomarxistas, y anarquistas) es el mejor intento de desentrañar el funcionamiento del capitalismo. Ojo, esto no significa que comulgar con los análisis económicos marxistas signifique también comulgar con las teorías políticas y organizativas que normalmente se asocian al marxismo.
[3] Las razones de esta percepción subjetiva que no concuerda con las posiciones estructurales de las personas en la organización social de la producción se debe a una miríada de factores que no entran en el contenido de este artículo. De forma somera, algunos de estos factores podrían ser: 1) la percepción de lo que es digno o no en sociedad, 2) la definición de “clase” únicamente en relación con el salario que se percibe, o 3) influencias sociales del entorno social (como familia, amigues, barrio en el que se vive, etcétera).
[4] Nótese además que siempre se habla de organización social de la producción, lo que recalca que el capitalismo es una invención humana y contingente históricamente hablando. Esto implica, como es obvio, que dicha organización es sustituible por otra mucho más justa.
[5] Y obviamente digo “enemigues” porque las distintas clases sociales tienen distintos intereses en esta vida.
La Colectividad - Regeneración Fuente: www.regeneracionlibertaria.org/clases-sociales-y-analisis-social
El fracaso de la humanidad
El fracaso del conjunto de la civilización y del hombre a lo largo
de la historia de la humanidad, y más concretamente durante este último
siglo se lo debemos a un sistema impuesto y a la vez consentido y
aceptado por una inmensa mayoría de la sociedad, en la que sus miembros
han asumido su rol formado, moldeado y finalmente adjudicado por una
autoridad sometida a una élite de poder que establece los fines
concretos en los que se desarrollará el hombre en el conjunto de la
sociedad, y en los que dictará en cada momento las normas de conducta y
la forma de vida de la totalidad de sus integrantes, los fines
concretos son: la cultura, la educación, el
entretenimiento, el trabajo, la política, etc etc, lo que llamaremos
propaganda. Estos factores básicamente son los que moldean carácter del
individuo y la predisposición a adaptarse al sistema será la
conformación total de su personalidad. La alienación del hombre moderno
se debe a una predisposición “inconsciente” (debido generalmente a la
propaganda) a la aceptación de un sistema corrupto. La alienación
también genera sufrimiento, un sufrimiento que no se puede detener al
tener una dependencia en dicho sistema, pero éste es a la vez tolerado y
aceptado para la supervivencia del mismo sujeto al quedar atrapado por
él, en la que las vías de escape suele ser el entretenimiento y la
tecnología entre otros instrumentos (de los que se sirve la élite de
poder) como formas de evasión.
El análisis de la psicología humana es fundamental para saber hasta que punto el pensamiento en el hombre se va corrompiendo en las diversas etapas de su existencia. Podremos observar que el tiempo de permanencia del hombre en un sistema corrupto va deteriorando cada vez más sus facultades analíticas, se anula el análisis objetivo y éste es convertido en asimilación del sistema por medio de la propaganda y su posterior análisis subjetivo, con lo cual, la transformación del pensamiento del sujeto debido a la asimilación de dicho sistema acaba por corromper las bases lógicas de entendimiento y sentido común de la inteligencia.
Si entendemos que la propaganda es una forma de pensamiento concreta que es implementada desde el exterior para fines de diversa índole, significa que el poder que confiere el uso de la propaganda sobre el hombre, lo transforma en otro distinto, un ser dependiente que es sometido y controlado bajo el mando de una autoridad que le dicta en mayor o menor medida los pasos que debe dar a lo largo de su vida.
http://matapuces.blogspot.com.es/
El fracaso de la humanidad también se lo debemos al no haber
utilizado la inteligencia, que lo podríamos definir como sentido común,
sin apenas intervención del pensamiento. Inteligencia significa saber
escoger. Debemos entender que no hemos sabido escoger el sistema en el
que tenemos que interactuar y desarrollarnos como personas humanas.
Aquí tendríamos que hacer un punto y aparte, la inteligencia no
debería estar siempre asociada con la autoridad que otorga el
conocimiento la información, o el pensamiento y la experiencia que
tiene el hombre.
Otro factor de la frustración del hombre moderno es la consecuencia
del complejo de inferioridad que tiene de él mismo. Este
acomplejamiento principalmente se debe al estar integrado en una
sociedad jerárquíca y netamente capitalista, en la que la inmensa
mayoría busca el ascenso y la posesión y acumulación de bienes y
capital como única forma de dar sentido a su existencia.
Faltaría aclarar si el fenómeno de la propaganda es decisivo y
determina totalmente la manipulación psicológica y posterior control de
la conducta del hombre y el conjunto de la sociedad, o si también
existen factores internos de la estructura psicológica del hombre que
ayudan y son decisivos para la posterior integración a un sistema
corrupto.
¿Por qué hay una tendencia del hombre a integrarse y asimilar un sistema corrupto?El análisis de la psicología humana es fundamental para saber hasta que punto el pensamiento en el hombre se va corrompiendo en las diversas etapas de su existencia. Podremos observar que el tiempo de permanencia del hombre en un sistema corrupto va deteriorando cada vez más sus facultades analíticas, se anula el análisis objetivo y éste es convertido en asimilación del sistema por medio de la propaganda y su posterior análisis subjetivo, con lo cual, la transformación del pensamiento del sujeto debido a la asimilación de dicho sistema acaba por corromper las bases lógicas de entendimiento y sentido común de la inteligencia.
Si entendemos que la propaganda es una forma de pensamiento concreta que es implementada desde el exterior para fines de diversa índole, significa que el poder que confiere el uso de la propaganda sobre el hombre, lo transforma en otro distinto, un ser dependiente que es sometido y controlado bajo el mando de una autoridad que le dicta en mayor o menor medida los pasos que debe dar a lo largo de su vida.
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sábado, 18 de enero de 2014
Saber para dominar vs saber para Resistir - Pedro García Olivo
El anarquismo no es un delito, participación de Cruz Negra Anarquista México
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